Cambiar el juego (Game Changers 1) Capítulo 14
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Capítulo 14

Kip pensó en quitarse la ropa y esperar desnudo en la cama de Scott.

Pero entonces cayó en la cuenta de que llevaba un traje muy caro y, además, le quedaba fenomenal. ¿Y no había dicho algo Scott sobre querer quitárselo?

Kip sonrió en el apartamento vacío. Dejó las luces tenues y se sentó en el sofá para observar las vistas de Brooklyn.

Se le ocurrió una idea.

Sincronizó su móvil por bluetooth al equipo de música de Scott y puso una lista de reproducción de Spotify con clásicos románticos de jazz. Esperó.

Casi media hora después, oyó el clic de la puerta al abrirse.

Se levantó, pero no se movió hacia la puerta. Se quedó en la penumbra del salón con las luces de la ciudad a sus espaldas. Dejaría que Scott se acercara adonde estaba él.

—¿Kip? —lo llamó Scott con voz suave.

Kip no respondió. Apoyó la cadera en el lateral del alto mueble en el que estaba el televisor de Scott y cruzó los brazos mientras Frank Sinatra cantaba « I’ve Got You Under My Skin ».

Scott entró en la habitación.

—Dios mío. Kip.

Se acercó a él como si fuera el primer vaso de agua que Scott había bebido en días.

Kip esperaba que lo empotrara contra la pared y lo besara de forma brusca.

Esperaba que lo castigara por haber provocado a Scott en la gala.

En cambio, Scott le puso una mano con suavidad en la cara a Kip y pareció contemplarlo por un momento.

Se notaba la desesperación en los ojos de Scott, pero, cuando finalmente se inclinó y lo besó, lo hizo despacio y a conciencia.

No era una mera conversación; era Scott diciéndole algo importante y asegurándose de que Kip le estaba prestando atención.

Cuando sus labios se separaron, Kip se sintió débil.

—Uuuf —susurró.

—Me he pasado toda la noche deseando poder hacer esto —dijo Scott. Su voz era ronca y miraba a Kip como si no pudiera creer que fuera real mientras fruncía el ceño casi con una mueca de dolor.

—Oye… —dijo Kip y lo besó.

Puso una mano en el pecho de Scott, sobre la solapa de su chaqueta, y dejó que su lengua explorara su boca, despacio y con cuidado.

Se besaron un buen rato, con Kip apoyado contra el mueble del salón, sin intensificar nada. Y Etta James empezó a cantar « At Last ».

—¿Quieres bailar? —preguntó Kip.

—¿Tú qué crees? —respondió Scott mientras señalaba con la cabeza el equipo de música.

Kip sonrió.

—Venga, a ver lo que te ha enseñado Elena.

Scott negó con la cabeza, pero cogió la mano de Kip y lo llevó al centro del salón.

Colocó su otra mano en la parte baja de la espalda de Kip, y él le sonrió y dejó que Scott lo guiara.

Rodeó con su brazo libre el cuerpo de Scott y le deslizó la mano por la columna hasta dejar los dedos a la altura de la nuca y acariciar el pelo de Scott.

Scott era un bailarín torpe, pero a Kip no le importaba. Apoyó la cabeza en el hombro de Scott y suspiró feliz.

—Ojalá hubiera podido bailar contigo allí —dijo Scott.

—No pasa nada.

—Sí que pasa. Quería presumir de ti. El hombre más asombroso de la sala estaba conmigo y no podía decírselo a nadie.

Kip sonrió.

—No sabía que eras de los que se chulean.

—Y no lo soy. Pero…

—Me gustaría salir contigo por ahí.

Scott tragó saliva.

—¿Adónde me llevarías?

Kip se lo pensó.

—A una discoteca —dijo—. Nos dejaríamos llevar por la música. Me encantaría verte así, dejándote llevar. En público. Excitándonos el uno al otro y luego yéndonos a casa juntos.

—Dios —dijo Scott—. Me encantaría. Nunca he estado en una discoteca gay. Por lo menos, en Nueva York.

—Pues yo sé de algunas buenas. Algún día, quizá.

—Algún día.

Bailaron y Kip se dejó llevar. Se sumergió en el romanticismo del momento, de estar envuelto por Scott y de la lujosa tela del traje que llevaba.

Del ligero aroma de los productos de aseo que había utilizado.

De las luces de la ciudad que los rodeaban mientras se apretujaban todo lo que podían el uno contra el otro y sus cabezas se llenaban de escenarios imaginarios sobre estar juntos fuera de las seguras paredes del apartamento.

Bailaron y Kip volvió la cabeza para poder besar la marcada mandíbula de Scott. Mantener la boca ocupada le ayudaba a impedir que se le escaparan declaraciones prematuras.

Los dedos de Scott acariciaban suavemente la parte baja de la espalda de Kip, y este se preguntó si Scott se sentía como él, con los sentimientos a flor de piel.

Repleto de palabras que no se atrevía a decir en voz alta.

Sus propios dedos temblaban un poco, así que los enredó en el pelo de Scott, quien dijo:

—Quiero ir a todas partes contigo.

