Campo de pruebas (Mickey Haller 8) 46
92%

46

Las partes del juicio de Tidalwaiv permanecieron sentadas tras las mesas de la sala durante cuarenta y cinco minutos el lunes por la mañana mientras Ruhlin hablaba en privado en su despacho con la jurado número once.

Cuando esta pasó por la puerta que daba acceso al espacio del secretario del tribunal y continuó hasta la entrada de la sala de reuniones del jurado, me hice una idea de cómo iba a fallar la jueza sobre los asuntos que se estaban juzgando.

A las diez de la mañana, Ruhlin ocupó el estrado y abordó rápidamente las cuestiones pendientes antes de hacer pasar al jurado para continuar con el juicio.

—He hablado con la jurado número once y estoy convencida de que no se ha producido ningún daño a la integridad del jurado —anunció—.

Permanecerá en el grupo. La moción de la defensa para que se declare nulo el juicio también queda denegada por este tribunal.

La jurado número once dio negativo en la prueba de covid ayer por la mañana y ningún otro jurado ha dado positivo.

El alguacil hará pasar a todos los miembros para que podamos continuar con el caso Randolph contra Tidalwaiv LLC.

Me volví y asentí con la cabeza a Brenda Randolph; luego miré hacia la primera fila de la galería, donde estaban sentados Lorna y Jack. Le hice un gesto a mi exmujer para que pidiera a Cisco que trajera al siguiente testigo. Cuando me volví, Mitchell Mason se levantó para dirigirse al tribunal.

—Señoría, ¿puedo intervenir? —preguntó.

—No, no puede, señor Mason —respondió Ruhlin—. No vamos a volver a litigar sobre este asunto. He dictado mi resolución y el juicio va a continuar. El jurado está entrando.

Cinco minutos más tarde, Nathan Whittaker prestó juramento y se sentó en el estrado de los testigos, frente al jurado.

Era el momento para el que había estado preparándome desde que Naomi Kitchens mencionó que era programador del Proyecto Clair.

Creía que el caso podía decidirse solo con el testimonio de Whittaker.

Él era la primera parte de un uno-dos al final de mi caso con el que esperaba conseguir el KO.

El tipo aparentaba treinta y pocos años, llevaba gafas, el pelo negro y liso recogido en un moño, y las sienes rapadas. Daba la impresión de ser un hombre que pasaba mucho tiempo delante del espejo, trabajando su aspecto.

—Señor Whittaker, gracias por estar aquí —comencé—. ¿Puede decirle al jurado a qué se dedica?

—Soy programador de inteligencia artificial —respondió él.

—¿Podría acercarse un poco más el micrófono para que lo oigamos todos?

Whittaker lo hizo.

—Programador de IA —dije—. ¿Es lo mismo que un codificador?

—Sí, así es —contestó—. El código es una parte importante de la programación en general.

—¿Y para quién trabaja?

—Para Tidalwaiv.

—La empresa tiene su sede en Palo Alto. ¿Es ahí donde reside?

—No, vivo en San Mateo. No muy lejos.

—¿Cuánto tiempo lleva trabajando en Tidalwaiv?

—Once años.

—¿Y qué edad tiene?

—Treinta y tres.

—¿Tidalwaiv es la única empresa en la que ha trabajado desde que salió de la universidad?

—Sí, así es.

—¿Dónde estudió?

—En Stanford.

—¿Está casado?

—No sé qué tiene eso que ver, pero no, no estoy casado.

—¿Fue programador en el Proyecto Clair?

—Sí, así es.

—¿Durante cuánto tiempo?

—Casi siete años.

—¿Desde el inicio del proyecto?

—No, yo llegué después. La arquitectura ya estaba construida y empecé durante la fase de programación.

—¿Eso también se conoce como la «fase de entrenamiento»?

—A veces lo llaman así. Entrenamiento y pruebas.

—Pero el Proyecto Clair continúa, ¿verdad? Nunca se detiene.

—Se sigue supervisando y manteniendo, si es eso lo que quiere decir.

—Es exactamente lo que quiero decir. Pero usted ya no forma parte del Proyecto Clair, ¿verdad?

—Correcto de nuevo. Es como si estuviera haciendo preguntas de las que ya conoce las respuestas.

Whittaker sonrió y yo le devolví la sonrisa.

Si lo que le había preguntado ya le había molestado, iba a tener un día largo.

Miré al jurado para asegurarme de que todos prestaban atención.

Solo un miembro del jurado tenía la cabeza gacha, y era porque estaba escribiendo en su cuaderno.

Esperaba que fuera una nota sobre su impresión negativa de Whittaker.

Volví a mirar al testigo, listo para una vuelta de tuerca más.

—Señor Whittaker, ¿por qué lo sacaron del Proyecto Clair después de siete años?

—No me sacaron: me trasladaron a otro proyecto en el que necesitaban programadores.

—Entonces, ¿fue un ascenso?

—Fue un traslado lateral, pero a un proyecto más importante.

—¿En serio? ¿Qué era más importante que programar una amiga virtual de IA para niños?

—Me refiero a que era más importante para la empresa desde el punto de vista económico.

—¿Y cuál era ese proyecto?

—La respuesta a su pregunta revelaría información confidencial, lo cual no puedo hacer en público, a menos que Tidalwaiv me dé permiso.

Lo dijo de una manera claramente ensayada que sin duda los miembros del jurado notaron.

—No queremos que revele secretos de la empresa, señor Whittaker —dije—. Sigamos adelante. ¿Cuándo se produjo ese traslado del Proyecto Clair a este proyecto secreto en el que trabaja ahora?

—No es secreto dentro de la empresa —respondió Whittaker.

