Capricornio encara a Escorpio Capítulo 11 #2
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Capítulo 11 #2

Carl los miró de reojo a los dos y cambió de postura, un tanto incómodo en la extraña atmósfera que parecía envolverlos. Ambos parecían tener los ojos fijos en él, pero quizá lo que intentaban era mirarse entre ellos y Carl era un obstáculo en todo el medio.

Antes de que pudiera apartarse, Sage se inclinó sobre el mostrador y le puso una mano en el hombro.

—Es una idea brillante, así que tú serás el juez supremo. Vosotros dos —dijo a su primo y a Grayson—, añadid colorante al glaseado, llenad las mangas pasteleras y haced tres diseños cada uno. El que gane será el que lleve en el evento. —Señaló los cupcakes detrás de ella—. Practicaremos con estos.

—Mucha práctica me parece —murmuró Carl.

Sage sonrió.

—Las madres voluntarias y los profesores «practicarán» hoy en el té de media mañana. Comiéndoselos, quiero decir. Así que venga, cada uno a lo suyo y manos a la obra. —Se rio—. A ver cuál de los dos es mejor pastelero.

—¿También se te da bien? —le preguntó Carl a Poppy.

Poppy le dedicó una sonrisilla.

—Vengo de una familia de pasteleros. Crecí glaseando. —Le lanzó a Grayson una mirada de desafío—. Soy un maestro.

Grayson se subió las mangas hasta el codo y le lanzó a Poppy un delantal, una redecilla y un par de guantes; Poppy los atrapó contra el pecho con una carcajada.

Mientras los chicos añadían colorante al glaseado, Sage rodeó el mostrador y se puso junto a Carl, sin parar de hablar por teléfono; enumeraba listas de ingredientes y recordatorios de cosas por hacer. Cuando se dio cuenta de cómo la miraba, le enseñó la pantalla llena de notas.

—Función de dictado. Ahorra tiempo y erratas.

Carl jugueteó con la aplicación del móvil, dictando cosas y observando maravillado cómo las palabras aparecían en la pantalla.

—Es… casi mágico —dijo, antes de echar un vistazo a la lista de Sage—. Un momento… ¿Tienes que entregar los cupcakes a la misma hora que tu cita con el médico?

Ella hizo una mueca y le arrebató el teléfono.

—Se me olvidó ponerme un recordatorio —le dijo, de repente con los hombros caídos y sin pizca del entusiasmo que la había embargado instantes antes—. Soy tonta. Quería asistir a la reunión de hoy y demostrar que pueden contar conmigo para el evento. Pero no puedo perder la cita con el médico.

Carl notó una punzada en el pecho; pura empatía.

Ahí estaba la pobre Sage, esforzándose al máximo y siendo supercapaz —porque lo era— solo para que las brujas tuvieran la satisfacción de ver que fallaba en su propósito, tal y como ellas habían esperado.

Y la mera idea le molestaba muchísimo. Le despertaba la misma sensación fea que el «tío sin futuro» que seguía teniendo grabado en la cabeza.

Golpeó el mostrador con el puño, haciendo saltar los cupcakes rosas y azules.

—¿Cuánto dura la cita? ¿Dónde es?

—Quince minutos. Siempre va puntual, además, y está aquí al lado. Llegaría solo veinte minutos tarde, pero esas madres…

—¿Y si te ayudo?

—¿Lo harías? ¿Cómo?

—A ver, se supone que al llegar, lo primero que tendrías que hacer es llevar los cupcakes a la cocina del cole, colocarlos y esas cosas. Yo me encargo de eso; y de entretener a las madres para que no empiecen la reunión hasta y veinte.

—Pero se preguntarán por qué no soy yo la que está en la cocina.

—Pues diré que has ido un momento al baño, o que has tenido que ir un segundo al coche a por otra bandeja… Incluso podría… —Carl se inclinó y le susurró al oído lo que se le acababa de ocurrir sobre la marcha.

Sage soltó una carcajada.

—Estás de broma. ¿Harías eso?

—¿Por qué no?

—Eres una de las mejores personas que he conocido. ¿De verdad harías algo así? ¿Por mí?

Verla así de feliz hizo que Carl tuviera aún más ganas de poner en marcha el plan.

—¿Trato hecho, entonces?

—Cuando acabemos aquí, podemos pasar por mi casa y prepararlo todo.

Carl miró hacia la cocina, donde Poppy y Grayson se enfrentaban el uno al otro en lados opuestos de la mesa y apretaban las mangas pasteleras como si fueran armas. La tensión era tan densa que ni un cuchillo afilado podría cortarla.

—Si quieres, podemos ir ya.

Sage se rio, señalando a los pasteleros con un movimiento de cabeza.

—Están dándolo todo, ¿eh? ¿No te gusta?

Carl se frotó la mandíbula.

—No entiendo la necesidad de flexionar esos bíceps ridículamente tonificados que tienen. Que están decorando cupcakes, por el amor de Dios.

Poppy sopló un poco del azúcar glas que tenía en el brazo y lo mandó volando en una pequeña nube hacia ellos.

Grayson lo miró con ojos entrecerrados, observando el numerito con intensidad.

¿Tenía que prestarle tanta atención? Una tonta oleada de celos recorrió a Carl de pies a cabeza haciéndolo estremecer, aunque era consciente de que no debería importarle.

Al final tuvo que darse un pellizco en el muslo para dejar de mirarlo. ¡No, a Grayson no! ¡Para dejar de mirar los cupcakes!

Sage soltó una risita y dijo:

—Me da que Poppy va a ganar.

Poppy les dedicó una sonrisa de medio lado y les guiñó un ojo.

—¿Ganar qué? —La voz llena de curiosidad de Leo sobresaltó a Carl, que se movió para dejar que el crío se colara entre ellos—. Buah, mamá, no tienes ni idea. Va a ganar Grayson de calle.

—Eres mi niño favorito por algo, Leo —dijo Grayson. Y sus ojos oscuros se posaron en Carl.