Mi novia se exhibe en el albergue
Estabamos haciendo el Camino de Santiago y mis ganas de exhibir a mi novia estaban en auge. Llegamos al albergue municipal de Sarria de esos de con literas y habitaciones compartidas. No se lo dije a Nuria. Quería exhibir a mi novia delante de todos esos peregrino desconocidos.
Nuria no sabía que íbamos a un albergue, pero lo entendió al momento cuando leyó el cartel.
—Ya... ¿A un albergue? ¿En serio? Quería ir a un hotel.
—¿Qué pasa? Es más barato.
Era una habitación bastante grande. Había unas quince camas con literas y bastante gente. La mayoría eran turistas extranjeros y algún hippie.
Cuando llegamos eran las 19:45, habíamos cenado y estábamos cansados, pero al entrar se me pasó el sueño.
Había un par de holandeses hablando al fondo, unos franceses a medio camino, alemanes al final del primer pasillo... e incluso algunos españoles. Me sorprendió ver a un grupo de tres chicas de unos treinta años en un sitio así.
Eran gente bastante joven que venía a hacer el camino de Santiago y no quería gastarse un euro de más en el alojamiento.
Enfrente de nuestra cama, a la derecha, en el pasillo que daba hacia la salida, había un grupo de franceses que ya había descubierto que Nuria era un portento.
Eran cuatro chicos de unos veinte años y dos no paraban de lanzarle miradas furtivas.
—Nuria, tienes dos fans.
—¿Ya tan rápido? Pues si ni siquiera me he desvestido.
—A ver, entiéndelos. Normalmente, las francesas son flacas y, en cuanto ven dos tetas gordas y un culo grande, cortocircuitan.
—Pues me tengo que ir a duchar.
La habitación tenía forma de U: entrabas y al poco tenías un pasillo a la derecha y otro un poco más adelante.
Nosotros estábamos en el pasillo del fondo, al principio. Me había puesto ahí para controlar la puerta, esperando ver desfilar a Nuria y a los demás comérsela con los ojos. Eso iba a ocurrir más pronto que tarde.
Íbamos a dormir juntos en la cama de abajo, o al menos lo íbamos a intentar.
Nuria sacó de la mochila la camiseta corta que utiliza cuando no hace tanto calor.
No le llegaba al ombligo; supongo que para no ir directamente en tetas.
Sacó sus chanclas de piscina y una toalla para envolverse el pelo.
Se puso de pie y se quitó el vestido, quedándose momentáneamente en tanga, de espaldas a la gente.
Los franceses se volvieron de repente y empezaron a cuchichear mientras observaban su redondo y generoso culo.
Nuria se puso la camiseta corta. Ella agarró las cosas y se fue a la ducha, fingiendo despreocupación y agachándose para que los chicos pudiesen disfrutar de un culo de semejante categoría con un tanga negro minúsculo.
Hasta los holandeses que teníamos justo enfrente dejaron de hablar para observar las mejores nalgas que habían visto en su corta vida.
—Están los franceses como locos. Tu culo los tiene hipnotizados, bueno, y a los holandeses también.
—Que hagan fotos, que les durarán más.
Ya le habían hecho alguna foto mientras estaba agachada, con el culo en pompa.
Me dio un beso y se dirigió a la puerta, contoneando aquel maravilloso, hipnótico y generoso culo.
No perdía detalle mientras me estrangulaba la polla, ya morcillona, y veía cómo los franceses sacaban más fotos.
Era normal, el tanga desaparecía entre esas dos grandes nalgas; yo habría hecho lo mismo.
Uno de los holandeses también cogió su toalla y sus chanclas y fue detrás de Nuria; supuse que las duchas no serían mixtas.
Casi se me caen los huevos al suelo cuando vi entrar a Nuria en la habitación con el tanga, la toalla en la cabeza y las chanclas solamente.
Se hizo el silencio y los franceses la miraron de arriba abajo mientras ella los saludaba y buscaban rápidamente la cámara de sus móviles. Los españoles del fondo también se giraron y se escuchó un «madre mía».
Sus grandes y redondas tetas botaban con cada paso.
Nuria sonrió a los franceses y volvió a fijar su mirada en mí.
Mi mano volvió a estrangular mi rabo, no me cansaba de ver el bamboleo de esos melones y el resto de los presentes tampoco.
Estaba muy excitado y los franceses no tardaron en sacar los móviles y hacerle un vídeo mientras caminaba y se le movían las tetas.
Cuando Nuria llegó a la cama, se puso la camiseta y se sentó. Los franceses miraban el vídeo y las fotos de vez en cuando, felices con semejante documentación gráfica.
—Mira que eres puta...
—Eres tú el que me traes a sitios para que me exhiba.
—Joder, y qué bien se te da...
—Es fácil, los hombres sois tan simples... Veis dos tetas y un culo, y os volvéis monos.
—Normal, con esos melones y ese culo, buf... Por cierto, uno de los holandeses también se ha ido a duchar cuando has ido tú.
—Lo sé, se ha metido en las duchas de chicas.
—¿En serio?
—Sí... Y he sido un poco mala.
Me contó que, mientras se duchaba, el holandés de enfrente se ha metido en el baño de chicas para ducharse también. Se puso en la cabina de al lado y, sin mirar demasiado descaradamente, pero lanzando miradas furtivas, empezó a ducharse junto a Nuria.
