Canciones de los muertos (Las Guerras de los Estratos 1) Capítulo 45 #2
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Capítulo 45 #2

Emaline se levantó y sacó un pequeño farol cilíndrico de su bolsa. Lo encendió con una palabra.

—Ahora tú —dijo.

Me levanté, saqué farol y arco e hice arder también mi piedra fantasmal.

—Aviva el brillo y proyecta mi sombra más profunda —me instruyó.

Pasé el arco por una vara cobriza de mi farol en un frote revelador.

La luz ambarina refulgió, creando una nítida silueta de Emaline en el suelo de madera.

Ella manipuló la luz de su propio pequeño farol con unas órdenes susurradas que tuvieron el efecto de retirar toda su sombra excepto una oclusión de color gris tormenta en su ombligo.

—Por si no quedaba claro, Jack —dijo en voz baja—, esto es un vistazo del tipo íntimo.

Ahora retén en la mente todo lo que sabes de mí y añádele este hecho: que mi alma estaba preparada para seguir camino y que la recibiera la calidez de mi familia.

—Calló un momento—. Ahora puedes mirar cuál fue mi momento primordial.

La última vez que había hecho aquello, con Madam, no me había sentado bien estar descubriendo los secretos de otra persona. Me proporcionaba más empatía con esa otra persona, pero también enviaba al cuerno mi objetividad. Esa vez, en cambio, quería acercarme más.

Así que miré.

Primero vi la oclusión, una herida abierta con la forma de un muñeco de palo envuelto en una hoja de tabaco y rodeado por una cadena rectangular.

Dentro había recuerdos borrosos, justo por debajo de la superficie.

Así que añadí el contexto que me había dado Emaline, la clase de contexto que me había faltado al escrutar en la sombra de Madam.

Al añadírselo esa vez, las imágenes se aclararon un poco…

… un atisbo de Brach…

… Emaline alzándose desde una efigie de piedra en el Prado…

… susurros diciéndole que la habían rescatado…

… un vínculo antinatural a un cuerpo, sin necesidad de hilos…

… Brach llevándola de la manita por el parque de atracciones Blackgang Chine…

Yo quería verlo todo.

Así que me concentré por un momento en la pauta del titilar de Emaline. Sus notas de brillo oscilaban como los trinos de Rhapsody in Blue de Gershwin. Me encantaba esa canción y empecé a tararear la melodía que distinguía en la pauta de Emaline.

La oclusión se iluminó como un ascua al viento y las imágenes empezaron a volverse incluso más nítidas. Pero antes de que pudiera profundizar más, ella liberó más luz desde su farol y borró la parte de sí misma que me había permitido ver.

—Has aprendido un truco nuevo —dijo.

—Solo es instinto. Me ayuda a ver. —Me senté en la silla, dejé mi farol y oscurecí la piedra—. Y lo que he visto… ¿Eres hija de Brach?

Ella se sentó también.

—Cuando morí, no pudo soportarlo, así que fue contra la Ley del Precedente y sacó mi alma del Prado de Asfódelos antes de que llegara a la montaña de fuego.

Eso iba más allá de la elanotalia tanatúrgica, al menos según lo que había leído hasta el momento.

—Pero eres tanaturga, ¿verdad?

—Soy lo que él hizo de mí. —Emaline dio una calada, con los labios apretando suavemente la boquilla—.

Me alcanzó una bala que iba dirigida a mi padre.

Cuando morí, no hice la transición a una semblanza que él pudiera vincular a un nuevo cuerpo anfitrión sin más.

No: era un alma dispuesta a seguir camino.

Así que él me sacó del Prado y me imbuyó de capacidades tanatúrgicas mientras me mantenía vinculada a él en esta vida.

—¿Cómo es posible?

—Ahora eso no importa —respondió ella—. El asunto es que mi motivación y, lo más importante, mi momento primario te han quedado más claros cuando te he permitido mirar.

Asentí.

—Gracias al contexto adicional.

—Eso se llama iluminación, Jack. —Dio otra calada y soltó el humo en una lenta voluta—. Para ver la verdad dentro de una herida del alma, y sobre todo para ver un momento primordial, hace falta algo más que luz. Se requiere algún conocimiento sobre el alma en la que estás escrutando.

—Pero no me has enseñado esto solo para aclarar tus motivaciones, ¿verdad?

—Me encanta lo perceptivo que eres. —Emaline sonrió con una comisura de la boca—. Aunque odio a ese hombre por lo que hizo, sigue siendo mi padre. De modo que no, Jack, esto no va solo de asumir responsabilidades.

Era lista, fácil de mirar y tenía brújula moral. Eso último la hacía más atractiva que todo lo demás.

—Me alegra saberlo —dijo.

—Pero ese don tuyo, el que te ayuda a ver…

—Me pareció ver genuina preocupación en sus ojos—.

Si a eso le sumas la iluminación, tu capacidad de escrutar será una amenaza para personas dispuestas a matar para proteger sus secretos.

Y no me refiero solo a Brach. Ten cuidado con cómo la usas.

—Entonces sacó un librito encuadernado en cuero de su bolsa y lo dejó en la mesita, entre nosotros—.

Bueno, vamos a lo que vamos. He podido llevarme esto de la biblioteca privada de Brach.

