Canciones de los muertos (Las Guerras de los Estratos 1) Capítulo 32
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Capítulo 32

Como respetado miembro de la Real Sociedad Geográfica, solicito al Cabildo de las Facciones que modifique la Ley del Precedente para criminalizar el pillaje de los estratos por parte de los tanaturgos de arriba, así como la remodelación de los estratos que lleva a cabo el mundo de arriba mediante sus defectuosas interpretaciones neohistóricas de nuestra vida y nuestra época.

Capitán sir R ICHARD F RANCIS B URTON ,

canciller del Estrato Victoriano, moción presentada

D entro del Caballo de Hierro del Estrato Moderno, los Humble Pie seguían con su repertorio y estaban tocando I Don’t Need No Doctor .

La gente estaba de pie y bailoteando al lado de sus mesas.

Llevé a Emaline por detrás del escenario al camerino, que, por suerte, estaba vacío.

Sus paredes también tenían fotos en ese estrato, pero además había anuncios en octavillas de espectáculos de vodevil encima del blanquecino y raído papel de pared.

El viejo sofá mugriento también estaba, por suerte.

Me dejé caer en él y Emaline se sentó a mi lado y se quitó la máscara.

Decidí quitarnos de encima las malas noticias primero.

—No pude hacerme con el cuerpo del asesino y sus vínculos. Un tanaturgo llamado Bazalgette se me adelantó.

—Lo sé —respondió ella—. Estaba vigilando las llamadas shiguanas de recuperación de cuerpos.

—Pero, al contrario que cuando el ataque en el callejón, el tal Bazalgette no parecía tener ningún interés en secuestrarme —le dije—. Y lo único que pretendía Swan era sobornarme u obligarme a afrontar un juicio.

—Lo del juicio fue idea mía.

—¿Cómo?

Otra cosa más con la que no estaba seguro de poder lidiar. Emaline levantó una mano para tranquilizarme.

—Necesitábamos una excusa para convocar a la Cancillería de los Estratos y exigirle responsabilidades a Brach. Y tenerlo a la ofensiva impedirá que despliegue las contramedidas que podría haber ejecutado si lo denunciaras tú a él.

—Entonces, ¿en realidad no van a juzgarme?

—El juicio es muy real. Y bastante serio.

Habrá mujeres y hombres poderosos de todas las eras, como Grace O’Malley, o Boudica, o el capitán Burton, que intentarán derrumbarte.

Siempre suponen que el acusado es culpable.

Para absolverte, no nos quedará otro remedio que condenar a Brach, y tenemos solo dos días para hacerlo.

—Podrías haber hablado conmigo antes de meterme en un juicio por asesinato.

—Brach habría convocado el juicio de todas formas. Solo estaba esperando a asegurarse de haber destruido toda prueba de su implicación.

—Church no tenía nada claro por qué el juicio lo hacía la Cancillería de los Estratos y no el Cabildo de las Facciones. ¿Eso es cosa tuya también?

Emaline asintió.

—No es infrecuente que el cabildo faculte a la cancillería para encargarse de primeros delitos, sobre todo si el acusado es un tanaturgo novato, y más si el resultado puede tener un impacto directo en los propios estratos.

Incluso cuando es el cabildo quien juzga, suele pedirle consejo a la cancillería.

Y los líderes de las facciones podrían presentarse de todos modos en el juicio, pero, dado que Henry no pertenecía a ninguna, saben que vas a tener un apoyo ínfimo y que es probable que te condenen.

—Qué maravilla, cada vez suena mejor. ¿Y dices que ha sido idea tuya?

—Habrías tenido exactamente el mismo apoyo si el juicio lo llevara el Cabildo de las Facciones, y de este modo no está la opción de pedir la anatematización del Shiguan si ganaras.

Eso lo pillé.

—Porque la cancillería no tiene autoridad para ampliar el juicio a otros delitos contra el Precedente.

—Como te dije, debo tenerle un ojo echado a la vida después de Brach. No creo que el Shiguan sea irredimible, sino solo la víctima de un mal liderazgo.

—¿Y a qué se dedica la Cancillería de los Estratos cuando no trabaja en nombre del cabildo? ¿Hay alguna posibilidad de que puedan ser más permisivos con…?

Emaline levantó la mano.

—La cancillería se compone de figuras históricas del pasado de Londres, Jack.

Personas que, en muchos casos, se preocupan por los estratos y los cuidan más que la mayoría de las facciones últimamente.