Y Kip pudo percibir la tristeza en la forma en que Scott lo había dicho. Pudo oír el «pero no puedo» que no había pronunciado. Pero Kip iba a hacer oídos sordos. Por lo menos, esa noche.

Scott estaba abrumado.

De algún modo, bailar tan arreglado en su propio salón era la experiencia más romántica de su vida. Le encantaba tener a Kip entre sus brazos, en su casa, vistiendo su traje. Sus sentidos estaban repletos de Kip.

Cuando la canción terminó, Scott se echó hacia atrás para poder admirarlo. Tenía que asegurarse de que ese maravilloso chico estaba ahí de verdad. Y de que él era su novio.

Kip le sonrió con timidez y Scott se quedó paralizado un instante.

—¿Qué pasa? —preguntó Kip en un susurro apenas perceptible.

Scott negó con la cabeza.

—Hay veces… —exhaló para ver si podía calmar los latidos— que me cuesta creer que seas real.

En cuanto lo soltó, se sonrojó. «Menuda tontería acabo de decir».

Pero Kip solo se rio, le puso una mano en el pecho, sobre el corazón acelerado, y dijo:

—Yo todavía pienso que voy a despertar de un sueño.

A Scott se le hizo un nudo en la garganta y el corazón le latía cada vez más rápido. Levantó la cabeza de Kip con un dedo y lo besó. Fue tan solo un suave roce con los labios de Kip, pero hizo que le diera un escalofrío.

«¿Qué me pasa?». Se sentía saturado, como si en su cuerpo albergara algo enorme y salvaje que le golpeaba las costillas tratando de salir de forma desesperada.

Enredó una mano en el pelo de Kip y con la otra le rodeó la cadera.

Kip lo agarró por las solapas, acercándolo hacia él y abriendo la boca para besarlo como era debido.

El calor húmero de la boca de Kip y la intensa presión contra el cuerpo de Scott lo devolvieron a la realidad.

Eso era real. Kip era real. Y Scott necesitaba quitarle ese traje.

Después de que Kip lo besara con pasión hasta casi perder el sentido, Scott buscó el botón de la chaqueta de Kip. Lo desabrochó y deslizó las manos por debajo de los hombros para quitársela y dejarla caer al suelo detrás de él.

—La verdad es que detesto tener que hacer esto —dijo en voz baja—. Estás precioso. Pero mis planes para el resto de la noche no incluyen ropa.

Kip le dedicó una de esas sonrisas arrolladoras y Scott le desabrochó la pajarita.

Los extremos se desplegaron y quedaron colgando sobre el pecho de Kip.

Scott tiró ligeramente de ellos antes de desabrocharle el botón superior de la camisa.

Desabrochó dos más dejando la parte del cuello abierto y el pecho de Kip al descubierto, mostrando la parte superior de su camiseta interior.

Los dedos rozaron la garganta de Kip y acariciaron su nuez, así que contuvo el aliento.

Nina Simone cantaba « I Put a Spell on You ».

Scott desabrochó el resto de la camisa de Kip y la dejó abierta.

El pecho de Kip subía y bajaba, y él miraba con deseo a Scott, pero no decía nada.

Scott cogió su mano izquierda y le estiró el brazo delante del cuerpo.

Desabrochó el gemelo y se llevó la muñeca de Kip a la boca para besar su delicada piel, sintiendo el pulso acelerado de Kip en las venas justo debajo.

Hizo lo mismo con la otra muñeca y luego guardó los dos gemelos en el bolsillo de Kip. Eso hizo que Kip sonriera.

Scott lo observó un momento.

—Quítate los zapatos —dijo—. Y los calcetines.

Scott dio un paso atrás mientras Kip seguía sus instrucciones. Era tan fácil asumir ese papel autoritario y ocultar su nerviosismo con un tono firme y seco… Y, dios, la forma en que Kip lo seguía con tanta obediencia… A Scott se le nubló la mente.

Cuando Kip terminó, se puso de pie, descalzo, con los pantalones aún abrochados y la camisa abierta, dejando al descubierto su camiseta blanca. El traje de Scott estaba completamente intacto, y a Scott le encantaba que hubiera esa desigualdad.

El corte ajustado de los pantalones de Kip no podía ocultar el bulto que se había hinchado cuando Scott lo desnudó. Scott iba a fingir que no lo había visto. De momento. En cambio, dejó caer la camisa al suelo, junto a la chaqueta.

Pasó las manos por los costados de Kip, metiendo los dedos dentro de la cintura de los pantalones lo justo como para sacar el dobladillo de la camiseta interior.

La subió lentamente, deslizando las palmas de las manos sobre la suave piel del abdomen de Kip.

Kip estiró los brazos para que Scott pudiera quitársela por la cabeza.

Cuando lo hizo, Scott le sujetó las muñecas con una mano y le mantuvo los brazos estirados por encima de la cabeza.

Kip cerró los ojos y Scott acercó la boca a la suya.

Lo besó de forma apasionada; sus bocas se deslizaron una contra la otra hasta que Scott soltó las muñecas de Kip y dio un paso atrás.

Kip respiraba con dificultad y tenía los ojos oscuros. Parecía que quisiera decir algo, pero no quería romper el magnífico y tenso silencio que habían creado. En lugar de decir algo, se mordió el labio inferior y esperó.