Canciones de los muertos (Las Guerras de los Estratos 1) Capítulo 30 #2
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Capítulo 30 #2

—¿Y cómo sabes tú lo que quiero?

—Lo sé, señor Solomon, porque usted y yo no somos tan distintos.

Mi bombilla eléctrica reemplazó el peligro y la toxicidad de las lámparas de gas en grandes teatros como el Savoy.

Llevé la luz a las artes y revolucioné el mundo del entretenimiento.

Es un hecho tan importante, y tan pasado por alto, como su don musical.

Desvié la mirada hacia su farol. Aquel cabronazo acababa de quemar una semblanza como si fuese solo aceite para su lámpara.

—Lo que dices es que los tíos como tú y yo seguimos creando, incluso cuando nadie nos hace caso. Pero no tengo nada claro que me guste la comparación.

—Sea como sea, aquí en los estratos nadie somos tan inútiles o irrelevantes como pueda suponer el mundo de arriba. Y creo que lo mismo podría afirmarse de usted, señor Solomon, si elige con sabiduría.

Me dio la impresión de que la oferta era real. Pero me recordó a lo que Sixth Angel Entertainment nos había hecho a mí y a los Sabuesos.

—¿O qué tal si os vais todos al cuerno?

Swan levantó un dedo.

—Creo que le interesa pensárselo, señor Solomon. Como ocurre con las monedas, nuestra oferta tiene dos caras. En una está la carrera con la que siempre ha soñado. En la otra está el largo brazo del Shiguan para bloquear cualquier futura oportunidad musical que pueda tener.

—¿Disculpa?

Swan soltó una risita.

—Estoy convencido de que, en lo más profundo de su ser, alberga la esperanza de que cuando toda esta molestia de los estratos concluya, tiene usted algún futuro con ese sueño suyo.

Lo que estoy diciéndole es que si nos vamos «al cuerno» como acaba de invitarnos a hacer, nos aseguraremos de que usted termine allí con nosotros.

Y para ello le impediremos el acceso a todo contrato discográfico, promoción u oportunidad de subir a un escenario.

Su música, señor Solomon, por lo que respecta al mundo de arriba, estará muerta.

Tenía razón. Me había entregado en cuerpo y alma a Henry y a mis amigos.

Hasta había firmado los papeles. Y lo hacía muy a sabiendas.

Pero, en algún lugar al fondo de mi mente, había supuesto que al otro lado de todo aquello habría tiempo que dedicarle otra vez a mi música. Swan estaba quitándome eso.

Durante largos momentos me quedé allí petrificado mientras todas las esperanzas se desmoronaban en mi interior. Veinte años de mi vida que, en un instante, quedarían desperdiciados. Pero entonces miré a Chuey, y a Casio, y a los demás. Me volví hacia Swan y dije:

—No pienso sacrificar el futuro de nadie por el mío. No hay trato.

Él se encogió de hombros.

—Salta a la vista que no es capaz usted de estimar el conflicto en el que opta por intervenir.

Muy bien. —Sacó un pergamino sellado del bolsillo interior de su chaqueta y me lo entregó con gesto cordial—.

Señor Jack Solomon, por la presente queda convocado a presentarse ante la Cancillería de los Estratos.

Por mi mente pasó la fugaz imagen de los shiguanos merodeando por la guarda allá arriba. Swan había sabido que estaba en el Caballo, y seguro que había adivinado que vendría corriendo si atacaba Tin Pan. Crucé la mirada con Casio y, a regañadientes, tomé la convocatoria de manos de Swan.

—Podrías haberme traído esto sin más. No hacía falta matar a nadie.

—Está usted dando por sentado que mi función aquí es solo la de un chico de los recados.

—Sonrió—. En todo caso, la cancillería abrirá su juicio por el asesinato de Henry Wilkinson en apenas tres breves días, y entonces estudiaremos el asunto de su participación en la muerte del señor Wilkinson, además de quién sería el custodio adecuado para el Caballo de Hierro.

Entretanto, señor Solomon, por favor comprenda que, en el entorno más allá del Caballo de Hierro, la neutralidad no es el principio operativo.

—¿Eso es una amenaza? —repliqué.

Las cejas de Swan se arquearon.

—Bueno, evidentemente. Pero también es la descripción de un hecho.

Church dio un paso adelante.

—El Cabildo de las Facciones es el cuerpo que suele celebrar los juicios para los crímenes contra el Precedente. ¿Por qué es la Cancillería de los Estratos la que se ocupa de ello aquí?

—No tengo ni idea —respondió Swan.

Pasándose una mano por la calva, Church dijo:

—Bueno, pues seré el representante legal del señor Solomon en su refutación de esas falsas acusaciones.

Swan miró a Church con gesto despectivo y luego a mí otra vez.

—Puede resultar bastante intimidatorio, por no decir arriesgado, presentarse ante los cancilleres de todas las épocas pasadas, señor Solomon. Le aconsejo que sopese sus opciones con mucha atención.

Doblé la citación y me la guardé en el bolsillo.

—Allí estaré. Hasta entonces, no quiero verte ni cerca del Caballo de Hierro.

Swan volvió a través de la barrera hacia su equipo, que aún tenía retenidas a varias semblanzas. Levantó una mano y los demás llevaron a James Baring hacia delante. Swan sopesó su aterrador faro.

Ni de coña iba a dejar que Baring ardiera igual que Bolan. Me volví hacia mis amigos.

—¿Estáis conmigo?

Ni siquiera asintieron, solo avanzaron hacia Swan y su equipo shiguano.