Caminos Opuestos Capítulo 29 #3
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Capítulo 29 #3

—No es... —empecé a gesticular, nerviosa—. No somos pareja, es decir, somos amigos. Hemos venido a pasar unos días de relax, nada más.

—Sí, sí, claro —Miller guiñó un ojo, como si supiera un secreto que yo no—. Los amigos no se miran como os miráis vosotros cuando creéis que nadie os observa. ¡No me engañáis, que tengo mucha experiencia viendo florecer romances en este campamento!

Nevan se pasó un brazo por mis hombros, acercándome más a él con total naturalidad, mientras me dedicaba una mirada burlona.

—El profesor Miller es un romántico empedernido, Aria. No le lleves la contraria, que es peor.

—Imbécil —le susurré por lo bajo, apartándole el brazo con un golpe juguetón mientras seguía roja como una cereza.

—¡Lo que digáis, tortolitos! —Miller se dio la vuelta, empezando a caminar hacia la salida—. Os dejo solos, sé que esta sala os trae muchos recuerdos. Pero si rompéis algo, ¡lo paga Nevan, que siempre ha sido el delincuente de los dos!

Se fue riendo por el pasillo, dejándonos solos en el silencio de la sala. Me quedé mirando la puerta, todavía con la cara ardiendo.

— « Tortolitos » —me burlé, imitando su voz—. Genial. Solo faltaba esto para completar el día.

Nevan se acercó de nuevo, apoyándose contra el espejo, y me miró con una chispa de diversión que me ponía muy nerviosa.

—Bueno... —dijo, en voz baja—, al menos el viejo tiene buen ojo, ¿no crees?

Nevan se rió, pero el brillo en sus ojos delató que se estaba divirtiendo demasiado a mi costa. Se separó del espejo y dio un paso hacia mí, invadiendo ese espacio vital que intentaba con desesperación proteger.

— « Buen ojo » —repetí, cruzándome de brazos y levantando la barbilla—. Ese hombre tiene cataratas, Nevan. Es un anciano nostálgico, nada más.

—Claro, lo que tú digas, bombón —dijo imitando mi tono con una sorna que me hirvió la sangre—. Admitámoslo de una vez: has estado coladita por mí desde que tenías siete años. Es un hecho histórico, como la caída del Muro de Berlín.

Sentí que me ahogaba de la indignación, pero él estaba tan cerca que el aire me faltaba por otras razones.

—¿ « Coladita » ? ¿Qué tienes, doce años? —dije, intentando sonar cortante, aunque un esbozo de sonrisa se me escapaba—. Ni siquiera sabía deletrear « amor » cuando nos conocimos.

Nevan soltó una carcajada ronca, y antes de que pudiera reaccionar, me acorraló con suavidad contra uno de los espejos. No me tocaba, pero sus manos apoyadas en la superficie a ambos lados de mis hombros hacían que me sintiera atrapada en su órbita.

—¿Ah, no? —susurró, inclinándose hasta que nuestras narices estuvieron a centímetros de distancia—.

Entonces explícame por qué, con ocho años, me perseguías por todo el campamento cada vez que tenía un minuto libre.

O mejor aún... —hizo una pausa dramática, bajando la voz a un tono conspirador—, ¿por qué me suplicabas que cuando fuéramos mayores nos escapáramos juntos a la cabaña del lago?

¿Eh, Aria? ¿Quién proponía planes de pareja viviendo en medio del bosque?

Me quedé helada. Joder, recordaba esa conversación. Teníamos diez años, estábamos sentados en el muelle y, en mi fantasía infantil, Nevan era el único chico que no me aburría mortalmente.

—Eso fue un juego —protesté, sintiendo que el calor me subía por el cuello—. Teníamos diez años. Lo dices como si fuera un contrato vinculante.

—Para mí lo fue —dijo sin rastro de burla ahora, aunque sus ojos seguían destellando malicia—. Desde ese día tuve claro que, si había alguien con quien me iba a esconder en una cabaña del lago, eras tú. Aunque fueras una mandona que me obligaba a bailar.

—¡Yo no te obligaba, te invitaba! —exclamé, aunque al final me salió más como una risita nerviosa—. Y por cierto, tú seguías bailando. No parecías tan infeliz.

—Porque estaba mirando cómo te movías, no porque me gustara el baile —replicó al instante, y ese comentario fue tan directo que me quedé sin respuesta—.

Estás nerviosa, Morgan. Se nota en la forma en la que te muerdes el labio inferior.

¿Es porque te das cuenta de que al final el destino te ha traído aquí conmigo?

—O quizás es porque estás siendo un imbécil arrogante y me estás sacando de quicio —mi voz me traicionó y sonó más suave de lo que pretendía.

Nevan sonrió, una expresión de victoria absoluta, y se separó de la pared, rompiendo la tensión física pero dejando el ambiente cargado de electricidad.

—Eso es un « sí » a todo lo que he dicho —rió, empezando a caminar hacia la salida sin mirar atrás—. Venga, « señora de la cabaña » , vamos a ver si el resto del campamento sigue igual o si también lo hemos destruido con nuestra presencia.

Me quedé allí un segundo, mirando su espalda mientras se alejaba. Joder. Era imposible enfadarse con él cuando jugaba tan bien sus cartas. Sacudí la cabeza, intentando quitarme esa sonrisa estúpida de la cara, y salí corriendo detrás de él.

—¡Eh, Grayson! ¡Ni se te ocurra volver a decir eso de « coladita » !

Él ni siquiera se giró, solo levantó la mano en señal de despedida, disfrutando de su victoria. Estaba segura que iba a ser un día muy largo.