CAPÍTULO 15 — TRAMPA EN LOS ARRECIFES
Mientras Elena trabajaba incansablemente en descifrar el mapa estelar grabado en las cuevas de la Isla de la Sirena, Luca decidió que el resto de la tripulación no debía permanecer ociosa.
Con las provisiones frescas agotándose rápidamente, organizó una expedición de pesca hacia los arrecifes de coral que rodeaban la costa sur de la isla, llevando consigo a Nico y a Tomás.
—Estos arrecifes son traicioneros, Capitán —advirtió Tomás mientras remaban el pequeño bote entre las formaciones de coral que se elevaban como catedrales submarinas bajo la superficie cristalina—. Un descuido, y podríamos quedar varados sobre las rocas.
—Por eso vamos con cuidado —respondió Luca, escaneando el agua en busca de un canal seguro entre los arrecifes.
Nico, inclinado sobre el borde del bote, observaba fascinado la vida submarina que se desplegaba bajo ellos: peces de colores imposibles, anémonas ondulantes, y ocasionalmente, la sombra veloz de algún depredador más grande merodeando en las profundidades.
—¡Miren eso! —exclamó de pronto, señalando hacia una formación rocosa particular que sobresalía del resto—. Parece… parece tallada.
Luca dirigió el bote hacia la formación indicada, y al acercarse, confirmaron las sospechas de Nico: entre el coral natural, había claramente restos de una estructura artificial, probablemente parte de las defensas costeras que los antiguos habitantes de la isla habían construido siglos atrás para proteger algo valioso.
—Otra pista —murmuró Tomás, intercambiando una mirada con Luca—. Este lugar está lleno de secretos.
Decidieron investigar más de cerca, y Nico, siempre el más entusiasta con el equipo de buceo, se ofreció voluntario para explorar la estructura sumergida. Con precaución, se deslizó al agua, siguiendo la formación rocosa hacia abajo, donde descubrió una pequeña cavidad oculta entre el coral.
Desde la superficie, Luca y Tomás observaban con atención, listos para actuar ante cualquier señal de peligro. Fue Tomás quien primero notó el problema.
—Capitán, la corriente está cambiando. Y mira esas nubes en el horizonte.
Efectivamente, lo que había comenzado como una tarde despejada se transformaba rápidamente en un cielo cada vez más amenazante, mientras la corriente marina, antes tranquila, comenzaba a arremolinarse con una fuerza inusual alrededor de los arrecifes.
—¡Nico! —gritó Luca hacia el agua—. ¡Es momento de subir!
Pero justo cuando el muchacho emergía, sosteniendo triunfante un pequeño objeto metálico que había encontrado en la cavidad, una ráfaga repentina de corriente lo empujó directamente hacia una sección particularmente afilada del arrecife.
—¡Nico, cuidado! —gritó Tomás, lanzándose inmediatamente hacia el agua para ayudarlo.
El muchacho, luchando contra la corriente inesperada, logró desviarse en el último momento, evitando el coral cortante por apenas unos centímetros, aunque no sin llevarse un raspón considerable en el brazo izquierdo en el proceso.
Tomás lo alcanzó rápidamente, ayudándolo a nadar de vuelta hacia el bote mientras Luca luchaba por mantener la pequeña embarcación estable en medio de la corriente cada vez más agitada.
—¡Estoy bien, estoy bien! —insistió Nico una vez a bordo, aunque su rostro pálido sugería lo contrario—. Solo es un rasguño.
Luca examinó rápidamente la herida mientras remaban con urgencia de vuelta hacia aguas más seguras, alejándose de los traicioneros arrecifes justo cuando la tormenta repentina comenzaba a descargar su primera lluvia.
—No es profundo —confirmó Luca, aliviado—. Pero necesitará limpieza y vendaje apropiado en cuanto lleguemos al barco.
Una vez de vuelta en el Estrella del Sur, mientras Paco atendía la herida de Nico con la experiencia de quien había tratado incontables heridas menores durante años de navegación, Nico finalmente mostró el objeto que había recuperado de la cavidad submarina: una pequeña placa de bronce, cubierta de inscripciones parcialmente erosionadas por el tiempo y el agua salada.
—Elena, ¿puedes descifrar esto? —preguntó Luca, entregándole cuidadosamente la placa.
Elena, interrumpiendo brevemente su trabajo con el mapa estelar, examinó la placa con atención profesional.
—Esto es extraordinario, Capitán. Parece ser una especie de advertencia, o quizás una confirmación.
—Tradujo lentamente, combinando su conocimiento de idiomas antiguos con el contexto que ya habían reunido—: “Quien llegue hasta aquí con las manos limpias de codicia, que sepa que va por el camino correcto. Los arrecifes protegen tanto como advierten.”
—Otra prueba superada, entonces —dijo Tomás, revolviendo el cabello de Nico con orgullo paternal, ahora seco tras el incidente—. Aunque casi a un costo demasiado alto.
—Fue mi decisión bajar, Tomás —protestó Nico, aunque agradecido por la preocupación—. Y encontramos algo importante gracias a eso.
—El valor y la imprudencia a veces caminan muy cerca el uno del otro, muchacho —dijo Luca con firmeza, aunque su expresión reflejaba más alivio que reproche—. Aprenderemos a distinguirlos mejor la próxima vez, todos juntos.
Aquella noche, mientras la tormenta pasajera azotaba suavemente el exterior protegido de la bahía donde habían anclado, la tripulación completa se reunió alrededor de la pequeña placa de bronce, conscientes de que cada pista encontrada los acercaba más a la verdad que perseguían, pero también de que cada paso adelante parecía requerir un sacrificio, por pequeño que fuera, como recordatorio constante de la seriedad de su misión.