Cambiar el juego (Game Changers 1) Capítulo 14 #2
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Capítulo 14 #2

Scott sonrió para sí mismo mientras caminaba alrededor de Kip hasta colocarse detrás de él.

Apartó de una patada la ropa tirada que se había acumulado allí y besó el cuello de Kip.

Este gimió e inclinó la cabeza para apoyarla en el hombro de Scott.

Estiró el brazo hacia atrás para rodear con él el cuello de Scott, quien le atrapó el pecho con un brazo de forma posesiva.

Con la mano que tenía libre, Kip lo agarró y lo apretó contra él.

—Kip… —susurró rompiendo el silencio, contra la piel de Kip. No pudo evitarlo. Se sentía borracho.

Presionó la entrepierna contra el culo de Kip para que pudiera sentir lo cachondo que estaba en ese momento.

—Joder. Por favor —jadeó Kip.

Agarró la mano de Scott y la llevó a su entrepierna, y Scott gimió, encantado con lo ansioso que estaba.

—No te preocupes —le susurró al oído—. Te voy a dar todo lo que quieras.

Kip se estremeció y Scott bajó lentamente la cremallera de los pantalones sobre su marcada erección.

En cuanto se abrió el pantalón, Scott movió las manos hacia las caderas de Kip.

Kip gimió frustrado, pero Scott hizo como que no lo vio; en cambio, metió los dedos en la cintura holgada y le bajó los pantalones al suelo.

Kip acabó de quitárselos y se dio la vuelta; tenía la polla dura y atrapada en la tela de los calzoncillos negros, con la punta asomando por la goma de la cintura.

Scott se mordió el labio, sintiéndose abrumado de nuevo. Tenía ganas de decir algo, pero aún no. No justo cuando ambos estaban repletos de lujuria.

En cambio, se quitó la chaqueta y los zapatos. Se desató la pajarita y se quitó los gemelos. Se quitó todo, dejando que Kip lo viera. No se desnudó haciendo un espectáculo, tan solo fue poco a poco quitándose las prendas con cuidado. Cuando se quedó en calzoncillos, dio un paso adelante y lo besó.

En cuanto sus bocas se unieron, Scott perdió la capacidad de mantener la calma.

Se abrazó a Kip mientras lo deseaba entero, y Kip respondió metiendo las manos por la parte trasera de los calzoncillos de Scott y agarrándole el culo.

Sus besos se volvieron enseguida salvajes, tenían apetito, y Scott ya no podía esperar más.

Había sido toda una noche de provocación y necesitaba que eso terminara. Necesitaba estar dentro de él.

En un movimiento que sorprendió a ambos, Scott levantó a Kip del suelo y lo sujetó con firmeza mientras Kip lo rodeaba con sus fuertes piernas. Scott lo cargó así hasta su habitación, haciendo como si Kip pesara la mitad de lo que realmente pesaba.

Cuando llegaron al dormitorio, Scott tiró a Kip sobre la cama y de inmediato se abalanzó sobre él. Le colocó los brazos por encima de la cabeza y le inmovilizó las muñecas con una mano, y luego volvió a besarlo hasta dejarlo aturdido.

—Uf, joder, Scott —jadeó Kip—. Sí.

Scott lo deseaba con todas sus fuerzas. Deseaba que dispusieran de tiempo infinito. Que nunca tuvieran que irse a dormir. Dios, y al día siguiente se marchaba durante toda una puta semana. Necesitaba saciarse con urgencia.

—Por favor, fóllame —dijo Kip en voz baja—. Por favor. Sé que habíamos dicho que tú me montarías, y quiero hacerlo, pero, dios, necesito que me la metas. La forma en que me has estado mirando toda la noche, y cómo me has desnudado luego… Joder, por favor.

—Lo voy a hacer —prometió Scott—. Quiero hacerlo. Créeme.

Enseguida se quitó los calzoncillos. Y, cuando estaba a punto de coger el lubricante y los condones de la mesita de noche, Kip lo agarró de la muñeca.

—Deja que te la chupe. Porfa, anda, ven.

Scott gimió y se movió hacia arriba, de modo que estaba prácticamente sentado a horcajadas sobre la cara de Kip, y su precioso y goloso novio no perdió el tiempo en meterse la polla en la boca. Kip gimió feliz alrededor de su polla y cerró los ojos.

