Canciones de los muertos (Las Guerras de los Estratos 1) Capítulo 42 #2
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Capítulo 42 #2

—Escucha —dije—, no falta mucho para que vayan a juzgarme por cosas que no he hecho. Podrías testificar que te chantajearon para secuestrarme, que están intentando evitar que encuentre al espectro y salve el Caballo de Hierro, que salve vidas. A cambio, yo te ayudaré a recuperar a tu hijo.

—Mi querido chico —respondió Madam—, ¿por qué diantres iba a creer que puedes cumplir una promesa como esa?

—Porque tengo amigos poderosos muy metidos en el Shiguan. Y porque cuando haga caer a Brach, su poder sobre ti habrá desaparecido.

Madam me miró de arriba abajo.

—Si me sueltas, haré todo lo que esté en mi mano para presentarme allí.

—Eso ha sonado a frase de abogado.

—Qué emoción, correr tanto riesgo, ¿verdad?

Suspiré y fui al vestíbulo. Encontré a Lakshmi cerca de la puerta trasera, espada en mano.

—¿Has averiguado algo útil? —me preguntó.

—Nada que nos sirva hoy. Suéltala.

—¿Crees que es buena idea? —preguntó Dama—. Esa mujer no ha hecho más que atormentarte.

—Ya, pero un poco de buena voluntad ahora podría ayudarnos en el juicio a vincular a Brach con el asesinato de Henry. Y Lakshmi no va a poder hacerle de niñera, en todo caso, porque tenemos un espectro que atrapar.

Lakshmi sacó la llave de las esposas, me dedicó una larga mirada y regresó al patio de butacas. Cuando volvió, tenía su teléfono en la mano.

—Tengo que irme —dijo—. Mi canciller quiere que la ponga al día sobre el espectro.

—¿Esa canciller estará en mi juicio? —pregunté.

Lakshmi asintió.

—La señora Nancy Wake. Hace de puente entre el cabildo y la Cancillería de los Estratos.

—¿Es una persona justa?

—Bueno, su puesto no tiene derecho a voto. —La presera miró alrededor por el vestíbulo—. Pero no le gustaría nada ver en qué puede convertirse este sitio si Brach se sale con la suya. Eso debería beneficiarte.

Y había otros sesenta auditorios iguales que aquel. Sumados a todos los locales en activo de los que el Shiguan estaba apoderándose.

Poco después de que Lakshmi se marchara, Madam abrió la puerta del patio de butacas y me hizo un gesto para que volviera con ella.

—Dejadme un minuto —pedí a mis amigos.

—Tiene las manos sueltas —me recordó Casio.

—No pasa nada.

Cuando volví al auditorio en sí, Madam tenía su farol y su arco en las manos. El pánico me recorrió todo el cuerpo.

—Tranquilo, chico —dijo ella—. Puede que no sepa dónde está tu espectro, pero puedo enseñarte un viejo truco de los saqueadores que a lo mejor te ayuda a encontrarlo.

Saqué mis propios catalizadores.

—Dale.

—El espectro que persigues llegó atraído por tu renacimiento —empezó a decir—, lo cual significa que tiene algún tipo de conexión contigo.

—Sí, eso lo he visto.

Madam empujó el arco hacia delante en contacto con dos varas de su farol. Las dos notas impactaron, metálicas y machaconas, y una luz de color violeta oscuro destelló a nuestro alrededor.

—Esto se llama brilloscuro —explicó Madam—. Creas dos puntos de contacto. Inviertes el frote de arco normal y solo tocas en esa dirección. Entonces debes fijar en tu mente la pauta que tienes en común con la criatura.

Coloqué mi arco.

—¿Así?

Ella asintió.

—Y luego miras, Jack Solomon. Miras en todas las direcciones de la brújula.

Encendí mi piedra con un susurro e hice el frote inverso contra dos varas de mi farol, que graznó una armonía disonante y escupió luz a trompicones.

Madam me cogió la mano y guio el arco por el farol.

El brilloscuro destelló. Recordé la pauta de notas de brillo que compartía con el espectro y empecé a mirar girando en lento círculo.

Miles de brillantes chispas de luz blanca se encendieron en el brilloscuro.

Se avivaron, acabando por completo con la oscuridad.

Cuando dejé de tocar el farol, no veía nada. Solo había blanco.

—Estoy ciego.

Madam soltó una risita.

—Se ha vuelto todo blanco, ¿verdad?

—¿Qué he hecho mal?

—No estás capturando el rasgo único que solo tu espectro y tú compartís. Si no profundizas lo suficiente, vas a encontrar a toda una horda de gente con similitudes a lo que el espectro y tú tenéis en común, así que toda esa gente brillará a la vez.

Empecé a recuperar la vista poco a poco.

—La proximidad también es un factor —añadió Madam—. El brilloscuro solo tiene un alcance de un kilómetro y medio, aproximadamente.

Londres era una ciudad enorme y yo aún tenía que descubrir cómo mirar más hondo, pero aquello era más de lo que tenía antes.

—Gracias —le dije.

—De nada, Jack. —Me dedicó su sonrisa traviesa, saludó levantándose el sombrero y fue con paso tranquilo hacia el escenario. Mirando atrás, dijo—: Una red de hierro podría venirte bien si encuentras al espectro. Encontrarás una en un cofre cerca de la salida a la calle.

Y, dicho eso, desapareció tras el escenario.

La sombra de Madam no me había revelado nada que sirviera para condenar a Brach por el asesinato de Henry.

Pero la mujer en sí me había mostrado cómo encontrar a mi espectro, que, si lograba vincularlo, quizá ayudara a detener aquella revolución antes de que empezase siquiera.

Hasta que pudiera hablar otra vez con Emaline sobre qué hacer con Brach, perseguiría al espectro.

Regresé al vestíbulo y encontré el cofre.

Pero cuando intenté sacar la red, apenas pude moverla: tocarla me puso torpe y cansado.

Me sentí muy tonto por haber olvidado que el hierro tenía ese efecto en los tanaturgos, pero también me recordó la última vez que había estado bajo una red de hierro.

Esa vez el espectro me había seguido el rastro hasta mi casa.

Con un poco de suerte, quizá pudiera utilizar el hecho de que me perseguía para anticipar su posición.

—Vamos —dije—. Hay que darse prisa.

Chuey sacó la red del cofre en mi lugar.

—¿Dónde vamos? —preguntó Church—. ¿Y para qué quieres la red?

—Para atrapar a un espectro.