Capítulo 26 #2
—¿Puedo preguntarte por qué demonios te lo planteas ahora?
—No quiero seguir mintiendo.
—¿Por qué no? Todo el mundo miente. ¿O es que crees que eres el único tío gay de la NHL ? Ni de coña. Solo eres el único que se está planteando anunciarlo al puto mundo entero. No lo hagas, Scott. Lo perderás todo.
—Anda ya —dijo Scott—. No lo perdería todo. Y ¿acaso tu trabajo no es asegurarte de que no pase?
—¡No soy un puto mago! No todo está en mi mano. A ver, te garantizo que anunciar algo así (ser el primer jugador de la NHL abiertamente gay) podría darte algunas oportunidades nuevas de marketing, pero no te veo en la portada de videojuegos ni representando a las grandes empresas de ropa deportiva…
—Creo que te equivocas en eso. Creo que el mundo podría estar preparado.
—Bueno, pues eres mucho más optimista que yo.
—Eso ya lo sabía.
Los dos se echaron a reír.
—Oye —dijo Todd con voz un poco más relajada—. Procura tener cuidado, ¿eh? Si te pillan… Ya sabes. Con un hombre…
—Ya tengo cuidado. ¡Pues claro que tengo cuidado! Si no lo tuviera, ¿cómo crees que habría podido mantenerlo en secreto tanto tiempo? ¿Ocultárselo a mis compañeros de equipo? ¿A los medios? ¿A ti?
—Supongo que tienes razón.
—Estoy harto de tener cuidado —dijo Scott suspirando.
Ambos se quedaron callados un momento, hasta que Todd dijo:
—¿Y cómo has pensado hacerlo? Me refiero a cómo vas a hacer el comunicado. ¿Tienes algún plan?
—No lo sé. Pensaba en preguntar si el Sports Illustrated quería publicar la historia. ¿Y si lo hago así?
—Por supuesto que querrán la historia. Podríamos sacar una buena tajada de esto, estoy seguro, pero tendremos que ser listos y ver bien a quién se lo vendemos.
—No —dijo Scott—. No busco sacar dinero con esto. No lo hago por eso.
—Ya lo sé, pero de paso…
—Todd, para ya. —Sonrió—. Aunque me gusta que hayas pasado a plantearte una estrategia.
—Sigo pensando que no deberías hacerlo.
—Tomo nota.
—Mierda. Vas a hacerlo de todos modos, ¿verdad?
—Es probable.
—Ay, dios mío. Será mejor que vuelva a tomar las pastillas antiácido. Solo… no hagas nada sin contármelo, ¿de acuerdo? A ser posible, no hagas nada de nada. Jamás.
—Que no salga del armario nunca. Lo pillo.
—¿Qué tiene de malo el armario? Es un lugar maravilloso abarrotado de atletas profesionales.
—Buenas noches, Todd.
Cuando Scott se despertó a la mañana siguiente, se quedó en la cama hasta más tarde de lo habitual, repasando la conversación con su agente. Había algo de lo que Todd había dicho que no se quitaba de la cabeza: «¿O es que crees que eres el único tío gay de la NHL ?».
No. Scott estaba seguro de que no lo era. Pero se sentía así. Todo el tiempo. Era una sensación de soledad terrible. Y esos otros jugadores gais que lo ocultaban debían de sentirse igual.
Quizá pudiera cambiarlo todo. Quizá pudiera facilitarles el camino, además de allanar el suyo propio.
Frunció el ceño. ¿De verdad iba a poder cambiar algo?
¿Solo por confesarle al mundo quién era?
¿Tendría alguna repercusión? ¿O Todd llevaba razón?
¿Lo rechazarían los patrocinadores? ¿Se distanciarían de él sus compañeros de equipo?
¿Le darían la espalda los aficionados? ¿Se resentiría su forma de jugar?
Y, entonces, ¿qué ocurriría con esos otros jugadores gais? Desde luego eso no haría que se sintieran mejor.
Joder.
—¿Qué te carcome, Scotty? —preguntó Carter mientras se comía un plato de huevos revueltos con una tostada del bufet del hotel.
—Bah —dijo Scott, que volvió al presente—. Nada.
