Capricornio encara a Escorpio Capítulo 8 #4
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Capítulo 8 #4

No dudó en tirar de él y abrazarlo. Y lo sostuvo así, agarrándolo fuerte, tan fuerte como Grayson lo había abrazado a él dos noches atrás.

Él no se resistió; se dejó sostener, su cuerpo temblando mientras luchaba contra el sollozo que amenazaba con salir.

Carl le acarició la espalda con movimientos circulares y siguió haciéndolo, una y otra vez, incluso cuando las respiraciones antes agitadas de Grayson se calmaron y acabaron siendo suaves caricias contra el cuello de Carl.

Grayson se separó de él y se irguió, tratando de recomponerse, de parecer sereno. Pero no lo logró del todo. A primera vista, su cuerpo era lo que mostraba, control, pero los ojos eran el espejo al alma, y los de Grayson tenían el cristal hecho añicos.

—¿Quieres que… te dé espacio? —preguntó Carl en voz baja.

Grayson negó con la cabeza y, cuando habló, la voz se le quebró.

—Siéntate conmigo un rato.

Eso hicieron, se sentaron al pie de un árbol y miraron hacia el otro, hacia el tronco rugoso contra el que descansaba el ramo de flores.

—Solía traerme aquí cuando era pequeño, era su lugar favorito.

Carl se tensó. ¿Grayson aceptaba su oferta de abrirse a él, de desahogarse? Sintió algo aleteando en su interior, tragó saliva y murmuró:

—¿Subíais hasta aquí arriba?

—Era un niño con mucha energía. La cuesta ayudaba a cansarme un poco.

—Sabia mujer.

—Lo era. Hubo un tiempo en el que estuvimos muy unidos.

Carl se giró hacia él, hacia la caricia de su suspiro, y sintió como uno propio se le formaba en el pecho.

—Luego crecí. Me mudé. Conocí a alguien…

Mi madre solía pedirme que viniera a visitarla, pero apenas lo hacía.

Un día me llamó para que la ayudara con un nido de avispas que tenía en el jardín trasero.

No me apetecía hacer un viaje tan largo y le ofrecí pagar a alguien para que se encargara.

Pero se negó. Intentó quitarlo ella misma y se cayó de la escalera.

—El rostro de Grayson se contrajo, trató de contener un sollozo y la voz le salió ronca—: Murió antes de que me diera tiempo a llegar al hospital.

Carl lo rodeó con un brazo y Grayson dejó caer la cabeza sobre su hombro; tenía la respiración entrecortada.

—Me pidió ayuda y yo no estuve ahí para ella.

—Fue un accidente —susurró Carl.

—Aún seguiría viva si yo hubiera venido.

A Carl le picaba la garganta, y negó con la cabeza aunque Grayson no pudiera verlo.

—No fue tu culpa.

¿Ese era el motivo por el que Grayson aceptaba todos y cada uno de los encargos, incluso los más raros, que los vecinos le pedían?

¿Era su penitencia por no haber ayudado a su madre?

¿Lo hacía con la esperanza de que su ayuda pudiera salvar a otros en el futuro, como había salvado a Carl de caerse aquella noche?

¿Era por eso que Grayson trabajaba tantísimas horas al día? ¿Para mantenerse ocupado y no sentirse tan culpable?

—No fue tu culpa —repitió.

Grayson tragó saliva.

—Sam intentó consolarme, ayudarme; pero no me sentía merecedor de ese amor.

Decidí romper con él y volver aquí, y el corazón no me ha funcionado bien desde entonces.

La gente sigue ofreciéndome el suyo, y no soy inmune al subidón que esa atención conlleva, pero soy…

alérgico a aceptarla. Así que no me queda más remedio que rechazarla, romperles el corazón con sonrisas tontas, bromas o con alguna pullita sobre tener un fándom.

Pobre hombre. ¿Durante cuánto tiempo se iba a torturar? Carl movió la mano sin apenas darse cuenta, la llevó al pecho de Grayson y le dio un toquecito sobre su corazón fracturado.

—¿No crees que tu madre se pondría triste si te viera así?

Grayson cambió de postura y se sentó más erguido.

—¿No te parece que estaría contenta al verme ayudar a quienes lo necesitan? ¿Que se alegraría de que esté ahí para sus amigos y vecinos?

—Si yo tuviera un hijo y lo viera así desde… arriba, lloraría.

—¿Por qué?

—Porque lo mejor de la vida es amar y ser amado. Y como madre o padre, querría lo mejor para mis hijos. Así que si tu madre viera que no puedes amar, que no te dejas querer… ¿No crees que eso la destrozaría?

Grayson apoyó la cabeza en el tronco y tragó con tanta fuerza que se le notó en la nuez.

—¿Crees que me he equivocado al elegir este camino?

—¿Quién soy yo para opinar? Me he ido de casa, huyendo —Carl se levantó y se sacudió los pantalones—.

Seguir adelante con un corazón roto… no es un camino fácil.

—Miró el perfil de Grayson y le tendió la mano—.

Pero, dado que ambos vamos por ese mismo camino, ¿qué te parece si por ahora lo recorremos juntos?

Grayson se quedó mirando la mano de Carl durante unos segundos; vaciló antes de tomarla y dejarse levantar. Con las manos de ambos entrelazadas, lo miró, la duda evidente en los ojos.

—¿Y puedo saber qué implica eso?

Carl tiró de él y lo acercó más a su cuerpo.

—¿Tienes miedo de que te bese?

—Sí.

A Carl se le escapó una risita.

—Si alguna vez, Dios no lo quiera, ves que estoy loquito de amor por ti, te permito que me des un capón y listo.

—Mis golpes van al corazón, no son físicos.

—Vale, vale. Yo mismo me daré de leches hasta entrar en razón. Ahora, vamos, tenemos algo importante que hacer.

—¿Qué?

—Pintarnos las uñas de los pies.