Canciones de los muertos (Las Guerras de los Estratos 1) Capítulo 7 #2
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Capítulo 7 #2

—No es solo su música, pero sí que comienza en ella.

—Brach dio un paso hacia mí—. Y no es solo por la música que crean ustedes, sino por toda la música que no está creándose mientras ustedes componen su basura, lo cual, en última instancia, significa que su mundo no está escuchando las canciones adecuadas.

—¿Las canciones adecuadas? —repetí.

Brach dio un bufido.

—Su abandono y su revisionismo de nuestro mundo está matando los estratos. Llega allí en los recuerdos de los recién muertos. Impregna la tierra y se precipita al subsuelo. Quienes viven abajo empiezan a clamar por una rectificación.

No conseguía que me entrara en la cabeza todo lo que estaba diciendo ese hombre. Pero una parte sí que la comprendía bastante bien.

—Quiere controlar qué clase de canciones podemos componer. ¿Es una de las desavenencias entre usted y Henry? ¿Quizá algo por lo que está enfadado con él?

Brach compuso una débil sonrisa.

—Libérese de esas sospechas, señor Solomon.

Ya sabe que los míos se cuentan entre la poca gente que está buscando a Henry.

No, al contrario que en su mundo de hoy, un desacuerdo entre Henry y yo jamás ha significado un odio recíproco.

Y una cosa en la que jamás hemos diferido era la necesidad de mantener una guarda fuerte con objeto de preservar el equilibrio entre los mundos superior e inferior.

Miré de nuevo hacia mis amigos.

—Aun así, se equivoca de gente si va a pedirnos que le ayudemos a reprimir qué clases de canciones cantamos. Estoy bastante seguro de que Henry le dijo lo mismo.

—Eso, y no se ofenda, padre —añadió Chuey—, pero allá en casa John Denver tampoco tragó con algo parecido. Y eso que lo obligaron a testificar en el Senado y todo. A él, a Zappa y a los Twisted Sister.

—Qué congresual todo —respondió Brach—. Que yo recuerde, Twisted Sister estuvieron acusados de fomentar el sadomasoquismo, el bondage y la violación.

Sus Insane Clown Posse inspiraron a unos seguidores a quemar y desmembrar a una joven.

Sus Judas Priest y su Ozzy Osbourne han sido motivo de suicidio en fans.

Y eso sin llegar siquiera a hablar de obscenidad sexual, de promover la violencia contra la autoridad o de defender directamente el asesinato, que son cosas muy presentes en todas las variedades de su música.

¿De verdad es ese el estilo que quieren abanderar ustedes?

—Esos datos no los conoce casi nadie —comentó Chuey.

—Me esfuerzo en estudiar todos los tipos de música de todas las eras —dijo Brach—. Como también hace mi gente, los shiguanos.

Dama negó con la cabeza.

—El informe de las autoridades sanitarias estadounidenses concluyó que esos actos violentos los cometieron personas que ya eran inestables de antes.

—Y es más que eso. —Pasé el dedo por mis gomas elásticas—. La música agresiva ayuda a algunos aficionados a controlar su ira y les impide dañar a otros… y a sí mismos.

Brach guardó silencio un momento.

—Cuando falleció mi hija mayor, Camilla, estaba fuera de mí por el dolor.

Como músico, busqué el alivio en las canciones, cosa con la que imagino que empatizarán.

Pero nada funcionó hasta que apareció Henry con su violín.

Había compuesto una pieza dedicada a ella.

Un dueto, para más señas. Me sumé a él con mi viola y tocamos juntos en su recuerdo.

No acabó con el dolor, pero sí que ayudó. Henry siempre ayuda.

—Lamento mucho lo de su hija —dije, y era verdad.

Brach asintió.

—En todo caso, mi única potestad es la de aconsejar. Pero sí que voy a decirles que en los estratos hemos empezado a apreciar la valía de concentrarnos solo en canciones como la de Henry, en canciones que nos unen, que nos ayudan a recordar y que hablan de verdades comunes.

Me lo quedé mirando.

—¿Se refiere a algo en plan «Todo el arte para el Shiguan»?

Brach frunció el ceño.

—Le recomiendo contener la lengua respecto a cosas de las que apenas sabe nada.

—Tiene razón —dije—. Lo siento.

—Decida lo que decida —prosiguió Brach—, yo seguiré haciendo cuanto sea necesario para proteger los estratos y a la gente que mora en ellos. Y agradecería su ayuda, si tiene usted a bien prestármela.

—¿En qué consistiría? —pregunté.

—Muy sencillo. —Brach me tendió una mano para estrechármela—. Queda formalmente invitado a unirse al Shiguan.

—¿Eso es como una pandilla? —intervino Chuey.

Brach hizo una mueca.

—No, no es como una pandilla. Y hacerlo le proporcionaría los recursos añadidos que necesita para proteger el Caballo de Hierro.

Yo tenía los libros de Henry, pero poco más.

—¿Church? —pregunté.

—Es cierto que el Shiguan tiene la mayor colección conocida de textos arcanos en todos los estratos —dijo Church—. Por no mencionar la formación y los recursos que podríamos necesitar.

—Pueden unirse todos —añadió Brach—, lo cual sería de un valor inestimable para nuestra búsqueda de Henry. Incluso podrían liderar esa misión, si lo desean.

No extendí la mano de inmediato para aceptar la oferta de Brach.

—En cambio, si prefieren ir por su cuenta —dijo Brach, y su voz se volvió más grave y dura—, les aconsejaré que no compliquen nuestra búsqueda.

Lo que pasaba era que nunca me había gustado mucho unirme a cosas, supongo. Además, no conseguía interpretar las intenciones del colega, y eso me molestaba.

—Le agradezco la oferta, pero creo que es mejor que pruebe a pillarle el tranquillo a esto de ser tanaturgo como bien pueda hasta que vuelva Henry.

Brach bajó la mano muy despacio.

—Lo considero una imprudencia por su parte, señor Solomon. Pero, en caso de que necesite cualquier cosa, por favor sepa que estoy a su disposición.

Saltaba a la vista que lo había cabreado, y quizá acababa de rechazar nuestra mejor oportunidad de encontrar a Henry. Pero en aquellos momentos lo único a lo que podía recurrir era mi instinto.

Brach sacó de su bolsa un cuchillo negro y un carrete de hilo y desenrolló un palmo. Al cortarlo, destelló un chispazo de luz dorada. Me entregó el trozo de cordelito.

—Para su amigo velado.

Sabía por mis lecturas que «velado» significaba «auténtico mortal».

—Hágale una pulsera de reflejo —añadió Brach— para que pueda ver el mundo tanatúrgico. De lo contrario, correrá peligro, y posiblemente se lo hará correr a los demás. Aunque, ahora que lo pienso, me han tomado por cosas peores que un sacerdote.

Chuey me miró y se encogió de hombros.

—Y, por nuestra parte —prosiguió Brach—, el Shiguan buscará sin descanso hasta que Henry aparezca.

Pasó junto a mí a zancadas, haciendo oscilar la vela de las llamas de camino hacia la puerta. Al llegar, se detuvo un momento y me miró con una sonrisa que tampoco supe interpretar antes de desaparecer entre la multitud de fuera.