Mi novia se exhibe en el albergue #2
Veía a Nuria chupármela como una puta, lamiendo de arriba abajo como si fuese un helado. Se hacía de rogar hasta que se la metía en la boca; pero, después de llenármela bien de saliva, empezó a mamar mientras me masturbaba. Su culo en pompa estaba desnudo, se había quitado el tanga.
Joder, hoy lo estaba haciendo especialmente bien. Demasiado bien.
Tenía la mano en su pelo y la agarraba mientras la follaba con movimientos de cadera.
De repente, noté movimiento y vi que Paul, el holandés, se la estaba zurrando.
Tenía un buen mango, es verdad, y no apartaba la mirada de la escena. Alternaba la mamada con el gran culo de Nuria.
La situación me excitó aún más, ver a la puta de mi novia chupándomela desnuda mientras otro se masturbaba mirándola.
Noté que se me ponía más dura todavía y, al poco, varios chorros generosos de leche salieron directos a su garganta mientras la sujetaba del pelo, le metía bien el rabo adentro y ella gemía suavemente.
Nuria tragaba y tragaba. Seguía chupándomela, asegurándose de que no se desperdiciara ni una gota. El holandés seguía masturbándose con la mirada clavada en el culo de mi novia mientras ella me la chupaba.
Estaba tan excitado que no se me bajaba, pero tampoco me iba a correr de nuevo. Al final, se me fue desinflando poco a poco.
—Jo, yo quería más...
—Mira, tu amigo también.
—¿Cuánto rato lleva así?
—Casi desde el principio.
Entonces se me ocurrió otra idea.
—No seas mala y chúpale la polla también al pobre.
—No seas guarro...
Nuria salió de la cama y se dirigió hacia la del holandés, que seguía masturbándose mientras le miraba las tetas.
Él no dijo nada, se puso a los pies de su cama y empezó a mamársela exactamente como me la había chupado a mí.
La verdad es que era una visión increíble. Su gran culo en pompa invitaba a penetrarlo y sus grandes tetas bailaban con su brazo cuando subía y bajaba.
Se lo chupaba con las mismas ganas que a mí. Menuda perra insaciable...
Tras el engrase, empezaba la mamada y la succión. Lo hacía con fuerza, hundiendo un poco al holandés en su colchón cada vez que bajaba.
El muy cabrón tenía los ojos en blanco; seguramente nunca se la habían chupado así.
Mi polla empezó a reaccionar a esa escena y se empezó a poner dura de nuevo. Mi mano le ayudó.
Nuria seguía empeñada en hundir al holandés en el colchón con su mamada; su brazo y su boca no perdonaban. Tenía los carrillos hundidos por la succión que le estaba practicando a aquel desgarbado rubio, que era incapaz de cerrar la boca ante esas artes haciendo mamadas.
Empecé a masturbarme lentamente.
Apenas se oía nada en la habitación salvo el colchón amortiguando la mamada de Nuria, que no cejaba en su empeño mientras me miraba fijamente a los ojos.
El holandés parecía un cadáver: tenía la boca abierta y los ojos en blanco.
De repente, sin hacer ruido, se corrió dentro de la boca de Nuria, que aflojó su agarre y su ritmo para sacarle toda la esencia que tenía dentro.
Chupó un rato más, dejándosela bien limpia; lamió cada centímetro de rabo para no desperdiciar ni una gota de semen.
Cuando consideró que ya estaba todo seco, se levantó, cogió el cepillo de dientes y la pasta, y se fue al baño completamente desnuda, con sus tetas desafiando a quien la mirase y su culo invitando a cualquiera a embestirlo.
Mi polla y yo la seguimos al baño, donde se estaba lavando los dientes después de la mamada. Entré y cerré la puerta.
Me saqué la polla y, sin decir nada, se la empecé a meter mientras tenía el cepillo en la boca. Su coño estaba completamente empapado.
—Eres una puta y te voy a follar como tal.
Me olvidé del mundo mientras la agarraba de las tetas y se la metía lenta pero profundamente. Nuria gemía mientras se agarraba al lavabo. Gemía conforme mi cipote duro penetraba su empapado coño. Le agarré del pelo y le tiré la cabeza hacia atrás.
—Puta, eres una come pollas.
—Aah, sí...
El sonido de carne contra carne reverberaba en aquel gran baño común y vacío. No perdía detalle en el espejo de sus grandes tetas, su cara de placer y sus ojos cerrados mientras se la clavaba bien adentro.
La embestía con ira y ansia, mientras la agarraba fuerte de la cadera, azotándole el culo con violencia sin soltarle el pelo.
Podía ver mis dedos en sus grandes y duras nalgas, pero me daba igual.
Era una puta y no se merecía menos. Que no estuviera calentando a otros hombres y chupando otras pollas.
Mis embestidas eran potentes y profundas; podía notar cómo le entraba el rabo hasta el esternón con cada una, y ella gemía tras cada embestida.
Sin esperarlo, quizá porque Nuria estaba muy excitada, se corrió y el orgasmo le contrajo mucho el coño, lo que me hizo correrme al sentir su entrepierna cálida y mojada apretando la mía, mientras le apretaba una teta con la mano izquierda y le tapaba la boca con la derecha.
Se la metí varias veces bien profundo, sintiendo cómo salía semen con cada embestida. Le estaba llenando bien.
Cuando terminamos, se dio una ducha y yo me limpié el pene como pude. Volví a la habitación para traerle la toalla y que se secase un poco.
Volvimos a la cama y dormimos profundamente después de aquella buena sesión de sexo sucio.