—Mientes de pena, Hunter. Siempre te lo digo.
Scott sonrió y pinchó los huevos con el tenedor.
—¿Te resulta más fácil desde que la relación… se dio a conocer?
—Ah —dijo Carter y dejó el tenedor en la mesa—. ¿Te has hartado de mantener en secreto a tu chica?
—Más o menos —dijo Scott con una mueca.
—Claro, nos estábamos cansando un poco de vernos a escondidas. Al principio tiene su atractivo, pero el amor no puede ocultarse.
—¿El amor, eh?
Carter se encogió de hombros.
—No me avergüenzo.
—Me alegro de oírlo. Supongo que… Sí, el amor. Es una cosa, ¿verdad?
—No se puede meter en una jaula, Scott. Hay que liberarlo para que el mundo lo vea.
—Exacto.
—Oye —dijo Carter—. ¿Por qué no hacemos una cita doble o algo la próxima vez que Gloria esté en la ciudad? Así te vas acostumbrando poco a poco, ¿sabes? Si quieres, podemos ir a un sitio discreto.
—Tal vez —dijo Scott, aunque sabía que era imposible. ¿O sí era posible?
—¿Qué es lo que te preocupa? En realidad, no es para tanto. ¿Crees que se asustará de unas cuantas cámaras?
—Soy una persona muy reservada. O, al menos, tan reservada como puedo.
—Bueno, no iría mal si te vieran con alguien. ¡De lo contrario, la gente empezará a pensar que eres marica!
Carter se rio. Scott no.
—Joder, Scott. Alegra esa cara. Nadie dice eso. Relájate.
Scott se puso de pie.
—Voy a… —dijo con un gesto indefinido hacia los ascensores.
Se retiró a la privacidad de la habitación de hotel.
De vuelta allí, Scott hizo una lista en la libreta del hotel de lo que podía perder si daba la noticia.
Dinero, respeto, patrocinios, el apoyo de los fans, amistades, privacidad y, en el peor de los casos, su carrera deportiva.
Hizo otra lista de lo que perdería si no daba la noticia.
Su cordura, su autoestima, a Kip.
«Kip».
Cuando puso las dos listas la una junto a la otra, no había elección posible. Sobre todo, cuando reconocía que los elementos de la primera lista eran cosas que no tenía por qué perder necesariamente. Las tres cosas de la segunda lista las perdería seguro.
Pues muy bien.
¿Por dónde empezar? Se había dicho a sí mismo que no haría nada hasta que hubiesen terminado los play-offs , pero, ahora que se había decidido, le parecía que faltaba una eternidad.
Necesitaba hacer algo ya. Aunque solo fuera avanzar la mitad del camino. No podía soportar seguir fingiendo que Kip no existía, y tampoco podía permitir que sus amigos creyeran que estaba saliendo con una mujer ficticia. Ya bastaba.
Aunó valor y mandó unos cuantos mensajes.
Veinte minutos después, sus tres mejores amigos se reunieron con Scott en la habitación del hotel. Bennett fue el último en llegar.
—Muy bien —dijo Carter con la ceja levantada—, ya estamos todos aquí. ¿Qué pasa, Scott?
—Eh —dijo Scott—, ¿por qué no os sentáis?
Señaló las camas, donde Huff ya se había sentado. Bennett y Carter se unieron a su compañero. Todos observaban a Scott, a la expectativa.
—Bueno —dijo Scott, casi para sí mismo.
—Joder, ¿qué pasa, Hunter? —preguntó Huff.
—Nada —se apresuró a responder Scott—. Nada… malo. No es…
Debía de tener un aspecto horrible. Notaba el sudor que se le formaba en la frente y estaba seguro de que tendría las mejillas sonrojadas. Tenía la garganta seca y notaba un nudo en el estómago. Bajó la mirada hacia los calcetines azules, que le dieron un poco de valor.
Respiró hondo.
—Tíos, hay algo que me gustaría contaros. En realidad, quiero contárselo a todo el mundo. Pero quiero que seáis los primeros en saberlo.
Y sí, definitivamente parecía nervioso, porque Carter ni siquiera le interrumpió con una broma.
