CAPÍTULO 18
Una propuesta sin contrato
La primavera volvió a Barcelona con la misma luz dorada que Marti recordaba de aquel Sant Jordi que había cambiado su vida sin que ella lo supiera en el momento, y con ella llegó también el aniversario, casi exacto, de aquel encuentro accidental que había desatado toda la historia.
Bruno, que llevaba semanas actuando de forma sospechosamente misteriosa —desapareciendo los sábados por la tarde con la excusa de «reuniones de trabajo» que Marti sabía, por experiencia propia con las mentiras piadosas, que no sonaban del todo convincentes—, la citó una tarde de abril en la misma plaza donde todo había comenzado.
—¿Otra vez el banco de los bocadillos? —preguntó Marti, al llegar y encontrarlo esperándola bajo el mismo ficus centenario—. Empiezo a pensar que tienes una fijación extraña con este lugar.
—Es nuestro lugar, Marti. Aquí nos conocimos, aquí nos hicieron la foto que lo empezó todo, aquí te dije por primera vez que te quería de verdad. Me parecía el sitio adecuado para lo que quiero hacer hoy.
—¿Qué quieres hacer hoy?
Bruno se agachó entonces, no para recoger una rosa caída como aquel primer día de Sant Jordi, sino para sacar de su bolsillo una pequeña caja de terciopelo azul que hizo que a Marti se le acelerara el corazón de una forma que ningún castell, ningún correfoc, había conseguido provocar antes.
—Martina Solà, la mujer que me arruinó la camisa el día más importante de mi vida sin saberlo, la que discute conmigo sobre tipografías como si fuera una cuestión de honor nacional, la que consiguió que mi abuela le enseñara sus secretos de hojaldre y que toda mi familia la quisiera como si hubiera nacido en ella.
Llevamos casi un año sin contratos, sin mentiras, sin ninguna cláusula de salida acordada de antemano.
Y he pensado que ya iba siendo hora de proponerte algo con la máxima seriedad posible, sin ningún artículo que puedas usar para escaparte esta vez.
—Bruno...
—¿Quieres casarte conmigo, Marti? Sin contrato de por medio.
O bueno, con un contrato, supongo, porque técnicamente el matrimonio es un contrato legal, pero ya me entiendes.
Sin condiciones de salida, sin fecha de caducidad, sin ningún artículo que hable de parar esto en cuanto sintamos algo real, porque ya lo sentimos, y quiero que dure toda la vida.
Marti se llevó las manos a la boca, con lágrimas que empezaron a rodar sin control por sus mejillas, ajena por completo a la pequeña multitud de curiosos que empezaba a congregarse alrededor, atraída por la escena, con más de un móvil grabando el momento para sus propias redes sociales, en una repetición irónica y deliciosa de aquel primer incidente que los había unido.
—Sí —dijo ella, finalmente, con la voz quebrada por la emoción—. Sí quiero, Bruno. Sin contrato, sin condiciones, para siempre.
Bruno le colocó el anillo con manos temblorosas, y cuando finalmente se puso de pie para besarla, la plaza entera estalló en aplausos espontáneos, como si Barcelona misma hubiera decidido celebrar, una vez más, que el amor de verdad siempre encuentra la manera de abrirse paso incluso a través de las mentiras más absurdas y las horchatas peor derramadas.
—¿Sabes qué es lo más gracioso de todo esto?
—dijo Marti, todavía riendo entre lágrimas, mientras Bruno la abrazaba con fuerza—.
Que si Fermentia no me hubiera rechazado aquel día con tres emojis horribles, yo no habría estado tan hundida como para necesitar consolarme en la feria de Sant Jordi, y nunca te habría conocido.
—Entonces tenemos que estar eternamente agradecidos a esos tres emojis, por muy crueles que fueran.
—Le voy a mandar una tarjeta de agradecimiento a Fermentia el día de la boda. Con muchos emojis, para que sepan lo que se siente.
—Eso sería la venganza perfecta.
—O el final perfecto. Depende de cómo se mire.
Se besaron de nuevo, bajo el mismo ficus centenario que había sido testigo silencioso de todo el camino recorrido desde aquel primer encuentro accidental, mientras la tarde de abril se teñía del mismo dorado suave que Marti recordaba de aquel Sant Jordi que, sin saberlo entonces, había sido el primer capítulo de la historia de amor más real e inesperada de toda su vida.