Carlos V. Trilogía Completa 59. Hacia una nueva cruzada
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59. Hacia una nueva cruzada

Hacia una nueva cruzada

Solimán el magnífico, la sombra de Alá en la tierra aguardaba en el salón del trono junto a sus dos hijos Mehmed de diecisiete años y Selim de catorce, que trataban de aprender todo lo que pudieran de su padre como futuros gobernadores.

Solimán llevaba un tiempo deambulando en el mundo, como si parte de su alegría se hubiera esfumado, el único consuelo que encontraba era en los brazos de su sultana.

Todos sabían en el palacio que el Gran Sultán había tornado más frío y distante desde que ordenase la ejecución del Gran Visir, Ibrahim Pasha.

Oculta entre las columnas, Roxelana observaba satisfecha, respiraba tranquila por ver con esos mismos ojos verdes que habían enamorado al Gran Sultán que sus hijos iban afianzando su futuro junto a su padre, sobretodo después de haber enviado lejos a Mehidevran y a su hijo Mustafá, el único que podría hacer sombra a su descendencia a la hora de ascender en el trono.

También se sentía segura por haber eliminado a Ibrahim Pasha, el principal apoyo de Mustafá: tal vez no fuesen sus manos las que sostuvieron la soga que acabó con la vida del Gran Visir, pero fueron su cuerpo, sus palabras cálidas y sus artes amatorias sobre Solimán, las que ordenaron la ejecución.

Cualquier obstáculo era arrancado como la mala hierba, eso todos en el harén y en el imperio lo sabían y era por ello que nadie ponía en cuestión la posición de la sultana.

Al salón del trono también había accedido HIzir Barbarroja junto a Hassan, su hombre de mayor confianza.

En sus conciencias aun pesaba la derrota que el emperador cristiano les había infringido en Túnez, no obstante, parecía que Solimán no le daba mayor importancia, de hecho, se alegraba por seguir contando con el temido corsario.

El Gran Sultán paseaba por el gran salón junto a ellos como iguales, un paso atrás, como dos jenízaros escoltando a su padre, iban Selim y Mehmed. Soliman pensaba y manifestaba sus reflexiones en voz alta:

—Nuestra alianza con el rey francés queda por el momento en suspenso…

por el momento. Sé que ese rey de España, ahora que tiene las manos liberadas tiene pensado iniciar una guerra santa contra nosotros y muchos hermanos musulmanes morirán ¡ Por Alá que la vida de un solo musulmán vale más que mil fortalezas cristianas!

Bien, debemos anticiparnos a lo infieles y castigarles por tierra y mar antes de que se movilicen. No debemos darles respiro.

—La flota siempre está preparada para recibir tu orden Gran Sultán.

Solimán se detuvo y se volvió ante Barbarroja.

El pirata pudo ver en la mirada del Gran Sultán una fiereza nunca vista, incluso a él, que tanto había visto y qur tantas atrocidades había cometido, se le encogió el corazón.

El pirata se preguntó si con aquella misma mirada fue como ordenó la ejecución del mejor de sus generales.

—¡Bien! — Solimán expulsó finalmente sus palabras —. ¡Que corra la sangre de los infieles!