—Entendido. Solo lo es para el público. ¿Puede…?

Mitchell Mason protestó por la crítica que supuestamente estaba inyectando a mis preguntas. La jueza Ruhlin me aconsejó que me asegurara de que las frases que dirigía al testigo tuvieran los signos de interrogación correspondientes.

—Lo haré, señoría —dije—. Señor Whittaker, ¿podría responder a la pregunta? ¿Cuándo fue trasladado del Proyecto Clair a su puesto actual en Tidalwaiv?

—Hará un año y medio —contestó.

—¿Puede ser más preciso?

—Eh, empecé el año 2024 en el nuevo puesto.

—Eso sería unos tres meses después del asesinato de Rebecca Randolph, ¿correcto?

—Si usted lo dice… No sé la fecha, porque no tuvo nada que ver con mi traslado al nuevo proyecto.

—Bueno, veamos. Si comenzó el año pasado en el nuevo puesto, ¿lo informaron del traslado antes de, digamos, diciembre de 2023?

—Para ser sincero, no lo recuerdo. Como he dicho, una cosa no tenía nada que ver con la otra.

—Entonces, déjeme preguntarle esto, ya que dice que está siendo sincero. ¿Cuándo…?

Mitchell Mason se levantó rápidamente y protestó por el tono sarcástico que había empleado en mi pregunta inconclusa.

—Señor Haller, se lo he advertido —dijo Ruhlin—. Sea cortés y conciso con sus preguntas. No es necesario hacer insinuaciones.

—Sí, señoría —dije—. Mis disculpas si me he dejado llevar.

Eché un vistazo al jurado para asegurarme de que seguían prestando atención antes de volver a dirigirme a Whittaker. Si Mitchell Mason ya estaba molesto por mi sarcasmo, iba a enfurecerse con lo que diría a continuación.

—Señor Whittaker, ¿sabía usted que, en diciembre de 2023, un mes antes de que se produjera su traslado, se presentó una demanda contra Tidalwaiv alegando negligencia grave y responsabilidad del producto en la muerte de Rebecca Randolph?

—¡No, no lo sabía!

Whittaker lo dijo en voz muy alta, con demasiada brusquedad y arrogancia como para que pudiera interpretarse como otra cosa que una respuesta ensayada. Era lo que esperaba.

—Entonces, ¿cuándo se enteró de esta demanda? —pregunté.

—Eh, no lo recuerdo exactamente —respondió Whittaker.

—Así que recuerda muy bien que su traslado no tuvo nada que ver con la demanda, pero no recuerda cuándo se enteró de su existencia, ¿es así?

Mitchell volvió a protestar, alegando que estaba acosando al testigo, pero Ruhlin lo desestimó rápidamente y le pidió que respondiera.

—Es solo que no recuerdo las fechas exactas —dijo Whittaker—. ¿Por qué son tan importantes?

—Señor Whittaker, el procedimiento es que yo le haga las preguntas —respondí.

—De acuerdo. Entonces, pregunte.

—Muy bien, aquí va una pregunta. ¿Le dijeron que lo trasladaban del Proyecto Clair porque era un estorbo en esta demanda y…?

—¡No!

—… que intentaban ocultarlo del escrutinio público?

—¡Eso es mentira!

Los dos hermanos Mason se levantaron de un salto para protestar y la jueza pidió silencio en la sala; luego hizo una señal a los abogados para que se acercaran. Encendió el dispositivo de ruido blanco para que el jurado no nos oyera.

—Bien, hay mucho nerviosismo aquí —comenzó—. No quiero que las cosas se descontrolen delante del jurado.

—Señoría, está provocando al testigo con cada pregunta —dijo Marcus Mason.

—Estoy haciendo preguntas que requieren una respuesta —repuse—. Este hombre es el centro de este caso, señoría. No voy a ser indulgente con el tipo que…

—Vale, vale —me interrumpió Ruhlin—. Entiendo la importancia de este testigo, pero también que es bastante volátil. Está caminando por una línea muy fina, señor Haller. No voy a convertir este juicio en una pelea sin reglas. ¿Queda claro?

—Señoría, lo entiendo —dije—, pero tengo muchas preguntas para este hombre y algunas no le van a gustar. Y a sus abogados tampoco.

—¡Nosotros no somos sus abogados! —exclamó Marcus.

—Lo han preparado para este interrogatorio —dije—. Está en sus manos.

—De acuerdo, basta ya —intervino Ruhlin—. No vamos a entrar en una disputa por eso. Vamos a tomarnos un descanso y espero que después vuelvan a la sala con la cabeza más fría. Retrocedan, por favor.

Volvimos a nuestras respectivas mesas y la jueza decretó un receso de quince minutos.

—Lamento que no sea tiempo suficiente para salir del edificio a tomar el aire —dijo Ruhlin al jurado—, pero estiren las piernas, vayan al baño si lo necesitan y regresen en quince minutos para continuar con el testimonio.

Recuerden las advertencias: no hablen del caso entre ustedes ni con nadie más. Gracias.

Me quedé sentado con mi clienta mientras la sala se vaciaba.

—¿Cree que este hombre es responsable? —me preguntó Brenda.

Me volví para mirarla.

—Sí, eso creo —susurré.

—Pero tenía que haber muchos programadores en el proyecto. ¿Cómo puede ser él el único responsable?

—No es el único, Brenda, pero él representa la negligencia de la empresa. Eso es todo lo que tenemos que transmitir al jurado. Es la teoría de la manzana podrida. Estamos diciendo que una manzana podrida, o sea, Whittaker, echa a perder toda la caja. Si conseguimos transmitir ese mensaje al jurado…

—¿Ganaremos?

—Así es. Ganaremos.