Capítulo 29 #3
Kip se sonrojó y Scott sonrió; lo más probable era que sonriese a todas horas durante días. Quizá meses.
—Bienvenido a la gran familia de los Admirals, colega —dijo Huff—. Ven, que te presento a los Huff.
Scott observó a Huff mientras se llevaba a Kip lejos de la multitud de periodistas que se había formado. La verdad era que Huff era el mejor.
Scott se volvió hacia los periodistas y las cámaras.
—Bueno —dijo—, ¿tenéis alguna pregunta?
Si Kip pensaba que el partido había sido una locura, no era nada comparado con la fiesta que se montó después en el vestuario.
La sala estaba repleta de hombres emocionados y sudados, esposas y novias orgullosas, niños adormilados y periodistas. Había cerveza y champán por todas partes; Scott y sus compañeros estaban bebiendo champán de la Copa Stanley. Los jugadores cantaban, gritaban y lloraban.
Scott y Kip se habían separado varias veces, lo que le había dado a Kip la oportunidad de darse cuenta de las miradas que le lanzaba… básicamente todo el mundo.
Pero se negó a achantarse. Scott quería que estuviera allí, así que ahí iba a estar.
Carter Vaughan lo pilló por banda cuando Kip llevaba un rato solo.
—¡Aquí está el tío al que quería conocer! ¡Ven aquí, hombre!
Antes de que Kip supiera qué estaba ocurriendo, Carter lo envolvió en un abrazo sudoroso.
—Kip, Kip, Kip. Me encanta este puto nombre, ¿sabías? Entonces ¿qué honda? ¿Scott Hunter y tú os habéis enrollado delante de todo el puto mundo?
—Sí, eso hemos hecho.
Kip todavía estaba emocionado.
—Eso dará para unos cuantos tuits.
Kip sonrió.
—Eso espero.
—Scott Hunter tiene novio. —Carter sacudió la cabeza mientras sonreía—. Tío, no me puedo imaginar cómo tiene que ser salir con un tío tan perfecto.
—Está muy bien.
Alguien le pasó una cerveza a Carter, quien dijo:
—Oye, tráele una a mi amigo Kip, ¿vale?
Cuando quienquiera que fuera volvió con una cerveza para Kip, Carter le preguntó:
—¿Y qué es de ti, Kip? ¿Scott mencionó que estabas estudiando?
—Voy a volver a estudiar, sí. Empiezo el máster en septiembre.
—¿Practicas algún deporte? —preguntó el chico que había traído las cervezas, pero que estaba bebiendo una Coca-Cola.
—No.
—Lo siento —dijo Carter—. Ese puto maleducado es Eric Bennett. No lo reconoces porque suele llevar una máscara en la cara.
—Hola —dijo Bennett.
Kip asintió.
—Encantado. Y enhorabuena.
—¿Te gusta el hockey? —preguntó Carter.
—Ahora sí, desde luego. Siempre me ha gustado verlo. Pero no lo seguía tanto, hasta que…
—¿Hasta que empezaste a salir con la mayor estrella del deporte?
—Eso es. Sí.
Carter lo miró con cierta curiosidad.
—¿Entonces no eres un fanático de Scott Hunter? ¿Solo lo conociste de casualidad?
—Sí. ¿No te lo ha contado?
—No. ¿Es una historia bonita?
Kip se encogió de hombros.
—La verdad es que quizá es un poco aburrida. Un día entró en el local donde trabajaba. En, eh…, un local de smoothies . En fin. Se pidió un smoothie y al día siguiente volvió… y al otro…
—Eso —dijo Carter con una amplia sonrisa— es una historia muy bonita, joder. ¿Flirteó contigo en el trabajo? ¡No pensaba que Hunter fuera de esos!
—En realidad, no. No flirteó, me refiero. Tan solo siguió viniendo. Y yo le di, tipo…, alguna pista…
Carter intercambió una mirada cómplice con Bennett.
—Sí, eso tiene mucho más sentido. Lo más seguro es que confiara en que, si seguía yendo, algún día tropezaras y cayeras sobre él o algo así.
—Quizá. Pero bueno, al final salió bien.
—¿Estás preparado para estar en medio de una tormenta mediática cuando esto se sepa? —preguntó Bennett.
—No —dijo Kip poniéndose recto—. Pero estaré ahí. Siempre al lado de Scott.
Carter se rio.
—Muy bien, descansa, soldado. Te cubrimos las espaldas. Me caes bien, Kip. Casi tanto como me gusta decir tu nombre.
—Gracias.
Scott se unió a su pequeño círculo y pasó un brazo pesado por los hombros de Kip.
—¿Te están molestando estos tipos? —preguntó con una sonrisa medio atontada. Era posible que ya hubiera bebido un poco de champán de más.
—Solo estamos tratando de entender cómo un tío tan guay ha acabado con un desastre como tú, Hunter —bromeó Carter.
