Carlos V. Trilogía Completa 29. El sueño de todo hombre #2
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29. El sueño de todo hombre #2

Andrea Doria le extendió la mano invitando a sentarse, como lo haría un buen anfitrión.

El marqués de Vasto aceptó la invitación aún desconcertada y se sentó frente a Andrea Doria.

La hospitalidad que mostraba su captor se acentuó cuando este se dirigió al joven que se encontraba también en el camarote.

—Piero, sírvele una copa de vino a nuestro invitado.

— Mientras el joven vertía el líquido en el recipiente Doria continuó hablando: el marqués de Vasto hizo un esfuerzo para beber solo un pequeño sorbo para así no mostrar debilidad ante su captor —.

He oído muchas historias sobre vuestro primo que en paz descanse.

Piero dejó de verter el líquido en la copa de Andrea Doria.

El jefe de los mercenarios hizo un ademán con la mano para que todos saliesen de la habitación.

Los hombres obedecieron dejando solos al anfitrión y a su invitado.

El silencio no sé prolongó demasiado ya que Doria no tardó en hacer uso de la palabra: —Un hombre admirado por sus aliados y por sus enemigos, vuestro primo, debía ser alguien extraordinario.

Es una lástima que ya no esté en el mundo de los vivos, lo siento de verdad. Son… son palabras sinceras.

—Gracias.

—Brindad conmigo en su honor. — Doria alzó su copa y Alfonso de Dávalos le imitó.

—Por el gran marqués de Pescara — Tras las palabras de Alfonso de Dávalos, los dos dieron un gran trago que se deslizó cálido en sus gargantas.

—Como sabéis sois mi prisionero — dijo Doria dejando su copa sobre la mesa. Pero mi “cliente” está empeñado en vos y os reclama

—¿Cliente?

—Sí… ese… el rey de Francia, él es quien paga por mis servicios. Bien, lo cierto es que ese rey tiene una especial fijación por vos. Antes de entregaros a él, quería saber por qué.

—Seguramente sea por lo que pasó cerca de Milán hace ya más de dos años.

— Alfonso de Dávalos sonrió al recordar a su primo y un brillo acudió a sus ojos al venirle a la mente sus muestras de honor y lealtad—.

Vuestro “cliente” le ofreció ni más ni menos que ser rey de Nápoles a cambio de traicionar al emperador Carlos.

—¿Y dijo que no?

—Doy fe, yo mismo fui testigo.

— A Francisco de Valois aún le debe escocer la negativa.

No le sienta bien que le digan que no. —Andrea Doria empezó a reír con fuerza —.

Vuestro primo debió ser un hombre demasiado leal, de esos que no abundan…

o un loco. Me pregunto por qué no aceptó tan generosa propuesta. Muy bien os debe tratar vuestro señor.

—Ignoro si otro señor nos trataría mejor. Si no aceptó fue por lealtad, por honor y porque dio su palabra — dijo Dávalos con seguridad, sintiéndose cada vez más cómodo frente a una leyenda de los mares como era Andrea Doria.

—Perdonadme, pero yo solo le guardo fidelidad al oro y la plata y no creo ser el único.

Todos tenemos un precio — respondió Doria mostrándose igual de cómodo en la conversación.

—Con el debido respeto, pienso que estáis errado, incluso vos tenéis algo que ni todo el oro del mundo puede comprar.

— Dávalos le dio otro trago a su copa —.

Habéis dicho que Francisco de Valois me reclama como su prisionero ¿Por qué no me habéis entregado?

—Yo no he dicho que no vaya a hacerlo — confesó Doria marcando su ceño.

—Pero tal vez lo reconsideréis si sabéis responderme correctamente a esta pregunta.

El marqués de Vasto guardó silencio. Doria le contemplaba con los ojos tan abiertos que iluminaban su barba, esperando a que la pregunta fuese formulada

—Decidme ¿Por qué lucháis? ¿Por qué vivís?

No me respondáis aún, sé que me diréis que lo hacéis por dinero.

Pero creedme, hay algo más. Mi primo lo hacía por volver a ver con la cabeza alta a su esposa Vittoria, yo lo hago por preservar su memoria y ser digno de llevar su misma sangre en mis venas, pero ¿Y vos? ¿Qué es lo que más paz os da ?

—Génova — respondió Doria entornando los ojos y sin pensar —. Sueño con una república libre de las ataduras de Francia o de cualquier otro reino. Dávalos se recostó en el respaldo de su silla y suspiró, preparándose para dar la última puntada a esa conversación.

—¿Creéis que Génova vale menos que toda la plata y el oro con la que ese rey os pueda colmar?

Yo creo que no ¿Y después de tantos años de servicio no habéis alcanzado vuestro sueño?

Vaya… es curioso. El rey de Francia no os concede lo que tanto ansiáis, pero en cambio a mi primo, le ofreció una corona en Nápoles a las primeras de cambio.

Si lo pensáis bien, puede que no estéis sirviendo al “cliente” correcto.

Andrea Doria negó con la cabeza como si se sacudiera para despejar los nubarrones que acudían a su consciencia. Acto seguido se levantó y Dávalos hizo lo propio.

—Es… es suficiente por hoy — dijo Doria mientras acompañaba al prisionero a la puerta de su camarote para salir a cubierta y encontrarse a sus hombres —. Alimentadle bien, a él y al resto de prisioneros.

Doria se metió de nuevo en su camarote y Dávalos fue conducido a la bodega, sin saber si iba a ser entregado al rey de Francia.

Lo que tampoco sabía el marqués de Vasto es que había plantado la duda en la mente del viejo Doria, haciendo así el mejor servicio que ningún otro hombre con miles de muertes a sus espaldas habría hecho para el emperador.

Notas

18. ↩ Cabo situado al noroeste de la isla de Cerdeña. Su nombre, Oso en italiano, es debido a un singular saliente que tiene la forma de un oso.