Cambiar el juego (Game Changers 1) Capítulo 22 #2
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Capítulo 22 #2

No estaba enfadado. Solo estaba frustrado y se compadecía de sí mismo. Y se estaba preparando mentalmente para ser rechazado por las universidades a las que había mandado solicitud de admisió, mientras que sus amigos le anunciaban haber conseguido puestos de trabajo mejores.

Quizá verse obligado a guardar silencio sobre su relación con Scott le hacía desear tener alguna noticia de la que poder hablar.

Quizá si no tuviera que guardar silencio sobre su relación con Scott…

Joder. A este paso, lo más probable era que no hubiera ninguna relación con Scott que guardar en secreto.

Cuando Scott volvió a su apartamento en Manhattan, Kip no estaba.

Scott sabía que no estaría trabajando. Se preguntó si habría salido a algún sitio o si ya no se estaba quedando ahí. No había vuelto a hablar con él desde su tensa llamada telefónica de esa mañana.

Decidió mandarle un mensaje.

Scott: Hola. Acabo de llegar a casa. ¿Te quedas a dormir hoy?

Tardó unos minutos en responder.

Kip: No. Hoy me quedo en mi casa. Temas familiares.

Kip no había mencionado nada sobre su familia. A Scott no le cabía duda de que estaba pasando de él.

Scott: Ah. Lo siento mucho.

Esperó.

Kip: Enhorabuena por la victoria de anoche.

Scott se relajó un poco. Al menos le había dicho algo bueno.

A menos que Kip estuviera siendo sarcástico…

Pero eso no tenía ningún sentido. ¿No?

Scott: Gracias.

Intentó pensar en algo que añadir que no sonara agresivo, enfadado, desesperado, paranoico o…

Scott: Espero que nos veamos pronto.

Ups.

Kip: Vale.

Hostia. Eso no había molado.

Scott: ¿Estás en casa ahora?

Kip: Sí.

Scott se mordió el pulgar, tratando de decidir qué iba a decir a continuación.

Scott: ¿Vendrás al partido de mañana?

Kip: Si quieres…

Scott: ¡Claro que quiero! ¿Estás enfadado conmigo?

Hubo una larga pausa y entonces:

Kip: No. Te veo en el partido.

Scott frunció el ceño. No tenía ni idea de cómo gestionar eso.

Estaba acostumbrado a tener la libertad de centrarse en su equipo y en cómo jugaba, en su salud y su forma física y en su contrato y los acuerdos comerciales.

Nunca se había centrado en su propia felicidad.

Y que la felicidad de otra persona se viera afectada por él era…

aterrador. Sin duda una receta perfecta para que todo saliera mal.

No tenía ni idea de qué estaba ocurriendo ni de cómo arreglarlo. Lo que sí sabía era que no necesitaba ninguna distracción en ese momento.

Kip no había mentido con lo de los temas familiares. Su hermana y su novio iban a cenar con sus padres, así que se aseguró de ir él también.

La cena había ido bien y se había hablado mucho sobre el cachorro que Megan y Andrew esperaban adoptar.

A Kip le preocupaba que la conversación se centrara en él y tuviera que mentir a su familia aún más de lo que ya lo había hecho.

En consecuencia, acabó haciendo muchas más preguntas sobre el cachorro de las que hubiese hecho de normal.

Fue después de la cena cuando Megan lo acorraló. Andrew fue a la cocina a ayudar a limpiar y ella lo agarró del brazo y lo llevó arriba.

—Bueno ¿y a ti qué te pasa, Kip? —le preguntó—. Mamá dice que ya casi nunca estás aquí. ¿Estás saliendo con alguien o algo así?

«Joder».

—Qué va —dijo con la mayor naturalidad posible—. Es solo que me quedo a dormir fuera. Duermo en los sofás de colegas y así ahorro tiempo cuando me desplazo al trabajo por las mañanas.

—Mmm —murmuró.

—¿Qué?

—¿Eres feliz, Kip?

Él se encogió de hombros.

—Sí. No sé.

—Estoy preocupada por ti.

Kip puso mala cara.

—¿Por qué? Si ya casi ni hablamos. Estoy bien.

—Sigues siendo mi hermano pequeño. No puedes ser feliz viviendo aquí con mamá y papá, durmiendo en los sofás de tus amigos, ligando con tíos al azar y trabajando en ese curro que detestas.

—Joder, Meg. ¿Algo más?

—Lo siento. Solo quiero verte feliz, eso es todo.

—Estoy bien —repitió. Suspiró y añadió—: He enviado solicitud a algunas universidades, ¿vale? Estoy esperando respuesta. No se lo digas a mamá y papá.

—¡Ay, qué bien! ¡Eso es genial!

—Bien. Déjame en paz.

Megan le caía muy bien. Siempre se habían llevado bien, aunque se habían distanciado un poco en los últimos años.

Quería decirle que, en realidad, se había estado quedando en el apartamento de su novio.

Quería decirle que estaba enamorado por primera vez.

Se imaginó su cara si le dijera que estaba saliendo con Scott Hunter.

Aunque, en ese momento, no sentía que estuviera saliendo con Scott Hunter. Últimamente, las cosas se habían vuelto tensas y distantes entre ellos, y Kip estaba seguro de saber por qué.

A las diez se metió en la cama. Tenía que levantarse muy temprano para ir al trabajo al día siguiente, ya que volvería a desplazarse desde Brooklyn.

Sentía un nudo en el estómago por el miedo que se le había metido en el cuerpo.

Estaba tan seguro de que su relación con Scott estaba condenada al fracaso que se sentía obligado a arrancarse la venda de un tirón.

Tenía que acabar con ello ahora para no tener que sufrir luego.

Y quizá, algún día, podría despertarse en su habitación de casa de sus padres, arrastrarse hasta su horrible trabajo y recordar con cariño el breve periodo de su vida en el que había vivido la fantasía de ser el novio de Scott Hunter.