—Yo tampoco me lo explico, pero me alegro mucho de que sea así —dijo Scott y besó a Kip en la mejilla.
Kip se sonrojó. Miró a Carter y Bennett, esperando que estuvieran mirando hacia otro lado, pero ambos se limitaban a sonreírles.
Scott inclinó la cabeza para hablarle directamente al oído a Kip.
—Están echando a todos los que no son del equipo, pero nos vemos en casa, ¿verdad?
—Claro. Pero no cuento con que vengas pronto. Es tu noche. Diviértete, ¿vale?
—Lo haré. Te quiero.
—Y yo a ti.
Y entonces Scott le dio un rápido beso en la boca. Solo fue un beso, pero no fue un gesto insignificante si tenían en cuenta dónde estaban.
Kip fue flotando todo el camino a casa, reproduciendo en bucle las últimas horas en su cabeza y soñando con el futuro.
Kip se pasó unas horas en casa mirando el móvil.
Maria: ¡¡¡Aaaaaah!!! ¡¡¡¿¿¿Qué COJONES???!!! ¿¿¿Eso ha sido lo más entrañable que he visto en mi vida???
Shawn: Hija. De. Perra. ¡Perra mentirosa! Tenemos que quedar para comer y que me cuentes. YA.
Kyle: En primer lugar, enhorabuena, me alegro muchísimo por ti. En segundo lugar, ¡hostia puta!
Megan: Eeeh… ¡¿HOLA?!
También había recibido mensajes de gente con la que no había hablado en meses. Había un par de llamadas perdidas de sus padres. Les devolvería la llamada al día siguiente.
Elena se había ido del estadio en algún momento, pero le había enviado un mensaje.
Elena: Enhorabuena. Acabáis de hacer historia, chicos.
Y un segundo mensaje que decía:
Elena: De verdad, casi lloro, ¿eh?
Kip seguía viendo el mismo vídeo una y otra vez. Era la entrevista que Scott había concedido en la pista, justo después de que se besaran. Esta, junto con muchas fotos y capturas de pantalla de ellos besándose, se habían vuelto virales.
—Claro, sin problema —le había respondido Scott a la periodista, que le había preguntado si quería comentar lo acontecido—. Estaba celebrándolo un poco con mi novio.
—No creo que el mundo supiera que eres…
—¿Gay? Sí, soy gay. Tenía pensado anunciarlo de forma oficial, pero, qué narices, ¿no? Ya está todo el mundo aquí.
La periodista se quedó en silencio un momento, parecía atónita, antes de parpadear y decir:
—Y… ¿estás…? ¿Hay algo que nos quieras contar sobre él?
—Por supuesto. Que lo es todo para mí y que lo amo.
Kip sonreía como un idiota cada vez que lo veía. La voz de Scott era tan firme. Tan segura, como si no tuviera ningún tipo de duda. Sin mirar atrás.
Intentó no prestar demasiada atención a lo que se decía en las redes sociales al respecto, pero le bastó echar un vistazo para darse cuenta de que parecía haber más gente emocionada que disgustada. Aun así, desde luego, había mucha conmoción en ambos bandos.
—Esto va a ser una puta locura —murmuró Kip al móvil. A partir de la mañana siguiente, su vida iba a ser muy distinta.
Pero esa noche estaba en casa, enamoradísimo y feliz, joder. Estaba orgulloso de Scott por muchas razones.
Volvió a ver la entrevista.
Scott se sorprendió, aunque no tanto, al encontrar a Kip sentado en uno de los taburetes de la encimera de la cocina y no en la cama cuando llegó a casa. Eran casi las tres y media de la madrugada.
Llevaba los pantalones de pijama y una camiseta de tirantes y eso era todo lo que Scott quería ver en ese momento.
—Estás despierto —dijo Scott comentando lo obvio.
—Claro. Parece que vas menos borracho de lo que esperaba.
Kip se deslizó del taburete y cruzó la cocina para encontrarse con Scott.
—Hace un rato que he parado de beber.
Scott puso las manos en la cintura de Kip.
—Estoy orgullosísimo de ti, joder —dijo Kip—. Por todo lo de esta noche.
Scott lo besó y era justo lo que había estado deseando durante toda la noche. Incluso cuando estaba celebrando la puta Copa Stanley con sus compañeros, se había sentido consumido por la necesidad de besar a su novio.
—Me he precipitado un pelín —dijo después de separarse—. Lo siento. Quizá debería haber hablado contigo primero.
—No pasa nada —dijo Kip—. No pasa nada, Scott. No me lo esperaba, pero… ¡Ha sido muy romántico!
Scott se rio y sumergió la cara en el cuello de Kip, besándole justo debajo de la barbilla.
—Te quiero mucho —dijo. Se le había puesto la voz más ronca a lo largo de la noche. Había gritado mucho.
—Yo también te quiero, mi amor. Ahora ven. Siempre he querido llevarme a la cama a un campeón de la Copa Stanley.