37 #2
Marcus Mason se levantó de un salto y protestó antes de que yo terminara la pregunta.
—Supone hechos que no están probados —dijo.
—Ni siquiera he terminado de exponer los hechos ni la pregunta —repuse.
—Estaba claro adónde quería llegar, señor Haller —dijo Ruhlin—. Reformule la pregunta.
—Gracias.
Bajé la vista hacia mis notas y preguntas. Ya la tenía escrita de la manera adecuada.
—Brenda, ¿en algún momento le dijeron que la investigación del asesinato de su hija se centraba en la relación de Aaron Colton con una amiga virtual de IA?
Mason volvió a esgrimir el mismo motivo, pero la jueza rápidamente desestimó la protesta y le dijo a Brenda que podía responder.
—Sí, los detectives Clarke y Rodríguez me dijeron que estaban centrándose en eso —respondió ella.
—¿Y la mantuvieron informada sobre esa parte de la investigación? —pregunté.
—Sí, así es. Me dijeron que habían accedido al ordenador portátil de Aaron y que había conversaciones con la IA que indicaban que lo había animado a hacer daño a Becca.
Una vez más, hubo una protesta por parte de la defensa, y, una vez más, fue desestimada.
—Brenda, ¿por qué presentó esta demanda contra Tidalwaiv? —Era mi última pregunta.
—Porque creo que son responsables de convertir a Aaron Colton en un asesino —respondió Brenda—. Por lo tanto, creo que Tidalwaiv es responsable de la muerte de mi hija.
Asentí con la cabeza mientras tachaba la cuestión de mi libreta.
—No hay más preguntas, señoría —dije.
Esperaba que los Mason se contuvieran y no interrogaran a la madre afligida, pero Mitchell Mason se dirigió inmediatamente al atril cuando me alejé.
—Solo unas preguntas, señoría —dijo—. Señora Randolph, la acompaño en el sentimiento. ¿Puede decirle al tribunal si su hija le contó que a Aaron Colton lo habían expulsado temporalmente del colegio mientras ella mantenía una relación con él?
Brenda me lanzó una rápida mirada antes de contestar.
—Sí, me lo dijo.
—¿Le habló de por qué lo habían expulsado? —preguntó Mason.
—Dijo que se produjo una discusión cuando acusaron a Aaron de copiar y que él empujó a la profesora delante de toda la clase.
—¿Le preocupó la seguridad de su hija cuando se enteró de este arrebato violento?
Podría haber protestado por la descripción que había hecho Mason del incidente, pero no habría importado. El jurado ya lo había oído.
—No —dijo Brenda—, porque no creí que tuviera nada que ver con Rebecca ni con su relación.
—¿Así que no le dijo que rompiera con él después de que agrediera a una profesora?
—No, no se lo dije.
—¿Se arrepiente ahora?
—Me arrepiento de todo, señor Mason, pero, si me pregunta si creo que las cosas podrían haber sido diferentes si mi hija hubiera roto con Aaron en aquel momento, mi respuesta es que nunca lo sabré. ¿Cómo iba a saberlo? Fue antes de que Wren le dijera lo que tenía que hacer, así que tal vez…
—Gracias, señora Randolph, ha respondido a la pregunta.
Permítame que le plantee otra cuestión: cuando los detectives le hablaron sobre el foco de su investigación, ¿le dijeron que también estaban barajando la posibilidad de que Aaron hubiera actuado en un arranque de celos porque su hija tenía un nuevo novio?
—No. Ella no tenía un nuevo novio.
—¿No salía con un compañero de clase llamado Sam Bradley?
—Había ido con él a un partido de fútbol americano. Eso no lo convertía en su novio.
—¿Es posible que usted no supiera nada del nuevo novio de su hija?
Esta vez fui yo el que protestó.
—Señoría, la testigo ya ha declarado que ese otro chico no se consideraba un novio en el momento al que se refiere la pregunta del abogado —dije—. Ahora el abogado da un giro y de repente lo llama «novio».
—Se acepta —contestó Ruhlin—. Señor Mason, reformule su pregunta.
En su lugar, Mason solicitó a la jueza permiso para mostrarle a Brenda una fotografía de un objeto que la oficina del forense había retirado del cadáver de su hija.
A pesar de mi protesta, se concedió el permiso.
Mason me entregó una copia antes de darle otra al secretario y una tercera a Brenda.
Era una foto de una pulsera de cuentas. Tres de ellas formaban la palabra «SAM», seguida de otra con un corazón.
—Señora Randolph, ¿sabía usted que su hija llevaba esa pulsera en el momento de su muerte? —preguntó Mason.
—Tenía muchas pulseras como esa —respondió Brenda—. Son pulseras de la amistad que los fans de Taylor Swift se intercambian constantemente.
—¿Con el nombre de Sam y un corazón?
—Ella las hacía, las deshacía y las volvía a hacer muy a menudo. Yo todavía llevo una que me hizo. Pone «Becca».
Levantó el brazo para mostrarla. Vi que una de las mujeres del jurado reaccionaba ante el triste recordatorio de lo que Brenda había perdido.
—No quiere decir que fuera su novio —continuó—. Habían ido juntos a un partido de fútbol americano.
—¿Y publicó su hija una foto de los dos, un selfi tomado con su teléfono, en sus redes sociales después de ese partido? —preguntó Mason.
—Puede ser, no lo sé. Pero eso no significaba…
—Gracias por su respuesta. Señora Randolph, se lo volveré a preguntar: ¿le dijeron los detectives que los celos de Aaron Colton hacia este otro chico podrían haber influido en el motivo del tiroteo que le costó la vida a su hija?
—No. Solo mencionaron el…
—Gracias, señora Randolph, ha respondido la pregunta.
Mason estaba claramente tratando de sentar las bases para argumentar que los celos fueron el motivo de Aaron Colton para matar a Becca Randolph, un motivo que no necesitaba el estímulo de una amiga virtual.
Sabía que eso solo funcionaría si Mason tenía algo más que añadir, y mi conjetura era que ese añadido podría ofrecerlo el testimonio de Bruce o Trisha Colton.
—Tengo una última pregunta —dijo Mason—. ¿Ha presentado una demanda contra Smith and Wesson, la empresa que fabricó el arma utilizada para disparar a su hija?
Ahí estaba: uno de los argumentos clave de la defensa resumido en una pregunta. El mensaje al jurado era que, si la empresa que fabricó el arma no era responsable del asesinato, tampoco lo era la que creó el chatbot. No era una comparación válida, pero a los Mason no les preocupaba eso.
Habíamos previsto que la pregunta surgiría de una forma o de otra. Brenda tenía preparada una respuesta.
—Todavía no —contestó.
Mason lo dejó ahí y le dijo a la jueza que había terminado con Brenda.
Había sido un interrogatorio hábil por parte del hermano que yo consideraba el menos capacitado de los dos.
Con solo unas pocas preguntas, había planteado la posibilidad de un motivo alternativo para el asesinato de Rebecca Randolph.
Me tocaba enterrarlo con pruebas de lo contrario.