Y reverenciaban a Henry por ayudarlos a proteger los estratos como custodio de los Peldaños Abismales.

Querrán que su asesino pague por haberlo matado.

Tenía sentido.

—Entonces, ahora Brach utilizará la cancillería para acusarme a mí de matar a Henry y así impedirme que restaure la guarda.

—Y por eso necesitamos encontrar otra prueba que lo condene, para salvaros a ti y al Caballo de Hierro, y para evitar que la guerra de Brach suba desde los estratos.

Me reí.

—¿Solo eso?

—Sé que todavía estás aclimatándote a tu cambio, Jack, pero nos vendría bien menos sarcasmo y más ideas concretas.

Allá en casa, las pandillas tendían a venirse abajo por culpa de chivatos con información interna.

—Necesitamos a alguien con acceso a Brach. Alguien que forme parte de sus planes pero a quien podamos convencer de que cante. —Pensé un momento—. ¿Qué hay de la mujer que intentó secuestrarme?

—La tanaturga saqueadora.

—Exacto. Si es una mercenaria, no le tendrá ninguna lealtad real a Brach. ¿Es posible que él le haya confiado alguna información que nos sirva?

Emaline estuvo callada un momento.

—¿Qué aspecto tenía?

Le describí el sombrero de tres puntas, el corsé y que me había llamado «querido». Emaline se dio palmaditas en el regazo.

—Lo normal sería que no, que un saqueador contratado no tuviera ninguna información útil. Pero conozco a la mujer de la que me hablas. Brach la emplea para trabajos discretos. En este caso, gracias a la relación que tiene con él, sí que podría saber alguna cosa que nos sirva.

—También atrapó al espectro que me perseguía. Con una red de hierro. Un momento, al menos. Podríamos preguntarle por qué. A lo mejor nos dice algo más sobre el espectro, ya puestos.

Emaline asintió.

—Merece la pena que hablemos. Y sabes que me encanta matar dos pájaros de un tiro.

—¿Puedes conseguirme una dirección o reunirte tú con ella?

—Lo investigaré. Con un poco de suerte, tendré algo que decirte a principios de tarde.

—Bien. Y ahora, has dicho que tenías información para mí, ¿verdad?

Emaline cambió de postura en el sofá.

—Aún no he encontrado ningún texto sobre guardas en la biblioteca de Brach, pero sí que he averiguado que, además del componente espiritual, la ceremonia de la guarda requiere un componente material.

Cuando los cythonianos intentaban invocar un espectro maduro para establecer una guarda propia, les hacía falta un agente vinculador.

—¿Que no es el hilo bunda?

Ella negó con la cabeza.

—Es algo llamado hilo de orcus. Se teje a partir de las hebras de alma que deja atrás una semblanza al llegar a la Interminable Oscuridad.

Se dice que su vínculo trasciende el espacio y el tiempo.

Es dificilísimo de cosechar y de tejer. E, incluso si lo consigues, no todos los tanaturgos pueden utilizar el hilo.

Está escrito que el orcus puede rechazar a su vinculador y que su uso requiere un pago cuantioso.

Solo estar buscándolo ya te convierte en sospechoso.

Saqué el manual de campo de Henry y encontré la sección sobre catalizadores.

—Aquí no pone nada sobre el hilo de orcus, pero dice que los catalizadores pueden encontrarse en mercados de los estratos. ¿Es posible que tengan orcus en alguno?

—Lo dudo mucho. El hilo de orcus es ilegal. La barriada de St. Giles sería un buen sitio donde empezar.

Había leído sobre aquellas barriadas en mis tiempos de la biblioteca, allá en casa. Eran suburbios victorianos que se extendían a lo largo de varias calles de la ciudad y estaban repletos de desvalijadores, casas de empeños, busconas y de todo.

—Pero Jack, ten cuidado.

Sus ojos eran penetrantes, su nariz recta y lisa, sus labios turgentes y rojos incluso sin pintalabios.

Quise besarla de nuevo. El beso que nos dimos había servido, en esencia, para sellar un pacto mortal.

Era de lo más inapropiado, y de lo más metalero.

Y seguramente haría que me mataran. Pero esa mujer había cumplido sus promesas hasta la fecha.

—Me llevaré a Casio. —Puse la mano sobre la suya en el viejo sofá mugriento—. Por cierto, has llegado en el momento perfecto. Ese cabrón de Swan podría haberme matado si no hubieras aparecido.

Ella sonrió.

