Caminos Opuestos Capítulo 71 #3
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Capítulo 71 #3

—¡Nevan! —grité entre risas, rodeándo su cuello con los brazos mientras él empujaba la puerta principal con el pie, abriéndola de par en par.

—Si vamos a estrenar un hogar, Morgan, lo haremos bien —sentenció cruzando el umbral conmigo en brazos entre las risas que resonaban  en las paredes vacías.

Me dejó caer sobre mis pies en el centro del recibidor.

Me quedé quieta, asimilando el espacio. La casa olía a madera limpia y a vacío esperando ser llenado.

Tenía techos altos con vigas de madera vista que le daban un aire rústico y acogedor, suelos de tarima clara que reflejaban las últimas luces del atardecer y un gran salón con un ventanal enorme que daba al jardín trasero.

Era perfecta. Un lienzo en blanco para nuestra vida.

Caminamos cogidos de la mano, recorriendo las habitaciones vacías, nuestros pasos duplicados por el eco.

Había una complicidad eléctrica en el aire, una tensión que iba ganando terreno con cada segundo de aislamiento.

Cuando entramos en la cocina, mis ojos se posaron en una espectacular y amplia isla de piedra oscura y madera que dominaba el centro de la estancia.

Nevan no me dejó mirar nada más. Me tiró del brazo con fuerza haciéndome girar y me estampó contra el borde de la isla.

Sus labios cayeron sobre los míos con una voracidad salvaje; un beso profundo, cargado de una urgencia que me hizo soltar un gemido ahogado.

Sus manos grandes me agarraron por los muslos y, de un solo tirón firme, me subió a la superficie de la piedra, encajándose de inmediato entre mis piernas abiertas.

Se separó apenas unos milímetros, con la respiración entrecortada y una sonrisa pícara grabada en las facciones.

—Vamos a estrenar esta casa ahora mismo, bombón —susurró con voz ronca, una promesa que me hizo humedecer las bragas al instante.

No hubo preámbulos suaves, ni delicadeza.

Nevan me agarró el dobladillo de la camiseta y tiró hacia arriba, despojándome de ella en un movimiento brusco.

Sus labios bajaron en línea recta por mi cuello, mordiendo la piel sensible de mi clavícula, haciéndome arquear la espalda antes de enterrar la boca en mis pechos.

Desabrochó mi sujetador con dedos impacientes y empezó a lamer y succionar mis pezones con fuerza, usando sus dientes con la presión justa, haciendo que las uñas en sus hombros.

La excitación nos devoró en segundos, transformándose en una necesidad violenta.

Yo me incliné hacia delante, buscando su boca de nuevo mientras mis manos bajaban desesperadas por su camisa, arrancando los botones en el proceso para liberar su torso ancho, marcado por los músculos tensos y las cicatrices.

Deslicé mis manos por su piel caliente, rasguñando su espalda mientras él bajaba la cremallera de mis pantalones, tirando de ellos y de mis bragas hacia abajo hasta dejarlos caer al suelo.

Quedé desnuda sobre la fría superficie de piedra, con las piernas abiertas de par en par para él. Nevan se deshizo de sus vaqueros y sus boxers con movimientos rápidos, dejando libre su erección palpitante.

Pensé que me penetraría de inmediato, mi cuerpo suplicaba por el impacto, pero Nevan tenía otros planes.

Su vena dominante tomó el control absoluto.

Agarró mis dos muñecas con una sola de sus manos y las presionó con fuerza contra la superficie de la isla, por encima de mi cabeza.

Con su cuerpo pesado y firme, me bloqueó las piernas, impidiendo que pudiera moverme un solo milímetro.

Estaba a su merced, expuesta y atrapada.

—Nevan, por favor… —supliqué jadeando, con las caderas moviéndose por instinto hacia arriba, buscando el roce.

Él soltó una sonrisa cruel y lasciva. Bajó su mano libre hasta mi centro, que ya chorreaba deseo, y hundió dos dedos de golpe dentro de mí, moviéndolos con rudeza mientras su pulgar aplastaba mi clítoris. Solté un grito ahogado, retorciéndome contra su agarre de hierro.

—¿La quieres ya, Morgan? —me susurró al oído, mordiéndome el lóbulo con fuerza—. Mírame. Mira cómo estás de empapada por mí. Pero vas a esperar. Pídemelo bien.

—Joder, Nevan, métela, te lo ruego… me voy a volver loca —grité desesperada, sintiendo el vacío abrasador dentro de mí mientras él continuaba castigándome con los dedos, llevándome al borde del colapso sin darme lo que de verdad quería.

Cuando vio mis ojos desorbitados y mi cuerpo temblando en agonía, Nevan sacó los dedos de golpe, me soltó las muñecas y me agarró con fuerza de las caderas, clavando sus dedos en mi piel donde seguro quedarían marcas.

Se posicionó en mi entrada y, de una sola embestida brutal y despiadada, se hundió en mí.

El impacto me sacó el aire de los pulmones.

