Canciones de los muertos (Las Guerras de los Estratos 1) Capítulo 18
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Capítulo 18

La luz del sol posee muchas de las características de la llama viva. Por su parte, la luz tanatúrgica, producida al quemar una piedra fantasma, es la que más desnuda el alma.

T HOMAS B LOOD , Amplitud de luz y sombra

A la tenue luz de la galería de lord Ashcroft, le sostuve la mirada a Emaline mientras mi mente rebosaba de canciones de protesta y guerra, de la música que había cambiado actitudes y creencias y había allanado el camino para cambios mayores, como la paz… y la tiranía.

Brach había entrado en el Caballo de Hierro como si le perteneciera, me había pedido que intentara ponerle fin a ciertos tipos de canciones y me había explicado qué música aprobaba él: la que hablaba de «verdades comunes».

—Menudo hijo de perra —dije—. ¿Cómo pretende Brach utilizar la música para su guerra?

—No nos ha explicado gran cosa —respondió Emaline—. Pero sabe que las nuevas perspectivas suelen llegarle a la gente en primer lugar mediante la música.

—Brach nos soltó un montón de idioteces sobre los comportamientos degenerados que inspira la música de arriba. Pero también nos habló de una canción que Henry le escribió para su hija, que había fallecido. Parecía creer que ese era el tipo correcto de canción.

Emaline miró hacia las muñecas de la vitrina.

—¿Has oído hablar de los Kindertransports ?

—Sí.

Los Kindertransports fueron un intento de rescate para sacar a niños judíos del territorio ocupado por Alemania y llevarlos a Gran Bretaña, poco antes de la Segunda Guerra Mundial. El Parlamento prescindió de los requisitos de visado y envió a los niños a hogares de acogida.

—Había una joven muy tímida en el Ministerio del Interior —prosiguió Emaline— cuyo trabajo era recibir las cincuenta libras que pagaban los aspirantes a padres adoptivos y ponerlos a todos en una lista.

Pero empezó a sospechar de tanta inundación de solicitudes, así que dedicaba las tardes a llamar a todos los candidatos para descalificar a los oportunistas industriales que buscaban trabajo infantil para sus fábricas.

Salvó a miles de niños de una vida infernal, de la muerte incluso.

¿Por casualidad sabes su nombre, también?

—Vas a decirme que fue la hija de Brach que murió, ¿verdad?

—Sí, y se llamaba Camilla Westbrook. —Emaline exhaló humo—.

Desapercibida para la historia, empezó a languidecer en los estratos.

Tu amigo el señor Wilkinson compuso esa canción porque quería conmemorarla en tu mundo y refrescar su existencia abajo.

Pero cada día se cargan cien mil canciones a vuestros servicios de música…

de modo que el espíritu bello y fuerte de Camilla y su importante recuerdo se desatendieron ahí arriba, y ella se desvaneció.

—Supongo que yo también me cabrearía.

—Brach la quería mucho.

Suspiré.

—Así que, por lo visto, Brach no solo se opone a las canciones que componemos, sino también al hecho de que nuestras canciones «malas» imposibilitan que se escuchen las canciones «adecuadas».

—Él las llamaría «no reguladas». Y por eso querrá reemplazarlo todo con música para su movimiento.

Conocía esa clase de canciones.

— La marsellesa fue el grito de libertad de la Revolución francesa.

Shostakóvich compuso ritmos y disonancias para impulsar el estalinismo.

Qué leches, hasta Bob Dylan, el cantante de su generación, revolucionó a los hippies para que guerrearan contra la guerra con canciones como Blowin’ in the Wind .

—Brach empezará por abolir las canciones de tu mundo que cambien la historia de quiénes somos.

—Emaline dio una calada a su cigarrillo—.

Y les dará la oportunidad a la gente de los estratos de exigir responsabilidades a los revisionistas históricos.

Pero a Brach no solo le importa la responsabilidad. También busca el control.

—¿De Londres?

Ella asintió.

—Para empezar.

—Mierda… eso son diez millones de personas. Por no mencionar la influencia global que tiene la ciudad. Oye, ¿no iba contra el Pacto del Enigma interferir con la vida de los humanos?

Emaline dio unos toquecitos al cigarro para tirar la ceniza al suelo abrillantado.

—Veo que alguien ha estado estudiando. Sí, pero Brach ya ha demostrado que no se dejará cohibir por la Ley del Precedente, ¿verdad?

—Al ordenar el atentado contra Henry, un tanaturgo —dije.

—Exacto. Y lo más importante de todo es que media Cancillería de los Estratos apoya la revolución de Brach.

Había leído alguna cosa sobre la Cancillería de los Estratos. Cada capa de los estratos nombraba a un canciller como representante suyo. Saqué el manual de campo y busqué la sección que hablaba de la cancillería. Emaline fumó mientras yo leía.

—Aquí pone que la cancillería debe ayudar a las facciones del Cabildo a defender la Ley del Precedente. ¿Cómo es posible, entonces, que la mitad apoyen a Brach?

