26. Castilla no puede esperar #2
— No estaré solo Enrique. Me llevaré conmigo a Federico.
Desde que tengo memoria siempre ha estado a mi lado.
También Leonor me acompañará. Entre otros asuntos toca afianzar su compromiso con el príncipe portugués.
Espero que sea del agrado de mi hermana.
— Carlos hizo una pausa para con semblante preocupado, reflexionar en voz alta —.
Últimamente está algo rara. Parece que el viaje a Castilla no le entusiasma.
Eso es algo extraño en ella, siempre ha querido ver mundo.
— Se sentirá afortunada como el resto de vuestras hermanas.
Además, las alianzas son importantes. Sin ir más lejos el barco, el Engelen con el que zarpareis a Castilla, ha sido facilitado por Christian II de Dinamarca, el consorte de vuestra hermana Isabel.
Estrechar lazos con otros reinos está por encima de los gustos personales de vuestra hermana, la princesa de Leonor.
Carlos asintió, estaba de acuerdo con las palabras del señor de Nassau. Tal vez le estuviera dando una importancia excesiva al comportamiento de Leonor.
Carlos desconocía que a menos de un kilómetro del embarcadero donde se encontraba en una habitación alejada de ojos indiscretos, su hermana estaba teniendo un encuentro fugaz con Federico de Baviera, su amante.
Cada segundo era un tesoro y un grano en un pequeño reloj de arena.
Leonor sabía que era un imposible lo que ansiaba, pero era ese amor sincero y pasional lo que dibujaba en ella una sonrisa día tras día.
No necesitaban desnudarse para dejar sus almas expuestas, ni tocarse para hacer arder su pecho, ya que bastaban las miradas cruzadas en los jardines o cuando se cruzaban en pasillos o galerías.
Pero el hambre crecía y los besos fugaces saciaban cada vez en menor medida.
Uno de esos encuentros fortuitos a solas desencadenó la unión de sus labios al pensar que nadie observaba.
— Esto no me basta. Cada vez cuesta más resistirme a no lanzarme a tu boca. Ya me da igual que miren . — Leonor hablaba con un hilo de voz.
— Ten paciencia amor. Ten paciencia. Dame tiempo. Espera a que esté a solas en el oratorio con tu hermano.
— ¿Para qué? — Leonor volvía a buscar sus labios con su mirada.
— Le pediré casarme contigo.
Leonor y Federico se fundieron en un abrazo, de nuevo era difícil separarse.
Se trataba de luchar contra la naturaleza y dividir dos cuerpos que se fundían, al final siempre quedaría algo de ella en él y algo de él en ella.
Tras hacer un ejercicio de voluntad se separaron, como tantas veces lo habían hecho antes.
Y de nuevo cada uno retomó su camino, pero esta vez no se percataron de los ojos de la doncella que habían sido testigos del fugaz momento y una boca que tan apresuradamente como le permitieran sus piernas, se dirigirá a los oídos de el señor de Chièvres.
El principal consejero del nuevo rey de Castilla se encontraba manteniendo una reunión con un noble venido de Castilla, Francisco de los Cobos.
Lo hacían al resguardo del calor que ofrecía un hogar, en una estancia aislada.
Chièvres tenía la mente en otro lado mientras aquel castellano le hablaba.
Suponía que Carlos estaba cumpliendo el cometido de informar de su próximo destino al señor de Nassau, siguiendo la sugerencia que él mismo le había lanzado unos días atrás.
Chièvres no lo hacía para mejorar la posición de Enrique, sino más bien para quitarse un incordio de encima que pudiera mermar su influencia sobre Carlos.
Tras dibujar una sonrisa en sus labios, imaginando que todo iba según lo planeado, volvió a la conversación con Francisco de los Cobos.
— Así que habéis venido hasta aquí, para ofreceros a servir al nuevo rey de Castilla.
— Chièvres entrelazaba sus largos dedos mientras hablaba —.
Bien, debéis saber que si me servís a mí, serviréis al mismo rey.
Yo dispongo honores y mercedes, puestos de importancia en este nuevo reinado ¿Qué os parecería ser secretario de nuestro señor Carlos?
— Sería un honor… — respondió de los Cobos.
— Lo único que os pediré a cambio es lealtad y que me sirváis sin reservas si algún día preciso acudir a vos. Serme leal a mí...
— Es serle leal al rey. — de los Cobos se adelantó a las palabras de Chièvres.
— Veo que nos estamos entendiendo
La reunión se vio interrumpida por la doncella que irrumpió en la estancia y que sin decir nada más se acercó a Chièvres para susurrarle.
Cuando el consejero escuchó aquel secreto inaudible para de los Cobos y sabiendo de su frágil posición tras la perdida de confianza del emperador y que podría perjudicar su influencia sobre Carlos, sonreiría para sí y callaba.
Carlos estaba depositando su confianza en otros hombres, como el señor de Nassau o justamente Federico de Baviera ¿Cómo le sentaría al joven rey esa traición?
Seguro que le amargaría y se replantearía el orden de aquellos a los que tenía como leales.
Pero ya habría ocasión para usar dicha información, en el momento apropiado.
Tras idear el escenario perfecto para plasmar la tragedia.