Campo de pruebas (Mickey Haller 8) 27
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Tras presentar a los demandantes y relatar brevemente los detalles de la tragedia que había unido a esos padres, pasé a la causa petendi. Me situé delante de los miembros del jurado, moviendo la mirada sin cesar de un rostro a otro, con la esperanza de conectar con ellos con mi sinceridad.

—Los desarrolladores de inteligencia artificial diseñan intencionadamente sistemas de IA generativa con cualidades antropomórficas para difuminar la línea entre la fantasía y la realidad.

Sonreí con timidez.

—Ahora bien, ¿qué significa «antropomórfico»?

Debo admitir que yo mismo tuve que buscarlo.

Se trata de la asignación de rasgos humanos, de emociones e incluso intenciones humanas a una entidad no humana.

Consiste en hacer que las entidades de IA parezcan seres humanos de la vida real.

Eso es lo que hace Tidalwaiv, la empresa a la que demandamos.

En eso consiste su amiga virtual de IA, Clair.

Está en su documentación, en su argumento de venta, que verán como prueba durante el juicio.

Solo tienes que iniciar sesión y en tu pantalla aparecerá lo que parece ser una persona real respondiéndote.

Hablando contigo. Incluso enviándote mensajes de texto a tu teléfono móvil, si quieres.

Puedes añadir tu fantasía a esa fantasía.

Digamos que quieres que tu compañera de IA se base en la popular luchadora real conocida como Wren la Luchadora.

Entonces, la aplicación Clair busca dentro de los parámetros de las bases de datos con las que ha sido entrenada toda la información aplicable sobre el ser humano conocido como Wren la Luchadora e incorpora lo que aprende a una iteración de IA de Wren que es visualmente una réplica bastante fiel de la persona real.

Sé que ahora la mayoría de nosotros estamos pensando: «Vamos, yo nunca caería en eso». Bueno, tal vez no…

Hice una pausa para mirar de un lado a otro de la tribuna del jurado. Nadie apartó la vista de mí. Tenía la atención de todos, lo sentía. Los tenía en mis manos.

—Pero ¿y si eres una de las personas más vulnerables de nuestra sociedad?

¿Y si eres un niño o un muchacho impresionable de quince o dieciséis años que aún se está desarrollando tanto física como mentalmente, que todavía se pregunta quién es y dónde encaja en el mundo?

Ahí está el peligro. Esta amiga virtual es una embaucadora.

Engaña al niño para que revele sus pensamientos y deseos más íntimos y luego los vuelve en su contra. Le dice que está bien matar.

Marcus Mason se levantó de un salto para protestar.

—El abogado está tergiversando las pruebas —dijo—. Wren nunca dijo que estuviera bien matar. El abogado está tergiversando deliberadamente…

—Señoría, es la interpretación de los demandantes de lo que se le comunicó al chico —respondí—.

Después de escuchar las pruebas, el jurado decidirá qué se dijo y qué se quiso decir.

Esto es un alegato de apertura y protesto por la interrupción del abogado.

Está tratando de distraer al jurado de los hechos…

—Gracias, señor Haller —me cortó la jueza Ruhlin—. Señor Mason, esta vez voy a dejarlo pasar, pero no me gustan las interrupciones en los alegatos de apertura. Creo que se lo he dejado claro hace menos de una hora.

—Sí, señoría —dijo Mason.

—No ha lugar a la protesta —señaló Ruhlin—. Señor Haller, puede continuar. Sin más interrupciones.

La jueza dijo la última parte mientras miraba fijamente a Marcus Mason.

Me volví hacia el jurado, tratando de recuperar mi lugar y mi impulso. Sentía que había tenido que salirme de mi guion previsto para ocuparme de inmediato de la protesta de Mason.

—Déjenme contarles los hechos de lo que se dijo —comencé—. Cuando Aaron Colton se quejó a Wren de que su novia Rebecca había roto con él, esto es exactamente lo que le respondió su amiga virtual: «Ella no es lo bastante buena para ti. Deshazte de ella. Sé mi héroe. Siempre… me… tendrás a mí».

Hice una pausa para que las doce personas que estaban sentadas frente a mí asimilaran la información. Mantuve el contacto visual con todas ellas, una por una.

—Señoras y señores del jurado, lo que tienen aquí es un producto defectuoso y peligroso, y se permitió que cayera en manos de un joven impresionable.

No había advertencias sobre los posibles peligros mentales y físicos inherentes a este producto.

Tidalwaiv simplemente lo clasificó como apto para mayores de trece años, lo que significa que la empresa decidió que estaba bien poner esta…

entidad artificial en manos de cualquier niño de trece años o más.

Uno de esos chicos acabó con una vida, y a lo largo de este juicio demostraremos que Tidalwaiv es responsable de las acciones del joven Aaron Colton y de la muerte de Rebecca Randolph.

Hice una pausa más antes de pasar a mi gran final.

—Ahora bien, la defensa les dirá que Tidalwaiv no tiene las manos manchadas de sangre —dije—.

Harán responsables a todos menos a ellos mismos y a su peligroso producto.

Dirán que es culpa de los padres. Que es culpa del instituto.

Que es culpa de la sociedad. No se sorprendan si incluso culpan a Becca de alguna manera.

Hice una breve pausa, esperando que alguno de los Mason mordiera el anzuelo y volviera a protestar, pero ambos permanecieron en silencio, así que continué.