—Porque también deben mirar por la seguridad de todos los habitantes de los estratos.

Y algunos cancilleres creen, como Brach, que asegurar los estratos requiere asegurar el mundo de arriba, ya que cuando tu mundo pasa por alto, olvida o tergiversa a la gente de los estratos, esta queda cambiada o disminuida.

Dejé que se me perdiera la mirada, intentando recordar algo más de mis lecturas. Ella exhaló más humo.

—¿Sabes quién fue John Lilburne? —me preguntó.

Daba la impresión de ser una prueba, pero no tenía ni idea.

—Su Acuerdo del pueblo fue una inspiración importante para la Constitución de tus Estados Unidos. ¿Qué me dices de Robin Hood?

Empecé a hablar, pero Emaline levantó el cigarrillo para silenciarme.

—Si tal persona existió en absoluto, lo más probable es que fuese un forajido que se quedaba con sus botines, que desde luego no los repartía con el campesinado. Pero hoy en día el mito lo tiene brincando de un lado a otro en calzas como un benefactor de los oprimidos.

—Vale, lo pillo. La historia es selectiva. La escriben los vencedores.

—No los vencedores, Jack, sino los vivos.

Y cuando la auténtica historia de los residentes de los estratos se corrompe, se refunde o se olvida, las semblanzas que le dieron vida empiezan a desaparecer, olvidadas incluso para sí mismas.

Y su posibilidad de seguir adelante a la siguiente vida desaparece con ella.

Por fin lo comprendía.

—Y, como los estratos están formados por vuestros recuerdos colectivos, los propios estratos se contraen.

Y así se pone en peligro el futuro de todo el mundo.

—Miré atrás y vi que Casio estaba mirando unos expositores de armaduras con la asistente de Emaline—.

¿Qué tiene que ver Henry con nada de esto?

—Brach está impaciente por comenzar su revolución, pero, pese a todos sus preparativos y planes, no tiene los suficientes efectivos para tomar Londres.

Cerré el libro y me lo guardé otra vez en el bolsillo.

—¿Y cree que apoderarse de los Peldaños Abismales lo ayudará a tenerlos y cargarse la ciudad?

—Necesita un ejército, sí, pero no para destruir Londres, sino para cambiarlo.

Y ese cambio, como te decía, empezará por la música.

La música de Brach llevará a un tipo de esclavitud que no requiere de ataduras: el control de las narrativas que subyacen a la forma de pensar y comportarse de la gente.

—O sea que todo va sobre atraer a la gente a su bando.

—Yo hasta lo llamaría coacción. Brach cree que hay una canción antigua que catalizará su revolución.

Una canción tan primordial que se compuso siglos antes de que se erigieran las primeras chozas de barro.

Brach quiere su poder, pero necesita acceder a los Peldaños Abismales para llegar al Estrato Antiguo y buscarla.

—Por eso está haciéndolo ahora —dije—, porque la guarda está moribunda.

Ella asintió.

—Y si consigue esa canción, no veo ninguna manera de que pueda llevar a cabo su plan sin que se pierda una cantidad inmensa de vidas.

Recordé las revoluciones que había estudiado.

—Puede que empiece reemplazando a los músicos, pero luego pasará a otros artistas, y después a historiadores, políticos, a cualquiera que influya en la opinión pública.

—Y a partir de entonces —convino Emaline—, esas profesiones difundirán solo su visión de cómo debería ser Londres.

—Todo el mundo bien dócil —susurré—. Y cualquier disidente…

—Brach no tolera la disidencia.

—¿Y cuál es el trabajo, entonces? —Casi habían vuelto a matarme tres veces en veinticuatro horas—. No creerás que tengo alguna posibilidad de enfrentarme a él.

—Claro que no. Quiero que me ayudes a demostrar que Brach fue el responsable de los disparos.

—¿De qué serviría?

Ella sonrió con paciencia.

—Por mucha manga ancha que le conceda a las comunidades tanatúrgicas de arriba y abajo, la Ley del Precedente es muy estricta en lo relativo a la violencia contra tanaturgos. El Cabildo y la Cancillería están obligados a hacerla cumplir.

—Así que, si demostramos que Brach hizo que disparasen a Henry, ¿la revolución desaparecerá con él? ¿Por qué no lo haces tú misma?

—A mí me vigilan demasiado de cerca. —Volvió a tirar ceniza al suelo.

Me pregunté si se consideraría de mala educación en los estratos, pero no lo mencioné—.

Además —siguió diciendo—, si me descubrieran traicionando al Shiguan, me condenarían a muerte, y también debo tener la mirada puesta en la vida después de Brach.

Recordé nuestro encuentro fuera del Caballo de Hierro.

—Has estado evaluándome. Se te ha ocurrido que yo podría…

Emaline ladeó la cabeza. Ese movimiento tan simple llevó sus ojos de color avellana a la luz directa y me hizo perder el hilo de mis pensamientos.