—Tú y yo tenemos intereses comunes, Jack. ¿Tanto te sorprende que vigile de cerca los acontecimientos?

Quise replicar algo ingenioso, pero tenerla sentada allí mismo me había desequilibrado.

Emaline se inclinó hacia mí, tan cerca que capté su sutil aroma a lilas.

Pero esa vez me rozó la mejilla con el dorso de la mano y estuvo un momento mirándome a los ojos.

Luego se levantó, fue a la puerta y se detuvo antes de salir.

—Tengo ganas de que nos conozcamos mejor.

Y, dicho eso, desapareció por la puerta, dejándome solo en el camerino.

Me tomé un momento para aspirar el adorable olor a humo de cigarrillo rancio y mirar las fotos de la pared, que me hicieron pensar en Henry.

Mi amigo había mantenido la guarda, el equilibrio entre el mundo y los estratos, mientras proporcionaba un lugar seguro al que podían acudir las almas perdidas cuando su vida se iba al garete.

Lo añoraba más de lo que podría haber imaginado jamás.

Estaba decidido a demostrar que no se había equivocado al confiar en mí.

Salí al local propiamente dicho, reuní a mis amigos y los traje de nuevo al camerino, donde les conté lo que había averiguado sobre la citación para el juicio por parte de la Cancillería de los Estratos. Church frunció el ceño.

—Supongo que comprendes lo grave que es esto, Jack.

—Empiezo a comprenderlo.

Luego les expliqué mi idea de que quizá el espectro que había estado persiguiéndonos a mí y a otros compositores podría servir como el espectro maduro que necesitábamos para renovar la guarda.

—Sigue estando por completar la mitad principal del ritual de la guarda —me recordó Church.

—Lo sé —dije—. La guarda no cree que esté preparado, y no puedo discutírselo. Pero debo estar preparado. Y solo me quedan dos días. Así que voy a seguir sin parar, pero necesito que todos conozcáis el riesgo por si acaso no doy la talla.

—Estoy dispuesto a aceptar esa apuesta —dijo Church.

—Y yo —dijo Dama.

—Como tercera opción —dijo Casio.

Chuey sonrió.

—Llevo sacándote de apuros desde antes de que tuvieras pelo en los sobacos, colega. Me juego lo que haga falta.

Qué de lujazo sentaba tenerlos conmigo en aquello.

—Por lo visto, la guarda requiere de algo llamado hilo de orcus, que sirve para vincular un espectro maduro al Caballo. Es ilegal. Así que solo intentar conseguirlo ya va a ser complicado. Tengo que ir a la barriada de St. Giles a buscarlo.

—Eso está en el Gran Estrato Victoriano —dijo Casio—. Tengo algún amigo allí.

—¿Tienes amigos en una barriada?

Casio soltó una risita.

—No eres el único depravado con el que me gusta pasar el rato.

Nos reímos todos, cosa que también sentó de lujazo.

—Pero Jack —dijo Casio—, mi amigo se pondrá huidizo si vamos a visitarlo en grupo.

Pensé un minuto. A Casio lo necesitaba por su contacto y como músculo.

—Church, Dama, me gustaría que volvierais arriba. La gente estará nerviosa después de sentir el ataque de Swan, por no mencionar que acaban de perder a Henry y a Jimmy. ¿Probáis a tranquilizarlos?

Asintieron y me volví hacia Chuey.

—Necesito un favor, tío.

—El que quieras.

—¿Puedes ir a buscar a todos los compositores que conocemos? Diles que han asesinado a Angela y a Jimmy. Que lo que sea que está pasando parece tener como objetivo a la gente que compone. Diles que tengan cuidado. Y pídeles que nos avisen si ven cualquier cosa fuera de lo normal.

—Eso está hecho —dijo él.

Me volví hacia Church.

—Vamos a necesitar algo con lo que negociar.

Church se sacó una bolsita del bolsillo del pecho, que tintineaba cuando me la pasó. Estaba llena de monedas de plata.

—¿Cuánto vale esto en los estratos? —pregunté.

—Una plata viene a ser unos cien dólares de arriba —dijo él—. Así que ándate con ojo. Hay mucho ratero suelto en las barriadas.

Los llevé al mundo de arriba. Después respiré hondo y emprendí el descenso de nuevo con Casio, esperando que el Estrato Victoriano no fuese una pesadilla tan grande como lo había sido el Moderno. Pero claro, me dirigía a una madriguera de ladrones con la intención de procurarme un hilo ilegal.