Mi novia, que es bastante perra, le ha estado mirando el rabo, y cuando una tía así te mira mucho la polla, se te termina por poner dura.
—Tiene un pollón, el hijo de puta... Como la tuya. Era imposible que no se me fueran los ojos.
El tío en cuestión se llama Paul y le ha estado dando conversación mientras le miraba las tetas y el culo.
Al principio decía que era más disimulado, pero, según avanzaba la conversación y veía que Nuria no apartaba la mirada de su entrepierna, se fue poniendo dura, perdió el pudor y empezó a mirarle las tetas y el coño con descaro.
Le ha preguntado de dónde era, cuánto se iba a quedar aquí, si yo era su novio...
Todo eso ya totalmente frente a ella, para que le pudiese admirar bien el rabo.
Entonces, ha empezado a decirle que estaba muy buena y que tenía un cuerpazo.
—Me encanta que me halaguen, ya lo sabes. El chico no está mal y es que, cada vez que le miraba el paquete, se le ponía más duro.
Ojalá lo hubiera visto. El hecho de pensar que ese hijo de puta se había estado comiendo con los ojos a mi novia, que se le había puesto dura y que no había ocultado su erección me ponía muchísimo.
En una de estas, el holandés se ha envalentonado porque ha visto que Nuria no apartaba la mirada de su miembro y le ha preguntado si necesitaba ayuda para enjabonarse la espalda.
Nuria le ha dicho que sí. Se ha acercado a ella y le ha puesto el pene en las nalgas mientras le enjabonaba la espalda.
La muy cerda se puso cachonda notando ese cipote duro como una piedra hundido entre sus grandes nalgas.
—Ya sabes que soy un poco puta, Lu...
—Doy fe.
—Y las pollas grandes... me pierden...
Ha sido enjabonando la espalda y, lentamente, sus manos han pasado a las tetas, que no ha enjabonado, sino que ha empezado a amasar mientras se apretaba todavía más contra ella. Una de sus manos ha bajado al coño y le besaba el cuello.
Yo me quería follar a la zorra de mi novia ahí mismo, de lo dura que la tenía.
—Ahí le he parado y le he dicho que le tocaba a él.
Empecé a enjabonarle lentamente mientras su gordo y desafiante rabo la señalaba a ella. El holandés, mientras tanto, le acariciaba las tetas y el culo. Es un tío de 190cm (1,90m), pero tiene los brazos largos, así que creo que ha llegado a sobar a mi novia a placer.
—Le he torturado enjabonando todo menos el rabo.
—Hace falta ser hija de puta.
Entonces, Nuria ha cerrado la ducha y ha fingido que se iba, dejando al gran Paul con una erección de caballo. Pero no ha sido tan hija de puta. Ha vuelto riéndose, le ha enjabonado bien el pene y los testículos, y ha empezado a masturbarle.
Ahí ya me ha agarrado las tetas y no me las soltaba, ¿eh?
—Joder, normal, yo tampoco lo haría.
Le ha masturbado con bastante inquina, con un agarre firme, mientras con la otra mano le acariciaba los testículos, lo que ha hecho que el larguirucho jadease con cada bombeo y le dijera que era una profesional.
—Cuando he notado que le quedaba poco, me he puesto de rodillas y le he hecho una cubana. Menudos chorrazos ha dado el hijo de puta, me he tenido que volver a duchar porque tenía la barbilla y las tetas pringadísimas...
Nuria se dio cuenta de que ya la tenía dura como la pata de una mesa.
—Cuando se apaguen las luces, te la chupo...
—No sabes las ganas que tengo de follarte ahora mismo.
Me costaba pensar y mi mano no quería dejar de masturbarme, mi polla exigía venganza.
Al poco llegó el larguirucho Paul con una sonrisa de oreja a oreja.
Nos saludó de camino a su litera, como si nos conociera.
Seguramente le estaría contando a su amigo la paja que le había hecho mi novia en la ducha.
No hacía falta saber holandés para ver la cara de sorpresa, la risa y cómo miraba a Nuria.
Apagaron las luces, Nuria se puso entre la pared y yo, y se durmió. A mí me costó más, estaba demasiado excitado, pero finalmente caí.
Soñé cosas bastante guarras relacionadas con lo que me había contado Nuria sobre las duchas. La veía chupándole la polla a otro, esperando a que acabara para follarme a Nuria contra la pared mientras le empujaba la cara contra los azulejos.
Me sacó de mi sueño el hecho de que su mano estaba agarrándome la entrepierna, que ya estaba al aire por fuera de los calzones. No sabía cuánto tiempo llevaba así ni cómo había hecho para sacármela sin despertarme, pero ahí estaba Nuria, sobándomela.
—Buf… Qué grande la tienes…
—Pues chúpamela, que encaja perfecta en tu boca.
Se colocó al final de la cama, con el culo en pompa, y empezó a mamármela. Yo la notaba durísima, demasiado. Las ganas acumuladas.
Miré alrededor, pero no había movimiento. No estábamos a oscuras, ya que la luz de la calle lo impedía, pero era suficiente para ver las camas de los franceses, que estaban totalmente inertes. Miré a los holandeses y también dormían.