Carlos V. Trilogía Completa 14. Demasiado lejos del poder
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14. Demasiado lejos del poder

Demasiado lejos del poder

Ese era su destino, el que trataba de gobernar como si se tratase de la propia Estambul y desde la ventana de su cámara, lo observaba todo.

Detrás de él, Mehidevran, su madre, orgullosa como un águila herida, observaba a su hijo con una mezcla de ternura y desesperanza.

—Cada vez más lejos de donde te correspondería estar. Tendrías que estar junto a tu padre, preparando la expansión del imperio… tu futuro imperio, hacia el este en Persia. Pero no, te ha dejado de mirar a ti. Este… destino tan lejano, es un movimiento del tablero.

—Del tablero del Sultán —dijo Mustafá sin emoción —. Son sus ordenes y las respeto.

—No, del tablero de Roxelana —corrigió ella.

—Otra vez ella — dijo cansado Mustafá.

—Escúchame, Mustafá —empezó a decir la madre en voz baja—.

No te hablo como madre, sino como quien ha visto morir a demasiados que creyeron en la piedad de los poderosos.

Tu hermano Mehmed es un instrumento. Su madre no lo ama: lo usa.

Y mientras viva, su nombre será la justificación de todas las intrigas contra ti.

A veces —dijo— la amenaza no se combate con ejércitos, sino con silencios.

—No entiendo.

—Lo entenderás.

Hubo un largo silencio.

Ella lo sostuvo con la mirada, como si esperara que él comprendiera lo que no podía decir en voz alta.

Y Mustafá lo comprendió.

Demasiado bien.

Apartó la vista y caminó hacia la ventana. Afuera, las luces de Amasya titilaban como brasas en la distancia.

—Madre… —dijo al fin—. No me pidas eso.

—Te pido que sobrevivas.

—¿Matando a mi hermano?

—Protegiendo tu nombre. Es distinto. Y no, tu no tendrás que matar a nadie, en Manisa aún tienes súbditos que te son fieles hasta la muerte. Deja que yo me encargue de todo.

—No…. No puedo permitirlo. ¡Eso es traición!

La lámpara parpadeó entre ellos.

Ella se incorporó, con el porte que un día había hecho temblar al propio Solimán.

—En esta dinastía, hijo mío, el amor es un lujo que se paga con la vida. Tu padre lo aprendió tarde. No hagas tú lo mismo.

Esa noche, Mustafá no durmió. Rezó en silencio, luego caminó hasta los muros de la fortaleza.

La luna iluminaba las montañas, y el viento del norte traía el olor del agua.

Pensó en Mehmed: el niño de sonrisa fácil, de manos delicadas, el que le seguía por los patios de Topkapi cuando ambos eran pequeños.

Pensó en su padre, Solimán el Magnífico, al que aún veneraba pese a la distancia y al hielo que Roxelana había interpuesto entre ambos.

Y pensó en su madre, esa mujer que lo amaba con una fiereza que ya no era amor, sino instinto de supervivencia.

Notas

12. ↩ Río situado al norte de la actual Turquía.