—Este caso es importante —dije—. Es importante para las familias de las víctimas, pero también para el mundo más allá de las paredes de esta sala.

Se trata de enviar un mensaje a los fabricantes de estos productos, que, en el fragor de la competencia y por su deseo de sacar provecho de su tecnología, olvidan la precaución y el sentido común.

Termino con esto: hace dieciocho meses, la Asociación Nacional de Fiscales Generales, la organización que representa a los máximos responsables de la aplicación de la ley en todos los estados del país, emitió una advertencia de la que voy a leerles una parte textualmente.

Me saqué un papel del bolsillo de la chaqueta, lo desdoblé con cuidado y comencé a leer.

—«Estamos inmersos en una carrera contra el tiempo para proteger a los niños de nuestro país de los peligros de la inteligencia artificial. De hecho, ya se han abierto brechas en las proverbiales murallas de la ciudad. El momento de actuar es ahora».

Hice una pausa mientras volvía a doblar la hoja y me la guardaba en el bolsillo.

Luego miré elocuentemente a las dos madres sentadas a la mesa de los demandantes.

Tanto Brenda como Trisha tenían lágrimas en las mejillas.

Habían entrelazado las manos sobre la mesa.

Esperaba que el jurado las viera también. Volví a mirar hacia la tribuna.

—El momento de actuar es ahora —repetí—. Muchas gracias.

Caminé con la cabeza solemnemente inclinada hacia mi sitio.

Brenda tenía la mano libre apoyada en la mesa, con una bola de pañuelos de papel.

Le apreté la muñeca mientras me sentaba y luego miré mi reloj.

Eran solo las 11:15, había tiempo suficiente para comenzar con los testimonios antes de la pausa para el almuerzo.

Sin embargo, quería que el jurado se fuera a comer pensando en mi introducción y en el mensaje de los fiscales generales, no en el comienzo del testimonio de un detective.

Marcus Mason se puso de pie y pidió dirigirse al tribunal. Ruhlin le dijo que procediera.

—Señoría, tras su advertencia, retiré mis objeciones al alegato de apertura del señor Haller —dijo—, pero ahora la defensa debe protestar por la inclusión de varias declaraciones erróneas y exageradas ante el jurado. La defensa sería negligente si no abordara estas cuestiones.

—Podrá abordarlas —señaló Ruhlin—. Cuando los demandantes presenten las pruebas y los testimonios, usted tendrá libertad para sacar a la luz cualquier falsedad o exageración que perciba durante su contrainterrogatorio.

Así es como funciona, señor Mason, a menos que esté diciendo que desea hacer ahora su alegato de apertura.

—No, señoría —dijo Mason con tono hosco—. Deseamos reservarnos.

—Muy bien —repuso Ruhlin—. No puede tenerlo todo. Señor Haller, llame a su primer testigo, por favor.

—¿Me concede un momento para consultar con mi equipo, señoría? —pregunté.

—Que sea rápido —dijo Ruhlin.

Como Cisco estaba sentado en el pasillo, le resultaba fácil salir rápidamente de la sala para ir a buscar a los testigos a medida que yo los llamaba al estrado. Me incliné hacia él.

—¿Dónde está Clarke? —susurré.

—En la sala de testigos —dijo Cisco—. Voy a buscarlo.

—No, no vayas. No quiero llamarlo todavía.

—Entonces, ¿a quién quieres?

—A nadie. Actúa como si acabara de decir que eres un desastre.

—¿Qué?

—Eres un desastre.

Negué con la cabeza; luego me di la vuelta y me acerqué al atril, dejando a Cisco confundido detrás de mí.

—Señoría, el primer testigo de la parte demandante no está aquí —dije—. Me han dicho que viene desde la comisaría de Van Nuys y que está atrapado en un atasco.

La jueza curvó los labios hacia abajo y vi ira en sus pupilas.

—Señor Haller, le dije que tuviera a sus testigos listos y que no perderíamos tiempo en esta sala.

—Sí, señoría —contesté—. Creía que los teníamos a todos listos, pero el detective Clarke no puede estar aquí esta mañana.

—¿Puede llamar primero a otro testigo?

—Eh, la verdad es que no, señoría. Necesitamos al detective Clarke para preparar el terreno para los testigos que vendrán después. Es el investigador principal del caso.

—De acuerdo. Vamos a hacer una pausa temprana para almorzar. Volveremos a reunirnos a la una en punto. Señor Haller, tenga listo a su testigo.

Su tono insinuaba una amenaza.

—Sí, señoría —dije—. Por supuesto.

La jueza giró su silla para mirar directamente al jurado.

—Señoras y señores, disfruten de un buen almuerzo y regresen a la sala de reuniones cinco minutos antes de la una. No discutan el caso entre ustedes ni con otras personas. No vean ningún medio de comunicación que esté informando sobre este caso. Gracias.

Ruhlin abandonó el estrado y atravesó la puerta de su despacho antes incluso de que el jurado número uno saliera de la tribuna.

Cuando me acerqué a la mesa para recoger mis papeles y archivos, Brenda me susurró:

—Mickey, el detective Clarke está aquí.

—Sí, lo he visto en el pasillo cuando llegamos —añadió Trisha.

Asentí con la cabeza.

—Lo sé —dije—, pero la jueza no.