Capitan Luca CAPÍTULO 14 — LA ISLA DE LA SIRENA
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CAPÍTULO 14 — LA ISLA DE LA SIRENA

Dos días después, tal como Elena había calculado, el Estrella del Sur llegó a las aguas que rodeaban la Isla de la Sirena. A diferencia de la oscura Isla del Cuervo, esta isla se presentaba exuberante y verde, con playas de arena blanca y aguas de un turquesa tan brillante que parecía irreal.

—Es hermosa —dijo Nico, asomado a la borda—. No parece un lugar peligroso.

—Las apariencias engañan, muchacho —advirtió Tomás—. Recuerda lo que decía el cuaderno de Simón.

Anclaron en una bahía protegida, y esta vez toda la tripulación desembarcó, decididos a no dejar el barco desatendido tras el encuentro con Duarte. Paco se quedó a bordo con instrucciones estrictas de hacer sonar la campana del barco ante cualquier señal de peligro.

Siguiendo las indicaciones del cuaderno de Simón, se adentraron en la isla en busca de una formación rocosa descrita como “el canto de la sirena”: una serie de cuevas costeras donde, según la leyenda local, el viento producía sonidos parecidos a un canto cuando soplaba en cierta dirección.

Encontraron las cuevas hacia el mediodía, ocultas tras una cortina de vegetación en el extremo norte de la isla. El sonido, efectivamente, era hipnótico: un murmullo bajo y melódico que parecía brotar de las profundidades de la roca.

—Escalofriante —murmuró Elena, aunque no pudo evitar una sonrisa de fascinación—. Es simplemente el viento pasando por los túneles internos de la roca. Pura física, no magia.

—Explícaselo a los marineros que hace trescientos años juraron haber escuchado el canto de una sirena de verdad —bromeó Tomás, aunque su voz sonaba menos segura de lo que pretendía.

Adentrarse en las cuevas requirió antorchas y mucha cautela.

Las paredes rocosas, húmedas y resbaladizas, se estrechaban en algunos puntos hasta apenas permitir el paso de una persona a la vez.

Luca iba al frente, con el cuaderno de Simón en una mano y la antorcha en la otra, buscando cualquier marca o símbolo que coincidiera con las pistas.

—Aquí —dijo finalmente, deteniéndose ante una pared donde el mismo símbolo del ancla cruzada con la llave estaba grabado, esta vez rodeado de lo que parecían ser estrellas talladas en la piedra.

Elena estudió el grabado con atención.

—Esto no es solo un símbolo decorativo, Capitán. Es un mapa estelar. Mira, estas posiciones coinciden con constelaciones específicas.

—¿Puedes descifrarlo?

Elena sacó su cuaderno de notas y comenzó a copiar cuidadosamente la disposición de las estrellas grabadas, comparándolas mentalmente con sus conocimientos de navegación astronómica.

—Necesitaré tiempo, Capitán. Pero creo que esto nos indica una fecha y una hora específicas. Tal vez el momento exacto en que debemos estar en cierto lugar para que algo se revele.

Mientras Elena trabajaba, Nico exploraba una sección lateral de la cueva, atraído por un débil resplandor que se filtraba entre las rocas.

—¡Capitán, miren esto!

Al final de un estrecho pasadizo, encontraron una pequeña cámara natural iluminada por una abertura en el techo que dejaba pasar la luz del sol.

En el centro de la cámara, sobre un pedestal de roca natural, descansaba una segunda llave de metal oscuro, muy similar a la que aparecía grabada en los símbolos.

—La segunda llave —susurró Luca, acercándose con reverencia—. Tal como decía la nota en el cofre.

Justo cuando extendía la mano para tomarla, un sonido de pasos resonó desde la entrada de la cueva. Todos se congelaron, y Tomás, instintivamente, se colocó entre la entrada y el resto del grupo.

—¿Nico? ¿Paco? —llamó una voz, y para alivio de todos, era simplemente Paco, jadeante por la carrera.

—Capitán… el barco de Duarte… está anclado al otro lado de la isla. Vi sus luces desde cubierta. Vienen hacia acá.

Luca miró la llave sobre el pedestal, y luego a su tripulación.

—Tenemos que actuar rápido. Elena, ¿cuánto tiempo necesitas para descifrar ese mapa estelar?

—Con estas condiciones… al menos una noche más.

—Entonces la tendremos. —Luca tomó la llave con determinación—. Pero debemos escondernos bien esta noche. Si Duarte encuentra este lugar antes que nosotros terminemos de descifrar el siguiente paso, todo lo que hemos avanzado no habrá servido de nada.

La tripulación abandonó la cueva con sigilo, decidida a proteger el secreto que habían descubierto, mientras en algún punto de la isla, las luces del yate Codicia se acercaban lentamente entre la creciente oscuridad del atardecer.