Cambiar el juego (Game Changers 1) Capítulo 25 #2
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Capítulo 25 #2

—No sé muy bien cómo explicarlo. Una cosa es que la NHL ondee la bandera del orgullo y hable de inclusión, y eso está genial, de verdad, no digo que no, pero en los vestuarios, en la pista y en los viajes con los chicos…

No lo sé. Nunca me he sentido cómodo siendo sincero sobre esa parte de mi vida.

No creo que me vieran con los mismos ojos.

Scott negó con la cabeza y continuó:

—Y la cosa es que… No quiero parecer dramático, pero, durante toda mi vida adulta, mis compañeros de equipo han sido la única familia que he tenido. Así que la idea de perder su respeto y su apoyo me aterra.

Y ahora Kip se sentía muy mal por haberlo presionado. Pero aun así quería que Scott diera el salto.

—Quizá todo esto suene como una razón que no acaba de justificar que no haya salido del armario —dijo Scott—. No creo que vayan a darme una paliza en el vestuario ni nada por el estilo. Es solo que… Es un puto paso enorme que dar. Y luego ya no hay vuelta atrás.

—No —asintió Kip—. No hay vuelta atrás. Pero déjame decirte que hay cosas increíbles una vez has dado el paso.

Scott sonrió.

—Lo sé. Y quiero verlas. Y quiero disfrutarlas. Contigo.

—Y yo. Y pase lo que pase, Scott, sabes que voy a estar a tu lado, ¿verdad? Puedo soportarlo. Sea lo que sea lo que te da miedo, lo combatiremos juntos. Estoy muy orgulloso de ser tu novio. Si crees que me da miedo que el mundo se entere de lo mucho que te quiero, estás muy equivocado.

La cara de Scott se descompuso un poco. Tenía lágrimas en los ojos.

—Te quiero. Kip, no sé lo que hago, pero te quiero tanto que no puedo perderte. Es que… no puedo.

El corazón de Kip se sintió como un gran mar cálido.

—Yo también te quiero, Scott.

—¿Puedes esperar a que acaben los play-offs ? ¿Sería pedirte mucho? —Su tono era sincero, no enfadado.

—Puedo esperar —dijo Kip—. Pero, cuando acaben los play-offs , tenemos que decidir cómo haremos luego.

Scott asintió.

—Me parece justo. Sí. Vale.

—Vale.

—¿Y me prometes que dejarás de pensar que voy a creer que no vales la pena? ¿O lo que sea? Porque no sé cómo explicarte que eso no es para nada verdad.

Kip esbozó una sonrisa aliviada y húmeda.

—Trato hecho.

Scott cerró los ojos y apoyó la cara contra la palma de Kip. Cogió la otra mano de Kip y él entrelazó los dedos con los de Scott, apretándolos con firmeza para tranquilizarlo.

—Por cierto, ¿qué les ha pasado a tus manos? —preguntó Kip.

Levantó una hasta los labios y besó con suavidad los nudillos magullados.

—¿No viste el partido? —Scott parecía un poco decepcionado por eso.

—No. Intenté verlo, pero… no pude. Lo siento.

—No te preocupes. Fue una pelea. Una tontería.

—¿Una pelea? Tú no te peleas. Jamás te he visto metido en una.

—Es que no suelo pelearme. Hacía mucho tiempo que no lo hacía. Y no debería haberlo hecho la otra noche, pero…

—¿Qué pasó? —preguntó Kip mientas le pasaba los dedos por los vendajes.

—Me llamó… Bueno. Creo que puedes imaginártelo. Pero —dijo Scott rápido— en realidad no es para tanto. Como ya he dicho, ese tipo de palabras son tan típicas en el hockey que no significan nada.

—Hasta que significan algo —dijo Kip en voz baja.

—Hasta que significan algo.

Kip acunó las manazas de Scott entre las suyas.

—Quise decírselo —dijo Scott—. Quise hacerle saber quién era el que le estaba rompiendo la cara.

Kip lo miró, sorprendido.

—Bueno, esa es una forma de salir del armario. Aunque no sé si la recomendaría.

Scott se rio.

—No debería haberlo hecho. Me refiero a pelear con él. Ojalá no lo hubiera hecho. Pero estaba… Ya sabes.

—¿Cansado?

—Sí. Y no había dormido nada.

—Lo siento. No debería haberme ido después de discutir.

—No te disculpes. Voy a arreglar todo esto —prometió Scott.

—Lo sé. Vas a ganar la Copa Stanley y yo voy a tener mi máster y vamos a ser invencibles juntos.

—Imparables —coincidió Scott, y volvió a besarlo—. Espera…, ¿te han admitido en la universidad?

Kip sonrió.

—¡Sí! ¡En la de Nueva York!

Scott lo abrazó y lo apretó con bastante fuerza.

—Estoy muy orgulloso de ti.

—¿Lo ves? —dijo Kip apoyando la cabeza sobre su hombro —. Imparable. Pero… quizá, por ahora, lo mejor sería que nos diéramos un poco de espacio, ¿no crees?

Scott lo soltó, lo que hizo reír a Kip.

