Carrera a Kuelap 32 - Hierbas curativas
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32 - Hierbas curativas

Narras la amenaza inminente, las señales que la precedieron y la necesidad apremiante de actuar antes de que el peligro se materialice.

El curandero, un hombre de sabiduría ancestral y ojos que parecen haber visto siglos, te escucha, la serenidad en su rostro contrastando con tu agitación.

Él niega con la cabeza, comprendiendo la gravedad de la situación que describes.

Un semblante de preocupación sutil, pero profundo, cruza sus facciones marcadas por el tiempo.

Él reconoce la sombra que se acerca y la importancia de tu intervención.

Sin dudarlo, se dirige a una bolsa rústica, repleta de vasijas de cerámica, hojas secas y raíces.

Con movimientos precisos y rituales que parecen cargar el peso de milenios de conocimiento, selecciona un pequeño puñado de hierbas de colores vibrantes y olores terrosos.

Las aplasta con un mortero de piedra pulida, mezclándolas con un líquido espeso y aromático guardado en un frasco de calabaza.

Te extiende el pequeño envoltorio hecho con una hoja ancha y el frasco con el bálsamo, los ojos fijos en los tuyos.

– K'irunakam qullasipxañapataki ukat q'aymam juch'usayapxañapataki.

Lup'iñasata manq'apxam, thakhi sarjañamasti taqi ch'amamsa sayt'asisamsa wajayasiñapa.

(Curarán tus heridas y aliviarán tu cansancio.

Comelas con sabiduría, pues el camino que debes seguir exigirá toda tu fuerza y resistencia.) – , susurra, con voz grave y reconfortante.

Añade una mirada de aliento: Sarjam, Apu thakhims irpanma. (Ve, y que Apu guíe tus pasos.)

El curandero asiente con la cabeza. Te sientes listo, agradeces y te alejas, sintiendo la protección y el peso de tu responsabilidad.

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