—Dios, Kip.

Kip la acarició con la lengua, que deslizó poco a poco alrededor de la punta, y se sumergió lo máximo que podía desde esa postura. La sensación era increíble. Scott oyó el clic de la tapa del lubricante y se dio cuenta de que Kip estaba usando sus hábiles dedos para abrirse debajo de él.

La cara de Kip era de puro éxtasis. Estaba feliz mientras lamía y chupaba a Scott mientras él mismo se metía los dedos.

—Dios, te encanta, ¿verdad? —dijo Scott con voz rota.

Kip le respondió con una mirada ardiente y presionó la lengua contra la raja de Scott. Scott se sentía genial, el calor y la tensión se acumulaban en su interior. Tenía que aguantar.

Se apartó de la boca de Kip y se movió para poder ver cómo trabajaban sus dedos. Joder, podría pasarse toda la vida viendo a Kip tocarse. Era tan excitante verlo. Scott pensó en la polla de Kip, que aún no había tocado. Se movía de arriba abajo, como si esperara a que le hicieran caso.

—Dios, mírate —dijo Scott.

—Te deseo… Deseo tu polla…

—¿Cuántos dedos hay?

No sabía de dónde le había salido ese comentario descarado.

—D-dos.

—Uno más —le indicó Scott.

Kip gimió un poco y añadió un tercer dedo. Se retorció mientras se abría.

—¿Estás listo para mí?

—Sí. Joder. Venga. Va.

Scott se puso un condón y pensó en su siguiente movimiento mientras se lubricaba la polla. Había pensado en poner a Kip a cuatro patas para poder follárselo por detrás, pero, en realidad, quería verle la cara. Quería ver cómo se corría.

Kip se quitó los dedos y Scott no perdió el tiempo. Levantó las caderas de Kip y lo empotró, hundiéndose todo lo posible de una embestida. Kip gritó y Scott chilló, pero, cuando se aseguró de que no le había hecho daño a Kip, se lo folló rápido y duro.

El líquido preseminal ya se estaba formando en la punta de la polla de Kip. Scott todavía no lo había tocado ahí. Apenas lo había hecho en toda la noche.

—Ay, Scott. Así está perfecto. Joder.

—¿Estás…? Joder, mírate. Ni siquiera te he tocado.

—Lo sé. Lo sé. Tú sigue.

Los ojos de Kip seguían poniéndose en blanco; parecía completamente ido y, en ese momento, Scott estaba decidido a correrse primero. Quería ver si podía hacerlo sin tocarle la polla. Sin dejar que Kip tuviera ningún roce ahí.

—¿Puedes hacerlo? —dijo Scott—. ¿Te vas a correr para mí?

—Joder. Creo que sí. Sí.

—Dios, ¿en serio? Joder, venga. Por favor.

—Estoy a punto. Tan solo… no pares.

Scott movió las caderas con más fuerza, como si fuera un reto.

—En cuanto te corras, me corro yo —dijo, en parte para animarlo y en parte para constatar un hecho.

—Aaay.

Kip apretó las sábanas con los puños. Cerró los ojos con fuerza y apretó los dientes.

—¿Te vas a correr? Joder, Kip, mírate. Te estás corriendo, ¿verdad?

—¡Sí! —gruñó—. Jodeeer… Jodeeer…

Kip gritó abriendo muchos los ojos mientras se corría encima de su propio cuerpo. Eyaculó sin parar mientras ambos lo miraban, alucinados. Entonces Scott, tal y como había prometido, gruñó y se corrió dentro de Kip, sintiendo un alivio que lo invadió por completo.

Scott lo besó una y otra vez, luego se dio la vuelta con Kip para que este pudiera acostarse encima de él, y después lo besó otro poco.

Kip se levantó para sentarse a horcajadas sobre el abdomen de Scott.

—Ha sido increíble.

—La verdad es que sí —dijo Scott—. He…

—Es la una y media —dijo Kip mientras sonreía y acariciaba el pelo de Scott—. Quizá podamos tener otra ronda esta noche, ¿no crees?

—Sí. —Scott sonrió. Miró a Kip y lo supo. Lo supo con certeza.

Scott Hunter estaba enamorado.