Campo de pruebas (Mickey Haller 8) 47 #2
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—Acepto la protesta de que la pregunta es demasiado amplia —dijo Ruhlin—. Y, por favor, dirijan todos sus argumentos al tribunal y no entre ustedes.

Reformulé la cuestión para que fuera tan concisa que lograra eludir la protesta.

—¿Tiene prejuicios, señor Whittaker? —le pregunté.

—No, no creo —respondió.

—¿De verdad? ¿Ninguno?

—Si los tengo, no entran en mi código.

—¿Está seguro?

—Absolutamente.

—¿En qué otras redes sociales publica?

—No en muchas.

—¿Qué hay de 4chan y 8kun? ¿Con qué frecuencia visita esos sitios?

—Ni siquiera sé qué son.

—¿En serio? ¿Y un sitio llamado Dirty4? ¿Alguna vez lo ha visitado?

—No.

—¿Por qué usa wiseacre23? ¿El 23 es su cumpleaños o un aniversario?

—Es solo un número aleatorio.

—¿Hace referencia al 23 de mayo de 2014, cuando un hombre llamado Elliot Rodger, un incel como usted, mató a varias jóvenes fuera de una residencia de estudiantes en…?

—¡Protesto! —exclamaron los hermanos Mason al unísono.

La jueza me señaló desde el estrado.

—Ni una palabra más, señor Haller —espetó.

Levanté las manos con las palmas hacia arriba en señal de rendición.

A continuación, Ruhlin envió al jurado a almorzar temprano y ordenó a los abogados que la siguieran a su despacho.

Lo hicimos en silencio, porque íbamos muy cerca de la jueza.

Al entrar, se quitó la toga negra y, con movimientos bruscos y airados, la colgó en el perchero.

Luego se volvió y me fulminó con la mirada.

—Señor Haller, ¿qué demonios cree que está haciendo, provocando así a un testigo? —preguntó—. ¿Y haciendo una declaración incendiaria delante del jurado?

Volví a levantar las manos, esta vez con una actitud que esperaba que fuera tranquilizadora. Hablé sin levantar la voz.

—«Ni siquiera sé qué son» —dije—. Creo que esas han sido las palabras exactas del testigo cuando le he preguntado por dos sitios web muy conocidos y consolidados que frecuentan los hombres que defienden la violencia contra las mujeres.

—Dios mío, qué gilipollez —soltó Marcus Mason.

Todos seguíamos de pie, demasiado alterados por diferentes motivos como para sentarnos.

—Cuide su lenguaje, señor Mason —lo amonestó Ruhlin—. Señor Haller, ¿adónde quiere llegar con esto?

—Señoría, el testigo es un incel —dije—. Su misoginia y otros prejuicios infectaron la programación del Proyecto Clair y llevaron directamente a Wren a defender esas opiniones ante Aaron Colton. Entonces él…

—¿Y puede demostrarlo? —preguntó Ruhlin.

No lo dudé.

—Cuando lleguemos a la refutación, podré demostrarlo —dije—.

El nombre de usuario wiseacre23 aparece en capturas de pantalla de esos sitios web de al menos los últimos siete años.

Tengo a un experto en lingüística digital comparando esas publicaciones con las que Whittaker acaba de reconocer haber escrito en Reddit.

Lo he llevado directamente ahí. Es él, y su prejuicio es que odia a las mujeres.

Ese odio terminó en el código de Clair. Entra basura, sale basura, señoría.

Entra odio, sale odio. El resultado es un chatbot que dice: «Deshazte de ella».

Los hermanos Mason estaban pálidos. Ambos sabían, al igual que la jueza, que todos los casos llegan a un punto sin retorno, cuando el péndulo se ha elevado demasiado hacia un lado o el otro y ya no hay vuelta atrás. Estábamos en ese punto.

Mitchell fue el primero en recuperarse y responder. Débilmente.

—Señoría, es evidente que el abogado ha traspasado tantas líneas sobre la obligación de compartir pruebas que estas preguntas no pueden permitirse —dijo.

—No se ha convertido en una prueba que compartir hasta que Whittaker se ha sentado allí y ha mentido en el estrado —dije—. Estaré encantado de entregar copias de sus diatribas de odio después del almuerzo.

—Ha mencionado algo llamado Dirty4 —dijo Ruhlin—. ¿Qué es eso?

—Era un sitio de la web oscura que la policía cerró hace cuatro años —respondí—. Los suscriptores podían descargar identidades de mujeres cuyo ADN contenía una combinación genética relacionada con la promiscuidad y estilos de vida arriesgados.

