Capítulo 18 #2
—Dijiste que no te gusta tu trabajo. Y que quieres independizarte de la casa de tus padres. Quiero que puedas hacer lo que quieras. Así que, si ese dinero te puede ayudar a empezar, estaré encantado de dártelo. Más que encantado.
—Dios —murmuró Kip.
—No quiero hacerte sentir incómodo —dijo Scott.
—Claro. Bueno.
—Te sientes incómodo.
—Sí.
Scott suspiró. Se había imaginado que eso podía pasar.
—¿Qué te parece esto? Iremos al banco y pagaré el préstamo. Olvida el cheque si es demasiado, pero por lo menos déjame liquidar lo que debes.
—Sigue siendo mucho, Scott.
—Por favor. —Kip volvió a sacudir su cabeza, así que Scott dijo—: Mira, de verdad que lo sé.
Sé lo que es luchar por el dinero y, de golpe, no tener que hacerlo más.
Pero yo gano… O sea, mi salario es público.
Seguramente sepas cuánto es. Es muchísimo dinero.
Y además tengo contratos publicitarios y otras cosas.
Lo que no tengo… —Scott le cogió la mano a Kip—.
O, lo que no tenía, era nada en lo que valiera la pena gastarlo. Ni nadie con quien compartirlo.
Kip lo miró mientras parpadeaba.
—Lo dono a organizaciones benéficas —continuó Scott—. Compré este apartamento y hago algunos viajes durante el verano. Aparte de eso, solo tengo un montón de dinero acumulado en el banco. Me haría muy feliz poder echarte una mano con una parte de ese dinero.
Kip le quitó la mano y volvió a mirar el cheque con el ceño fruncido.
—No —dijo al final—. Gracias, pero no.
—Kip…
—No. Mira, entiendo lo que quieres decir. Lo entiendo… No sé, lo de que te haga feliz hacerme feliz y esas cosas. Pero… Es… —suspiró—. No sé explicarme.
—No es para tanto —trató de explicarle Scott.
—¡Sí que es para tanto, Scott! ¡Es muy importante! ¡No puedes venir… y de golpe cambiarme la vida!
—¿Por qué no? —dijo Scott en voz baja—. Tú has cambiado la mía.
Kip parecía estar a punto de llorar, lo cual no era en absoluto lo que Scott quería que ocurriera.
—Es que… —dijo Scott poniendo una mano en el hombro de Kip.
Pero Kip se levantó y empezó a dar vueltas.
—No soy… Yo no soy una organización benéfica.
Tengo que pagar un préstamo universitario normal, como el que tienen millones de personas.
Quizá mi trabajo no sea una maravilla, y vivo con mis padres, pero tengo mi puto orgullo.
Y he estado pagando el préstamo cada mes antes de que tú…
, pues garabatearas tu firma en un puto trozo de papel y lo metieras en una tarjeta de felicitación y…
—¡Oye! —dijo Scott mientras se levantaba para acercarse a él. Kip estaba empezando a cabrearse—. Mira, lo último que quería era ofenderte. Me parece una estupidez que yo tenga todo este dinero y tú tengas préstamos pendientes. Y la solución parece bastante obvia, ¿no?
—Puedo arreglármelas yo solito, ¿de acuerdo?
—De acuerdo —dijo Scott desesperado—. De acuerdo. Sí. Vale. Lo siento.
Kip puso los ojos en blanco, pero parecía más por sí mismo que por Scott.
—Joder, Scott. Sé que solo estás intentando…
—Solo quiero que seas feliz —dijo Scott en voz baja.
—Soy feliz —dijo Kip—. Quizá no esté viviendo la vida de mis sueños, pero ¿quién cojones sí? —Luego se rio fuerte y señaló a Scott—. O sea, aparte de…
—Mi vida no es perfecta, Kip —dijo Scott con tensión—. Creía que eso lo entendías.
Kip exhaló.
—Lo siento. Lo sé. Estoy siendo un gilipollas. Es que estoy algo sensible con estos temas.
Scott asintió, quizá un poco atacado. Quería deshacer lo que fuera que estaba ocurriendo ahí.
—Era demasiado. Lo entiendo. De verdad. Quizá la relación te parezca un poco…
desequilibrada. Pero tú me das tanto, Kip.
Te quiero. Te quiero y sé que me precipito, y sé que quizá estoy siendo demasiado intenso con nuestra relación, pero, por favor.
Entiende que es solo porque me importas muchísimo.
Kip pareció meditarlo y la expresión de su cara se suavizó.
—Vale.
—¿Sí?
—Sí. Pero voy a romper este cheque.
—De acuerdo —dijo Scott, aliviado de que la situación pareciera haberse calmado.
—Lo siento —dijo Kip. Se dejó caer en el sofá y enterró la cara entre las manos—. Me has intentado hacer un regalo muy generoso. Y, créeme, una parte de mí se muere de ganas de decirte que sí, pero no puedo.
Scott se sentó a su lado y lo abrazó.
—Olvidémoslo, ¿vale? Lo siento. Debería haberte comprado flores o algo así.
Kip se rio apoyado en su hombro.
—Siempre es difícil decidir: flores o cincuenta mil dólares.
Scott se rio también, dándose cuenta en ese momento de lo ridículo que había sido su regalo. No había tenido ni idea de lo que estaba haciendo.
—Quiero volver a intentarlo —dijo pegado a la oreja de Kip—. ¿Puedo intentarlo otra vez, verdad? Quiero darte el regalo perfecto.
—No hace falta.
—Pero quiero. Te quiero, Kip. Y siento mucho ser tan malo con todo esto.
Kip inclinó la cabeza y unió sus labios con una mirada tierna y cariñosa. El beso fue lento y dulce, y Scott se derritió en él.
—Te quiero —dijo rozando con los labios la barba de tres días de Kip.
—Y yo a ti. Mucho. Joder, no quiero estar enfadado contigo. Te he echado de menos.
—Y yo a ti.
—Te voy a echar de menos hoy.
—Lo sé. Lo siento. Y esta semana estaré ocupado. Lo siento mucho.
—¿Qué tienes que hacer esta semana? —preguntó Kip, y luego empezó a besarle el cuello.
—Mañana tengo un entrenamiento largo. —Scott echó la cabeza hacia atrás para que Kip pudiera besarlo mejor—. Y mañana por la tarde tengo una cosa.
—¿Una cosa?
—Ajá. Una entrevista en Sports Illustrated .
—Ah.
—Y el miércoles voy a visitar a unos niños al hospital por la mañana. Esa noche tengo un concierto. El jueves por la mañana tenemos una videollamada y esa tarde tengo otra cosa…
Los besos pararon.
—¿Y qué es esa cosa?
—Ah. Pueees… una sesión de fotos. Una nueva campaña para Gillette.
Kip se echó hacia atrás para mirarlo fijamente.
—¿En serio?
—Y luego, el viernes, vuelvo a jugar y…
—¿Y luego tienes que ir a presentar el Saturday Night Live ?
Scott se rio.
—¡No! Lo rechacé. Dios, ¿te imaginas?
—No…
Scott lo miró serio.
—Sabes que todo eso es solo… Nada de eso es importante. Todo parece superglamuroso, pero lo único que me importa es el hockey y el tiempo que paso contigo.
—El mundo te quiere —dijo Kip acariciando los labios de Scott con el pulgar—. Tengo que compartirte.
—Un poquito —dijo Scott—. Pero a ellos solo les doy migajas.
Le mordisqueó el pulgar y a continuación le pasó la lengua por encima.
—Qué putada para ellos —se burló Kip.