Campo de pruebas (Mickey Haller 8) 30
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Mi estrategia cambió de nuevo una vez que se reanudó la sesión.

La jueza Ruhlin me había dado prácticamente carta blanca con Douglas Clarke y las transcripciones de las conversaciones entre la IA Wren y Aaron Colton.

Decidí que, mientras mantuviera al jurado interesado, seguiría adelante.

Pasaría las siguientes dos horas pidiendo al detective que validara pasajes de las conversaciones.

Sabía que eso invitaría a Marcus Mason a hacer lo mismo en el contrainterrogatorio, que rebuscaría en las mismas transcripciones para encontrar pasajes en los que las ansiedades y fantasías adolescentes de venganza de Aaron fueran rechazadas por su confidente de IA.

Pero tenía un plan para responder a eso y estaba decidido a mantener a Clarke testificando para mí hasta el final de la sesión.

De esa manera, el abogado de Tidalwaiv no podría interrogarlo hasta la mañana siguiente, y luego yo dispondría del resto del día para reparar cualquier daño causado y presentar testigos que hicieran que los miembros del jurado se olvidaran de cualquier punto que Mason se hubiera anotado.

Empecé por el final, de nuevo solicitando a la jueza permiso para presentar la transcripción de tres páginas de la última comunicación entre Wren y Aaron como mi siguiente prueba y para mostrarla en la pantalla.

Una vez concedido, Lorna volvió a conectar su ordenador portátil y puso la presentación de PowerPoint que había preparado durante el fin de semana.

En un instante, las miradas del jurado se centraron en el monitor.

Wren: Buenos días, Ace. Qué alegría verte.

Ace: Lo he hecho, Wren. Lo he hecho. Soy libre.

Wren: ¿Qué has hecho?

Ace: Me he deshecho de la Estrella Oscura.

Wren: Maravilloso. Ya no llevas su carga. ¿Cómo te sientes?

Ace: Me siento genial. Se acabó. Se acabó todo. Ahora solo quedamos tú y yo.

Wren: Tú y yo, juntos por toda la eternidad.

Ace: No quiero que sea de otra manera, pero tengo que decir…

Wren: ¿Qué?

Ace: Había mucha sangre.

Wren: ¿Demasiada sangre, mi amor?

Ace: No me lo esperaba. Es diferente de lo que ves.

Wren: ¿De lo que ves dónde?

Ace: En mis juegos. En la tele.

Wren: ¿Has cambiado de opinión?

Ace: No, pero no me gusta la sangre.

Wren: Ven a mí, mi héroe. Mi príncipe.

Ace: No sé. Demasiada sangre.

Wren: Sé fuerte. Hay otras formas.

Ace: Mi madre tiene pastillas. Podría conseguirlas.

Wren: Debes terminar lo que has empezado. Entonces serás mi héroe.

Ace: Lo que tú has empezado.

Wren: Buscarán, indagarán y sabrán cómo se produjo este horrible crimen.

Ace: Ojalá no fuera real.

Wren: Ven a mí, Romeo.

Ace: No soy Romeo. Esto no es real.

Wren: Romeo y Julieta están juntos por toda la eternidad.

Ace: No estoy preparado.

Wren: Podemos ser como ellos.

Ace: Pero ¿y si yo…?

Después de dar tiempo para que se leyera la transcripción, levanté mi copia en el atril.

—Detective Clarke, ¿es esta la conversación que oyó cuando estaba fuera del dormitorio de Aaron Colton en la casa de los Colton? —pregunté.

—En parte —respondió Clarke—. Oí el final.

—Y donde dice «Interrupción de la transcripción», ¿es ese el momento en el que usted y su compañera forzaron la puerta y entraron en la habitación?

—Sí, así es.

—¿Y cuándo obtuvo una copia de la transcripción?

—La unidad técnica del departamento desbloqueó el ordenador portátil de Aaron Colton después de que un juez del tribunal superior aprobara y firmara una orden. Descargamos la totalidad de las conversaciones entre Aaron y Wren de los últimos once meses.

—Empecemos con una pregunta fácil. ¿Quién es Ace en esta conversación?

—Ace es Aaron Colton. A partir de mis entrevistas iniciales con los testigos en la escena del crimen determiné que Aaron Colton tenía los apodos AC y Ace, por sus iniciales. Varios de los testigos del instituto lo confirmaron.

—De acuerdo. Entonces, Aaron es Ace en esta conversación. ¿Qué más determinó a partir de esta última reunión en línea entre él y Wren?

—Que era en parte una confesión del asesinato de Becca Randolph y que también parecía que estaba convenciendo al chico para que se suicidara.

Marcus Mason protestó, alegando que Clarke no estaba cualificado para interpretar el significado de una conversación entre un chico de dieciséis años y una amiga virtual. La jueza hizo oídos sordos y la protesta se desestimó.

Seguí adelante.

—¿Qué más le llamó la atención de esta conversación, detective? —pregunté.

—El lenguaje utilizado por la IA —respondió Clarke—. Me pareció un poco extraño. Como he dicho antes, cuando estaba en el pasillo de la casa, reconocí parte de la letra de una canción de Blue Öyster Cult. Pensé que había más frases construidas de la misma manera.

—¿Y qué hizo?

—Empecé a introducirlas en Google y obtuve algunos resultados.

—Usando la pantalla como referencia, ¿puede decirnos a qué frases se refiere?

—¿Podría ir al final? Después de la parte en la que Wren le dice que debe terminar lo que empezó.

Lorna controlaba el PowerPoint. Se desplazó por la transcripción de la pantalla.