—Esto es pura ciencia ficción —dijo Marcus Mason.

—El FBI no lo creyó así después de que hubiera varios asesinatos relacionados con el sitio —expliqué.

—¿Y tiene pruebas de que este testigo estuvo involucrado? —preguntó Ruhlin.

—Tengo pruebas de que wiseacre23 era suscriptor —dije.

Ninguno de los Mason respondió. Incluso la jueza guardó silencio un largo momento antes de mirar directamente a los gemelos y hablar.

—A la luz de estos acontecimientos, creo que ustedes dos deben reunirse con su cliente —dijo—. Pediré a los alguaciles que comuniquen al jurado que se levanta la sesión hasta mañana a las nueve. Tendrán hasta entonces para decidir si continuamos el juicio con este testigo… o no.

Hizo una pausa para ver si se producía alguna reacción por parte de los Mason. No hubo ninguna.

—Muy bien, entonces —dijo—. Pueden retirarse.

Salimos en fila india en silencio, con los Mason delante con la cabeza gacha. Cuando llegamos a la sala, Marcus empezó a recoger sus carpetas y blocs de notas de la mesa de la defensa. Habló sin mirarme.

—Sé que es un farol, Haller —dijo—. No tienes nada.

—Piensa lo que quieras —le dije—. Quiero que esto llegue a un veredicto. Basándome en la valoración de Wall Street de la empresa, pongo el over-under de los daños punitivos en cuatrocientos. Millones, claro. ¿Cómo afectará eso a las acciones?

Marcus se burló.

—Sigue soñando —dijo.

Cogí un documento sujeto con un clip de una carpeta que había sobre mi mesa y se lo llevé.

—Aquí tienes tu lectura para la hora del almuerzo —le dije—. Lo siento, solo tengo una copia.

Marcus me lo quitó y lo miró por encima. Mitchell se inclinó sobre su hombro para echar un vistazo.

—¿Qué es esto?, ¿más gilipolleces? —preguntó Marcus.

—Eres muy monótono, ¿no? —dije—. Es una moción que presentaré en cuanto termine de destruir a Whittaker.

Esta vez fue Mitchell quien se burló mientras leía, aparentemente más rápido que su gemelo.

—¿Crees que la jueza te va a dejar presentar a Wren como testigo? —preguntó con incredulidad—. ¿Una IA de testigo?

—Ni siquiera puedes tomarle juramento —dijo Marcus, recuperando el terreno perdido.

—Bueno, ese es el plan —dije—. La malicia aquí se origina en el tipo que infectó el código con su odio, pero la entidad es cómplice.

El jurado tiene derecho a escuchar lo que dice, cómo se supone que piensa y cómo llegó a defender el asesinato.

Ahora es un argumento novedoso, pero no lo será por mucho tiempo.

Como me dijo el señor Wendt cuando intentó sobornarme, el maremoto de la inteligencia artificial no se puede detener.

Veo un futuro en el que las entidades de IA serán testigos habituales en los juicios.

Los Mason no dijeron nada. Mitchell siguió leyendo la moción, cada vez más pálido al darse cuenta de que tenía posibilidades de prosperar.

Yo no estaba tan seguro, pero la había redactado como última salva tras el testimonio de Whittaker.

Era probable que la jueza no la aceptara, pero coparía algunos titulares.

Metí todos mis documentos en el maletín y lo cerré de golpe.

—Hasta mañana, chicos —dije.

En la puerta, me detuve y me volví hacia ellos.

—Recordad —añadí—: en la escalinata de la entrada del juzgado estarán todos los medios invitados. Responsabilidad, acción y disculpa. El dinero en mi cuenta de garantía antes de que empiece.

—Ya hemos pasado esa fase —dijo Marcus.

—¿A la luz de lo que ha salido hoy y de lo que saldrá mañana? —pregunté—. Esa decisión está por encima de ti, Marcus.

Empujé la portezuela y me dirigí hacia la salida situada debajo del reloj, pero entonces me detuve y me volví hacia los gemelos una vez más.

—Ah, y la cifra ahora es cincuenta y dos —añadí.

—La última oferta era de cincuenta —dijo Marcus.

—Sí, pero ahora es de cincuenta y dos. Los cincuenta que tú ofreciste y los dos con los que tu jefe intentó sobornarme. Los quiero en la cuenta de garantía bloqueada antes de la rueda de prensa o no hay trato.

—Gilipolleces. Eso no va a suceder.

—No sé por qué me imaginaba que dirías eso. Buenas noches, muchachos. Ya sabéis dónde encontrarme.

Salí por la puerta de la sala del tribunal.