CAPÍTULO 17 — LA PERSECUCIÓN NOCTURNA
La noche que siguió al escape sigiloso de la cala donde habían burlado a Duarte tras encontrar el mapa estelar descifrado, el Estrella del Sur navegaba a través de aguas abiertas rumbo al punto exacto calculado por Elena. Sin embargo, la sensación de seguridad duró poco.
—¡Capitán! —La voz de Mateo, quien para entonces todavía trabajaba para Duarte pero cuyo relato posterior revelaría los detalles de aquella noche, no estaba presente en el Estrella del Sur; era Tomás quien, desde su puesto de vigía, dio la alarma—. ¡Luces detrás de nosotros! ¡Se acercan rápido!
Luca corrió hacia la popa, donde efectivamente distinguió las luces inconfundibles del yate Codicia, cortando la distancia entre ambas embarcaciones con una velocidad que la robusta pero más lenta goleta no podía igualar.
—Debió descubrir que la cueva estaba vacía antes de lo que esperábamos —masculló Elena, uniéndose rápidamente en cubierta.
—¡Todas las velas, ahora! —ordenó Luca—. ¡Necesitamos cada pizca de viento que podamos aprovechar!
La tripulación se movilizó con la eficiencia que solo meses de trabajo conjunto pueden producir, izando cada vela disponible mientras Elena calculaba febrilmente rutas alternativas que pudieran aprovechar corrientes favorables o zonas de aguas poco profundas donde el yate más grande de Duarte tendría dificultades para seguirlos.
—¡Hacia el noreste, Capitán! —gritó finalmente—. Hay un banco de arena submarino que nuestro barco puede cruzar con cuidado, pero que probablemente dañaría el casco más profundo del Codicia.
—¡Confío en tus cálculos, Elena! ¡Vamos!
Luca giró el timón bruscamente, dirigiendo el Estrella del Sur hacia la ruta indicada mientras, detrás de ellos, el yate de Duarte reducía peligrosamente la distancia.
A través de su catalejo, Luca pudo distinguir brevemente la figura de Duarte en la proa de su embarcación, gritando órdenes a su tripulación con evidente frustración.
—¡Se están acercando demasiado! —gritó Nico desde su posición junto a las velas.
—¡Sostengan el rumbo! —respondió Luca, con los brazos tensos por el esfuerzo de mantener el timón firme mientras maniobraban a través de aguas cada vez más traicioneras.
El Codicia, ignorando aparentemente las advertencias que su propia tripulación probablemente le hacía sobre la peligrosa ruta que Luca había elegido, continuó la persecución directamente sobre el banco de arena submarino.
El resultado fue casi inmediato: un sonido sordo y prolongado, seguido de gritos de alarma desde el yate, mientras este se detenía abruptamente, su casco atrapado en la arena poco profunda.
—¡Lo logramos! —exclamó Nico, con una mezcla de alivio y triunfo en la voz.
Luca, sin embargo, no aflojó el ritmo, manteniendo el rumbo alejado del yate varado durante casi una hora más, hasta que las luces del Codicia se convirtieron en apenas un punto distante en el horizonte, inmóvil sobre el banco de arena que lo había atrapado.
—¿Estarán bien? —preguntó Nico, con genuina preocupación a pesar de todo lo que Duarte representaba.
—Un banco de arena no es peligroso en sí mismo, especialmente con la marea que subirá en unas horas —explicó Elena, revisando sus cartas de navegación—. Probablemente lograrán liberarse cuando suba la marea, aunque perderán tiempo valioso.
—Tiempo que nosotros aprovecharemos —añadió Tomás, con satisfacción evidente.
Esa noche, tras asegurarse de que ya no había señales de persecución, la tripulación finalmente pudo relajarse lo suficiente para compartir una cena tardía, aunque Luca insistió en mantener guardias reducidas durante el resto de la noche, por precaución.
—Buen trabajo, todos —dijo, alzando su taza de café en un pequeño brindis improvisado—. Especialmente tú, Elena. Sin tus cálculos, esa persecución podría haber terminado muy diferente.
—Trabajo en equipo, Capitán —respondió ella, aunque no pudo evitar sonreír ante el reconocimiento—. Como siempre.
Mientras el Estrella del Sur continuaba su travesía bajo un cielo ahora despejado y estrellado, ninguno de la tripulación podía saber con certeza cuánto tiempo les tomaría a Duarte y su equipo liberar el yate varado, ni qué tan determinado estaría el cazador de tesoros para continuar la persecución una vez que lo lograran.
Pero por el momento, al menos, habían ganado una valiosa ventaja en la carrera hacia la verdad que ambos bandos perseguían por razones tan diametralmente opuestas.