Capítulo 14 #2
—Hemos intentado acercarnos —explicó el elfo—, pero a unos centímetros de esa piedra —dijo señalando una roca grisácea erosionada por el paso del tiempo—, comenzamos a notar un malestar que nos impide caminar. Se revuelve el estómago, te pican los ojos y sientes que la cabeza te va a estallar.
—Es un hechizo de hada negra —afirmó Roc.
—Entonces es cosa mía —anunció Natalia convencida de que podría contrarrestarlo.
La guapa rubia se giró balanceando su coleta según caminaba en dirección a la roca. El elfo del bosque la miro apreciativamente con creciente interés, hasta que sintió un codazo en sus costillas de Roc.
—Gail, ni lo intentes.
—Ya sé que es un hada blanca, no tengo nada en contra con fraternizar con otras especies —afirmó con picardía el elfo.
—Siento decirte que la vampira que va a tu lado tendría más posibilidades de acostarse con ella que tú.
El elfo enmudeció, la bella hada blanca lo había impresionado. ¡Qué se le iba a hacer, si no podía enrollarse serían amigos! Dando un par de zancadas largas se puso a su altura.
—Sabes que están vigilándonos, ¿verdad?
—Por eso me acercaré solo con Ana, pensarán que somos dos chicas haciendo una ruta de senderismo demasiado dura para ellas, que necesitan un descanso, y la roca es un buen lugar para hacerlo.
—Puede funcionar —asintió Börg—. Estaremos vigilando, tened cuidado.
Con tranquilidad, como si tuvieran todo el tiempo del mundo se sentaron junto a la roca.
Ana fingió que una bota le hacía daño y se la quitó, parecía que la estaba examinando por dentro, pero en realidad estaba atenta a lo que les rodeaba.
Había visto a dos elfos oscuros subidos en un árbol a su derecha, y por el olor sabía que había otro a su izquierda.
—Hay al menos tres elfos observándonos —susurró Ana a Natalia, a la vez que se volvía a calzar.
—Y dos hadas negras detrás de nosotras.
Con disimulo hicieron las señas acordadas al resto para que tomaran posiciones.
A un silbido de Roc imitando a un ave cantora del bosque, cayeron sobre los vigilantes que estaban más pendientes de los movimientos de las dos falsas excursionistas que de lo que ocurría en su entorno.
Jaime noqueó de un golpe certero en la nuca a las dos hadas negras, temía que hicieran uso de la cerbatana que llevaban adherida a la pierna, y lanzaran algún dardo impregnado en su sangre a Ana.
Börg, Riv y Roc se encargaron de los elfos oscuros y Gail acudió a ayudar a Natalia con el hechizo.
—Deberías alejarte, el hechizo negro te dañará —le advirtió Natalia al verlo a su lado.
—El contra hechizo gastará toda tu energía vital, necesitarás ayuda si vas a hacerlo tu sola. Ella está muerta —afirmó Gail señalando a Ana—, no puede ayudarte, yo sí.
—Es muy peligroso —dijo Natalia mirando a los ojos del elfo del bosque, en los que solo podía leer lealtad. Para contrarrestar el hechizo negro emplearía toda su fuerza y su energía, si tomaba prestada la del elfo, podría recargarse como si fuera una batería élfica.
—¡Eh, que te estoy oyendo! —exclamó Ana enfadada por el comentario del elfo—. Te advierto que está muerta está muy viva.
—Ana, necesito energía vital para fortalecerme mientras hago mi magia, tendrás que cuidar del elfo hasta que se recupere. Esa será tu misión.
—Puede haber más hadas negras dentro, Ana —añadió Börg aproximándose al grupo—. Si te pasara algo, Agatha no me lo perdonaría.
—Vamos, colmillitos —bromeó Gail—, a mí tampoco me hace gracia tener una vampira de niñera.
—Tranquila, cariño, seguro que algún elfo intenta escapar y tendrás oportunidad de darle su merecido —la tranquilizó Jaime.
—Lo haré —consintió Ana disgustada, ella quería bajar a las cuevas y pelear con el resto. Esperaría fuera con Gail, pero en cuanto sacaran a Ícaro de allí dentro, le diría lo que pensaba sobre tratar a las mujeres como objetos y secuestrar niñitas el día de su cumpleaños.
—Jaime, tu entrarás, pero te quedaras cerca de la abertura. Lo mismo que pasa con Ana se aplica para ti, la sangre de las hadas es venenosa para vosotros, y no debe escapar nadie.
Ana no pudo contener su sonrisa de triunfo al ver la cara de fastidió de Jaime. ¡Ja! A él le hacía tan poca gracia quedarse sin luchar como a ella, pero si Börg les decía que lo hicieran, lo harían.
Natalia se acercó con cautela donde la distorsión de los elementos se empezaba a apreciar por el hechizo negro.
El elfo del bosque se quedó a prudente distancia para notar lo menos posible los efectos perniciosos.
Natalia extendió sus manos y murmuró unas palabras en un idioma que a Jaime le recordó a un antiguo dialecto escocés, y a Börg a la lengua en la que hablaban los druidas que le habían convertido en vampiro hace mil años.
Fue repitiendo la letanía una y otra vez, cada vez con voz más fuerte.
Al principio no parecían notar nada, pero, al rato, vieron cómo las hojas del suelo se levantaban y comenzaban a girar alrededor de la figura del hada.
Las ramas de un espeso matorral cercano fueron separándose mostrando una abertura negra detrás de ellas.
De repente, las ramas se volvieron a cerrar, Natalia se debilitaba, entonces notó la mano de Gail sobre su hombro, y a través de su tacto absorbió su energía, sintiendo cómo su propia fuerza vital se recuperaba.
Con decisión repitió las palabras del hechizo blanco, notando cómo el hechizo negro disminuía de intensidad hasta desaparecer.
En frente de ellos tenían la entrada a una cueva, excavada en la misma pared rocosa aprovechando una grieta que la propia naturaleza había creado.
Natalia sonrió al escuchar el canto de un pájaro cercano y al ver cómo Roc tenía que espantar un insecto que zumbaba a su alrededor.
Sin duda el hechizo negro ya era historia.
Con pesar se volvió para ver a Gail que yacía inconsciente a sus pies.
Estaba vivo, pero necesitaría descansar unas horas para poder recuperarse.
Era una pena que Agatha no estuviera con ellos.
La poderosa hada blanca le habría sanado en unos minutos.
Ana, ayudada por Jaime, lo levantó del suelo y lo colocó con cuidado cerca de la roca, apoyando su cabeza sobre sus piernas a modo de almohada.
—¿Y ahora? —preguntó Roc.
—Vamos a por Ícaro —anunció Börg muy resuelto, internándose en la oscuridad.