Un gemido agudo saltó de mi garganta mientras mis piernas se envolvían alrededor de su cintura, apretando para fundirme con él.

Nevan no esperó a que me acomodara; empezó a follarme con un ritmo salvaje, duro y rítmico, haciendo que mi cuerpo golpeara una y otra vez contra la piedra de la isla.

El sonido de nuestros cuerpos colisionando, de mi humedad salpicando por la fricción y de sus gruñidos animales llenó la cocina vacía.

No había nada romántico en la forma en que me poseía.

Nevan me destrozaba el cuello a besos y mordiscos mientras me embestía con una fuerza que me hacía ver estrellas, hundiéndose tan profundo que sentía cada latido de su miembro contra mi.

—Eres mía, Aria… en nuestra casa —gruñó cerca de mi oído, acelerando el ritmo, volviéndose errático y violento a medida que el orgasmo nos acechaba.

—Más rápido, Nevan, más fuerte —exigí clavándole las uñas en el culo para obligarlo a golpear con más fuerza.

Respondió aumentando la potencia de cada impacto, desarmándome por completo.

La fricción abrasadora y la dominación con la que me retenía contra la encimera me llevaron al límite en cuestión de segundos.

Mis paredes se contrajeron alrededor de su longitud en un orgasmo demoledor que me hizo gritar su nombre al techo.

Al sentir mis espasmos, Nevan soltó un rugido ronco, me apretó con una fuerza casi dolorosa contra él y dio tres embestidas finales y brutales antes de correrse con una fuerza arrolladora dentro de mí, llenándome por completo con su calor mientras ambos colapsábamos, jadeando, unidos en el centro de nuestro nuevo mundo.

El eco de nuestros jadeos apresurados comenzó a disminuir, dejando que el silencio de la cocina vacía volviera a envolvernos, roto solo por el sonido de nuestras respiraciones acompasadas. La rigidez salvaje que gobernó el cuerpo de Nevan se disipó por completo.

Apoyó su frente en la mía con los ojos cerrados, mientras su pecho subía y bajaba con fuerza contra el mío.

Sentí un beso suave en la punta de mi nariz antes de que se deslizara con lentitud fuera de mí.

Pero no se alejó. A pesar de no haber recuperado el control, me rodeó con sus brazos largos y fuertes, pegándome a su torso desnudo para protegerme del tacto frío de la piedra de la isla.

Abrió los ojos, y ese azul oscuro y tormentoso que me había devorado minutos antes se transformó en un mar de absoluta calma y ternura. Me miró con una devoción tan cruda que sentí un vuelco dulce en el estómago.

—Ven aquí —susurró con la voz todavía ronca, acomodándome con suavidad para que me sentara de lado sobre la isla, rodeando su cintura con mis piernas.

Alzó una mano, con los dedos aun temblando por el esfuerzo y la adrenalina, y comenzó a acariciarme la mejilla con el dorso de los dedos.

El contraste entre la fuerza con la que me retuvo y la delicadeza infinita con la que me tocaba ahora me hizo contener el aliento.

Me apartó con infinito mimo los mechones de pelo dorado que se me pegaban  a la cara por el sudor.

—A veces me cuesta creer que esto sea real, Morgan —admitió en un susurro, clavando su mirada en la mía—. Que estés aquí, que hayamos sobrevivido a todo ese infierno y que esta casa sea nuestra. No sé qué hice en esta vida para merecerte, de verdad.

Sonreí, sintiendo cómo los ojos se me humedecían por la emoción del momento.

Deslicé mis manos por sus hombros, deteniéndome en su pecho, justo donde su corazón seguía latiendo a un ritmo fuerte y constante.

Con la yema de los dedos, delineé con suavidad una de las cicatrices más recientes de sus costillas, con la certeza de que el peligro había quedado atrás.

—No tuviste que hacer nada, Nevan —respondí inclinándome para apoyar mis labios en los suyos en un beso pausado, tierno, que sabía a promesa y a calma—.

Solo tenías que ser tú. Nos encontramos en el peor momento posible, pero nos ayudamos a sanar.

No hay facturas que pagar aquí. Todo lo que hay en esta casa es amor.

Nevan soltó una exhalación suave, relajando por fin la línea de sus hombros y escondió el rostro en mi cuello, aspirando mi aroma.

Sentí sus labios depositar pequeños besos cálidos en mi piel, uno detrás de otro, como si estuviera memorizando cada rincón de mi cuerpo bajo esta nueva luz.

Sus manos grandes me acunaron la espalda baja, manteniéndome unida a él en un abrazo protector que me hacía sentir la mujer más protegida de la tierra.

La luz del atardecer terminó de desvanecerse a través del gran ventanal de la cocina, dando paso a una penumbra azulada y pacífica.

Allí, sentados en la isla de nuestra futura cocina, desnudos y envueltos el uno en el otro, el sexo duro y la dominación dieron paso a la certeza más absoluta de nuestras vidas: Ya no éramos dos personas rotas huyendo de sus pasados.

Éramos Aria y Nevan, en nuestro hogar, listos para empezar a construir el mañana.