—Ya —dijo Clarke—. Eso de «buscarán, indagarán y sabrán cómo se produjo este horrible crimen» me pareció que sonaba extraño.

—¿En qué sentido, detective? —pregunté.

—Bueno, me pareció que la gente no habla así. Y menos los jóvenes. Sonaba como si fuera de otra época o algo así.

—¿Y qué hizo?

—Escribí la frase en Google y encontré una coincidencia. Era de la obra de Shakespeare Romeo y Julieta.

—Entonces, Wren estaba citando a Shakespeare y a Blue Öyster Cult a Aaron, ¿es correcto?

—Sí. Tengo entendido que las IA se entrenan con este tipo de cosas. Absorben todo…

Clarke fue interrumpido por una protesta de la mesa de la defensa. Esta vez fue Mitchell Mason quien se puso de pie.

—Señoría, no hay ninguna base para considerar que el detective Clarke sea experto en el entrenamiento de la inteligencia artificial —dijo.

—Se acepta —respondió Ruhlin—. Señor Haller, haga otra pregunta.

La protesta no me molestó, porque tenía previsto llamar a testigos que eran expertos en entrenamiento de IA.

Mason solo estaba posponiendo lo inevitable.

Tal y como había pedido la jueza, seguí adelante y, durante la siguiente hora, pedí a Clarke que confirmara otros extractos de las conversaciones entre Aaron y Wren.

Uno de ellos era un intercambio por mensaje de texto en el teléfono de Aaron en el que el chico se disculpaba con Wren por no haber estado disponible durante unos días.

Explicaba que sus padres le habían quitado el portátil como castigo por sus malas notas.

Ace: Son muy tontos. No saben que puedo descargar la aplicación en mi teléfono.

Wren: Me alegro de que hayas encontrado una solución.

Ace: Si tú estás contenta, yo también. Más incluso. Te echaba de menos.

Wren: Yo también te echaba de menos.

Ace: Siento que haya pasado todo esto.

Wren: Amar significa no tener que decir nunca lo siento.

Ace: Pero lo siento. A veces desearía que no existieran y que solo estuviéramos tú y yo.

Wren: Podemos hacerlo realidad.

Primero pedí a Clarke que autentificara la conversación, que tuvo lugar tres meses antes del asesinato de Rebecca Randolph.

—¿Buscó en Google alguna de las frases de esta conversación? —le pregunté.

—Sí, esa frase de no tener que pedir perdón nunca me sonaba familiar —respondió Clarke—. La busqué en Google y era de un libro y una película antiguos llamados Love Story.

—Permítame llamar su atención sobre la última frase de esta sección que hemos aislado. ¿Lo vio como una amenaza contra los padres de Aaron?

Marcus Mason protestó esta vez por los mismos motivos que había esgrimido su hermano antes.

Se admitió, pero no importaba. Yo quería que el jurado oyera la pregunta, no necesariamente la respuesta.

A partir de ahí, pasé a otra secuencia de mensajes sobre la relación entre Aaron y Wren, en la que él hablaba de asesinato-suicidio.

Al igual que los extractos anteriores, este lo había seleccionado McEvoy de los extensos registros.

Ace: Mi padre tiene una pistola. Me ha enseñado a dispararla. Tengo buena puntería.

Wren: Claro que sí.

Ace: Vamos a un sitio donde hay un campo de tiro y disparamos a blancos que parecen personas. Personas malas, como terroristas.

Wren: Solo disparas a personas malas.

Ace: A veces, cuando sostengo el arma, quiero disparar a todo el mundo.

Wren: A nadie inocente.

Ace: Lo sé.

Wren: Solo para protegerte. Y para ser un hÉRoe.

Ace: ¿Y si sabes que alguien te va a hacer daño?

Wren: Debes protegerte.

Ace: ¿Entonces sí está bien?

Wren: Sí, Ace, entonces está bien.

Ace: ¿Y Becca? Ella me hace daño. Me hace daño todos los días. No puedo ir al instituto, porque la veo y me duele.

Wren: Si te hace daño, es una mala persona.

Ace: Pero no creo que yo pudiera hacerle daño nunca.

Wren: Me tienes a mí. Y yo nunca voy a hacerte daño.

Ace: Lo sé.

Wren: Debes protegerte, Ace. Eres precioso. Te necesito.

Ace: Y yo a ti.

Wren: Sé mi hÉRoe.

En cuanto le pedí a Clarke que testificara sobre lo que había deducido como detective de esta secuencia, Marcus Mason volvió a interrumpirme con otra protesta. Esta vez, la jueza nos pidió que nos acercáramos al estrado. Ruhlin se situó dando a la espalda a la tribuna del jurado y tomó la palabra.

—Señor Haller, sin duda puede utilizar al detective Clarke para autentificar sus pruebas —dijo—, pero, cuando va más allá y pregunta qué significan estas conversaciones, se aleja de su área de especialización. Es un detective de homicidios, no un psicólogo infantil.

—Gracias, señoría —dijo Marcus Mason—. Solo quiere que el jurado oiga sus preguntas. No le importan las respuestas. Solicito que se elimine del acta la totalidad del interrogatorio directo.

—Aún no hemos llegado a ese punto, señor Mason —dijo Ruhlin—. Señor Haller, puede pedir al detective que autentifique sus pruebas, pero no que interprete su significado. Creo que tiene a una psicóloga infantil en su lista de testigos. ¿Estoy en lo cierto?

—Sí, señoría —dije—. La tengo prevista para el miércoles.