—No, me refería a las próximas semanas. Hasta que acaben los play-offs , para que puedas concentrarte. De todas formas, estás viajando mucho, así que quizá lo mejor es que… te olvides de mí un poco.

Notó que Scott se ponía tenso.

—No voy a olvidarme de ti —dijo Scott.

Kip sonrió.

—Un poco sí. Además, tengo que arreglar algunas cosas en mi vida. Tengo…, eh, tengo un nuevo trabajo.

—¿Qué? ¿En serio? ¿Tipo… de historia?

—No —dijo Kip—. No es tan bueno. Pero sí es mejor que el del local de smoothies . Es en el Kingfisher. Ya sabes, es el pub al que voy…

—Ah. El… eeeh…

—Bar gay, sí.

—Vale. Bueno… O sea, eso es bueno. Estás contento, ¿no?

—Sí. Creo que será divertido. Los turnos serán hasta tarde, claro, pero prefiero eso a los horarios de por la mañana de ahora. Y cobraré algo mejor. Dan buenas propinas.

—Bueno, pues entonces enhorabuena. ¿Has dimitido en el trabajo?

—Sí. Les envié un correo ayer. En cuanto me dieron el otro trabajo.

—Ah.

—¿Estás bien?

—Sí —dijo Scott—. Es que… Le tengo cariño a ese local de smoothies .

—Ay… Tendrás que ir a verme a mi nuevo trabajo.

Temió que Scott se incomodara por haber dicho eso.

En lugar de eso, Scott dijo:

—Sí. Te lo prometo. En cuanto… pueda.

—Algo por lo que luchar.

—Sí.

Kip se inclinó hacia él y lo besó.

—¿Te vas a quedar a dormir? —preguntó Scott—. ¿Hoy?

Kip deslizó los dedos por la corbata de Scott.

—Sí. Claro.

A Scott le dio un escalofrío y soltó un suspiro, y Kip acercó los labios a su oreja.

—¿Qué te apetece hacer? —susurró.

—No lo sé.

—¿Qué te parece esto? —dijo Kip—. ¿Qué tal si te quitas el traje la hostia de sexy, te tumbas en la cama y me paso un par de horas besando cada centímetro de ti?

Podía notar a Scott sonreír pegado a su hombro.

Scott estaba temblando en la cama. Sentía frío y calor a la vez, al tener la piel al descubierto y la boca y las manos de Kip calentándolo y haciendo que su sangre corriera como la lava.

Lo que Kip le estaba haciendo, besar y lamer cada parte de su cuerpo con esa lentitud y cuidado, como si lo analizara, era casi una experiencia extracorporal.

Kip le besaba el interior de un muslo, cerca de su polla para tentar, y luego cambiaba y le mordisqueaba el interior de la muñeca.

Le pasaba la lengua por un pezón hasta que Scott pensaba en que se iba a morir, y luego le acariciaba con amor su nueva barba con los dedos.

Era el cielo y la agonía y la experiencia más sensual de la vida de Scott. Tendría que devolverle ese favor algún día.

Al final, Kip dobló la lengua sobre los huevos de Scott. Tarareó mientras se los metía en la boca. Scott jadeó y se arqueó.

—Te quiero —dijo—. Te quiero muchísimo y voy a arreglarlo todo. Te lo prometo. Voy a…

—Chiiist —dijo Kip mientras sustituía su boca por la mano.

Lo acarició y besó un poco la punta de la polla hinchada de Scott.

—No te preocupes por nada. Solo relájate. Déjame que te cuide.

Scott suspiró y cerró los ojos. Kip envolvió la polla de Scott con sus labios carnosos y entumecidos y se puso a trabajar para acabar de desmontarlo.

La manera en que lo había excitado había sido exquisita y eterna. Scott se dejó llevar por todo lo que Kip estaba haciendo con la boca y los dedos. Sintió cómo se tensaba su cuerpo y se le aceleraba el corazón. Quería correrse y quería que aquello durase para siempre.

Quería tantas cosas.

Pero notaba cómo estaba llegando al límite.

—Kip —dijo con voz ronca.

Kip se apartó y sustituyó su boca por la mano.

—Quiero verlo —dijo—. Enséñamelo. Venga, cariño.

Scott se corrió, en silencio y sobrecogido, mientras su precioso y perfecto novio lo observaba. Los espesos chorros blancos de su corrida le salpicaron el abdomen y llegaron hasta el pecho.

—Es precioso, mi amor —dijo Kip.

Se deslizó y besó a Scott, que también lo besó con gratitud.

—Eres tan bueno conmigo —dijo Scott—. Te quiero. No lo olvides, ¿vale? Te quiero.

—No lo voy a olvidar.

Más tarde, esa misma noche, descansaban en la oscuridad. Kip dormía con la cabeza apoyada en el pecho de Scott. Le había dado tanto esa noche… Se había entregado por completo a Scott. Y ahora estaba acurrucado contra él, con el cuerpo pesado y cansado.

Scott lo abrazó y se prometió en silencio que sería el hombre que Kip necesitaba que fuera. Luego se sumió feliz en sueños.