—Sé que es un momento un poco raro, pero es que tengo que… Está afectando a mi forma de jugar. Necesito…
—Venga, Scott —dijo Bennett con calma—, dilo y ya está.
Scott contuvo los nervios y dijo, por segunda vez en su vida:
—Soy gay.
Sus compañeros de equipo lo miraron y luego se miraron entre ellos. Los escasos segundos de silencio que siguieron fueron de las cosas más agónicas que Scott había soportado jamás.
—¿Lo dices en serio? —preguntó al fin Carter.
«¡No! Ja, ja, ja. ¡Era broma!».
—Sí.
—Guau —dijo Huff.
Bennett no dijo nada, pero su cara parecía… normal. Por lo menos, nada escandalizado.
Una vez que se había quitado el peso más grande de encima, Scott continuó:
—Sé que lo más probable es que prefirierais… no saberlo. Pero necesitaba contárselo a alguien. Así que os lo cuento a vosotros. Sois mis mejores amigos. Conque sí. Ya está.
—¿Va en serio? —insistió Carter.
—Que sí —dijo Scott.
—¿Eres…? —empezó a preguntar Huff, y entonces pareció quedarse sin palabras—. Perdona. No quiero parece un capullo. Es solo que, ya sabes. Joder, ¿no?
—Ya lo sé —respondió Scott.
—Si te soy sincero —reconoció Bennett despacio—, me medio imaginaba que pudieras serlo. Quizá.
—¿Ah, sí?
—Sí. No me malinterpretes. Sigo alucinando.
—¿Y tienes previsto contárselo a alguien que no esté en esta habitación?
—Con el tiempo, sí. Ya me he cansado de mentir.
—Mierda —dijo Huff—. Pues eso va a… ¿Seguro que quieres ese follón?
—No es que quiera ese follón —dijo Scott—, pero podré aguantarlo. No puedo seguir viviendo así. Y a lo mejor… a lo mejor así las cosas son más fáciles para los demás. Si salgo del armario el primero.
—A lo mejor —asintió Bennett pensativo—. Aunque el precio es alto. Tu vida ya es bastante caótica, ¿no?
—¿Gay? —preguntó Carter, quien saltaba a la vista que todavía no lo había asimilado—. Pero pensaba que estabas con esa chica morena tan atractiva… ¿Elena?
—No —dijo Scott—. En realidad, estoy con… su amigo.
—Pero ¿qué dices?
—Salgo con alguien. Desde hace unos meses.
—Espera. ¿¿Qué??
—Pues que estoy saliendo con alguien. Bueno, y estoy… enamorado de alguien.
—Alguien, tipo…, ¿un hombre? —preguntó Carter.
—Sí. Alguien, tipo, un hombre.
Carter soltó el aliento.
—Mirad, no espero que os parezca bien desde el minuto cero ni nada por el estilo. Sé que es un shock y puede que no haya sido justo por mi parte que…
—Scott —dijo Carter levantando una mano—. Cállate la puta boca un segundo. Voy a procesar esta mierda y luego voy a darte un abrazo de amigo. Pero cállate cinco segundos.
Scott contuvo una sonrisa.
—Muy bien.
Huff se dio una palmada en las rodillas y se levantó de la cama.
—Muy bien, por mí ya está. Y me alegro por ti, Scott. Me alegro de saber que has conocido a alguien. Si algún capullo se mete contigo por ser como eres, tendrá que vérselas conmigo.
A Scott le escocían un poco los ojos.
—Gracias, Huff.
—Lo mismo digo —se sumó Bennett, quien también se incorporó.
—Sí —dijo Carter, que por fin se levantó para unirse a sus amigos—. Lo mismo digo. Venga, dame un abrazo, Hunter.
Se abrazaron y los otros dos se les añadieron.
—Oye —dijo Bennett cuando se separaron—, ¿cómo se llama él?
Scott sonrió.
—Kip.
De pronto, a Carter se le alegró la cara.
—¡Kip! ¡Es el nombre más puto tierno que he oído en mi vida! ¿Me tomas el pelo?
—Gracias a dios —dijo Huff—. Pensaba que ibas a decir que estabas saliendo en secreto con Rozanov.