—¿Qué es?

—Un manuscrito cythoniano. Te dije que Brach se había apoderado de apócrifos cythonianos, de textos prohibidos, muchos de ellos sobre espectros, cuando el cabildo los anatemizó. Bueno, pues este explica que, para hacerle el vínculo-guarda a un espectro, el espectro tiene que estar dispuesto a ello.

Salvar la guarda parecía estar volviéndose cada vez más improbable.

—¿Y explica cómo hacerlo?

—Los espectros se originan cuando su momento primordial se desgarra y se convierte en lo que llamamos una rotura, es decir, un antiguo dolor o lamento que lo transforma en algo malévolo o insaciable.

—Me pidió un cenicero y le traje la tapa de frasco de mermelada que Henry usaba para su pipa—.

Para conformar la voluntad de un espectro, hay que encontrar su rotura y reflejársela con una nueva luz.

Ayudarlo a que la vea de un modo distinto.

Según este manuscrito, hacerlo subvierte la obsesión del espectro, lo desestabiliza, lo vuelve maleable.

Cogí el librito y le di la vuelta.

—¿Y esto explica dónde encontrarlos?

—Los espectros verdaderamente maduros son autodirigidos —respondió—. Pueden viajar entre estratos, más o menos como un tanaturgo. Por lo tanto, son difíciles de encontrar, y no digamos ya de vincular a una guarda.

—Vale, ¿y cómo encuentro uno?

—Brach guarda sus textos más arcanos, los que creo que podrían servirte, separados de sus otras bibliotecas. Hasta ahora no he tenido suerte intentando descubrir dónde, pero sigo con ello.

Esa mujer me había atraído desde el principio.

No podía negarlo. Pero ahora, encima, estaba arriesgándose por mí.

Me sentía más alterado que antes, porque los secretos compartidos podían tener ese efecto.

Pero era más que eso: al contrario que yo, Emaline no había escapado de su padre y sus matones.

Me daba más ganas de hundirle a Brach la cara en el fango.

También me daba más ganas de arriesgarme yo.

—Quiero que conciertes una reunión con Brach —le dije.

—No vamos a…

—Escucha, no pude llevarme los vínculos de Brach del cuerpo del asesino, y luego lo quemaron, así que no tengo marcas de sombra que enseñarle a la cancillería. Y, para colmo de males, Madam no tenía nada que nos ayude a demostrar que Brach ordenó los asesinatos.

—Entonces, ¿qué vas a conseguir reuniéndote con Brach?

—Brach quiere los Peldaños Abismales, ¿verdad?

—Sí, porque son la única forma de acceder al Estrato Antiguo y la canción que necesita.

—Pues hagámosle creer que ese plan corre peligro.

—¿Y cómo propones que lo hagamos?

—Convirtiéndolo en sospechoso oficial de la muerte de Henry.

Emaline se echó a reír, con un sonido musical.

—¿Quieres reunirte con el jefe y presidente del Shiguan para hacerle una acusación formal?

—Es lo bonito que tiene ser amigo de una presera. Y estoy seguro de que a Lakshmi le encantará tener la oportunidad de interrogarlo. Es buena, créeme.

Un lado de su boca se alzó en media sonrisa.

—Ahora que lo pienso, nunca he visto a nadie plantarle tanta cara a Brach. Pero mantengo la pregunta: ¿qué esperas conseguir?

—Una persona culpable, cuando está acusada, empieza a cubrir sus huellas. —Devolví el manuscrito a Emaline—. Así que, como no tenemos pruebas propias, a lo mejor podemos empujar a Brach para que nos guíe hacia algunas. Cuando conciertes la reunión, dile solo que quiero hablar sobre su oferta.

—Así lo haré. —Emaline se puso en pie—. Brach tiene su cuartel general en la Escuela Guildhall de Música y Teatro del Estrato Victoriano.

—Parece un poco raro, ¿verdad? —dije, pensando en Henry y Brach—. Que fueran amigos.

—Solo he oído a Brach mencionar al señor Wilkinson con aprecio.

Asentí, me levanté y le puse una mano en el brazo.

—Gracias por confiar en mí para que escrute en tu…

Se acercó a mí y me puso una mano en el pecho.

—A lo mejor luego habrá tiempo para que me devuelvas el favor.

Desde luego, esperaba que lo hubiese.

—Tengo un montón de razones para estar haciendo todo esto. —Le pasé un mechón de pelo detrás de la oreja—. Y ahora tú eres una de ellas.

Emaline se inclinó hacia mí y me dio un beso suave en la mejilla.

—Gracias, Jack.

Qué sensación más estupenda me dieron sus labios en la piel.

—Tengo cosas que organizar antes de nuestro encuentro con Brach. Nos veremos allí.

La seguí hasta la puerta, le di su chaqueta y cogí la vieja bolsa de baquetas que Henry siempre tenía preparada en el perchero.

Esa bolsa era exactamente la clase de urna que habría querido para sus cenizas, y le había prometido a Church que me ocuparía de eso.

Podíamos pasarnos por el crematorio de Golders Green y dejarla allí cuando volviéramos desde Wembley.

Cerré la puerta, recogí a Casio y juntos subimos por la calle Flitcroft hacia la prueba de sonido con los Sabuesos.