—Ya le gustaría a Rozanov —dijo Scott.
—¿Tienes una foto de Kip? —preguntó Huff.
—¡Kip! —exclamó Carter otra vez.
—Sí —dijo con timidez Scott—. Sí que tengo. Un segundo…
Sacó el móvil y les enseñó su foto favorita de Kip. Era la primera que le había mandado su novio, cuando estaba medio dormido en la cama.
—Es guapo —comentó Huff—. ¿Es atleta?
—No. Es inteligente.
—Ah. ¿No es un capullo cabeza hueca como nosotros? —preguntó Carter fingiendo estar ofendido.
—Va a… estudiar un máster. En Historia. Es…
—Espera un momento —dijo Carter, y agarró el móvil de Scott—. ¡Es el tío del museo! ¡Esas fotos de internet! Tío, no se me pasó por la cabeza…
—Bueno, mejor. Intentaba ser discreto.
—O sea que este tío es tan genial que ha hecho que nada menos que Scott Hunter se plantee salir del armario públicamente.
—Sip —confirmó Scott.
—Mierda. Creo que tengo que conocer a ese portento.
—Como salgas del armario va a ser la hostia —dijo Bennett.
—Ya lo sé. Y prometo que no lo haré hasta que terminen los play-offs. No en público. Ahora mismo es lo último que necesitamos. Y tampoco tenemos que contárselo al equipo.
—¿Sabes qué? —dijo Huff—. Mi cuñado es gay. Un tipo de puta madre. Genial con los críos.
—Ah —contestó Scott—. No lo sabía.
Huff se encogió de hombros.
—No todos los jugadores de hockey somos cabrones homófobos.
—Solo por saber —dijo Carter—, si tuvieras que elegir entre nosotros tres…
—No —dijo Scott.
—Venga, va —insistió Carter—. Supongo que soy yo, pero…
—Bennett —dijo Scott, solo para picar a Carter.
—Tiene sentido —corroboró Huff—. Bennett parece muy achuchable.
Todos se rieron, y le pareció muy buena señal. Scott los quería mucho.
—Estamos de tu parte, Scott —dijo Huff cuando salían—. Decidas lo que decidas, estamos contigo.
Scott asintió y se tragó el nudo que tenía en la garganta. Cerró la puerta tras ellos antes de que pudieran verlo llorar.
—¡Van tres! —exclamó Kip señalando la televisión—. ¡Eso es un hat trick ! ¡Sí!
Scott había marcado su tercer gol del encuentro, de modo que el tercer tiempo había terminado 6-2 a favor de los Admirals. Había jugado de fábula toda la noche. Kip estaba emocionado.
Los Admirals iban a ganar el partido. Y luego solo les faltaría ganar uno más para pasar a las finales.
—Es tan guapo —dijo su madre a nadie en concreto.
—Sí —suspiró Kip.
Su padre chasqueó la lengua.
—Me alegro mucho por él —dijo su madre—. Parece muy simpático.
Kip sonrió para sus adentros.
—Supongo que regresarán mañana —dijo su padre para dar conversación—. Y así se prepararán para el sexto partido.
—Sí, eso creo —dijo Kip, como si no lo supiera con toda seguridad.
Scott le había mandado un mensaje por la mañana. Nada largo, solo un rápido «Pienso en ti».
Kip había contestado:
Kip: Espero que no mucho. :)
A lo que Scott había respondido:
Scott: Esta noche ganamos.
Kip había sonreído al leerlo. Le gustaba ver a Scott tan seguro de sí mismo. Era sexy.
Kip: Lo veré. Te quiero.
Scott: Te quiero.
Scott cumplió su promesa.
La noche siguiente, alguien llamó a la puerta durante la cena.
—¿Quién puede ser? —preguntó la madre de Kip, ya levantada y de camino hacia la puerta.
—Bah, supongo que será Annette —dijo a Kip su padre, refiriéndose a la vecina de al lado—. Creo que hoy volvían de vacaciones.
Kip se metió una cucharada de puré en la boca. Luego oyó que su madre exclamaba:
—¡Santo cielo!
Se incorporó.
—¿Mamá?
—Es… ¡es Scott Hunter!