Capítulo 5
Tiraron el resto de la cena a los cubos de basura y salieron sin decirse nada. Scott sacó el móvil cuando ya estaban fuera y llamó a algún tipo de servicio de transporte.
—Debería de estar aquí en un par de minutos —dijo después de colgar.
Kip se limitó a asentir, emocionado por la expectación.
El coche llegó, un todoterreno negro, y se deslizaron en los asientos de cuero detrás de la mampara. Scott se sentó muy erguido, con las manos en las rodillas, sin apenas mirar a Kip. Doblaba los dedos y los movía inquieto.
Kip puso la mano sobre uno de los muslos de Scott, sintiendo el músculo firme bajo la suave tela de los pantalones de traje. No movió la mano, la dejó ahí como una presencia tranquilizadora.
Scott miró la mano de Kip y luego se volvió para mirarlo a los ojos.
—Sé guardar un secreto —dijo Kip, casi susurrando, porque no estaba seguro de si el conductor podía oírlos—. Y te prometo que haré que merezca la pena.
—Lo sé.
Scott puso la mano sobre la de Kip y entrelazó los dedos. Apretó los labios, como si intentara aguantar una sonrisa. Como si estuviera emocionado por eso. Por Kip.
Qué puta fantasía.
El coche los llevó a un edificio más nuevo en el barrio de Lower East Side.
Kip se sorprendió. Esperaba algo… Bueno, sabía que tenía que estar cerca del Straw+Berry, pero…
quizá en un barrio más elegante. Pero supuso que todos los barrios de Manhattan últimamente se estaban volviendo más elegantes, y ese edificio parecía nuevo.
Además, estaba claro que era un edificio muy caro.
El vestíbulo le recordó a la sala que tenía el templo egipcio en el Met: amplio y sereno y con mármol por todas partes.
Scott lo llevó hasta el ascensor y tecleó un código.
Cuando se abrieron las puertas, ya estaban justo delante de la puerta de Scott; no había más apartamentos en esa planta.
Scott tecleó otro código y abrió la puerta.
Se toparon con una vista panorámica de las luces de Brooklyn al otro lado del East River.
—Hostia puta —murmuró Kip, caminando medio hipnotizado hacia las ventanas.
Scott dejó las luces del apartamento apagadas. Se colocó detrás de Kip y dijo:
—Las vistas fueron una de las razones por las que lo compré.
—Jolín, ya te digo.
Scott tenía la mano sobre el hombro de Kip. Kip esperó un momento y luego se volvió hacia él. Las luces de la ciudad se reflejaban en el rostro de Scott en la oscuridad. Estaba frunciendo el ceño, como si discutiera consigo mismo, pero sus ojos no dejaban de posarse en la boca de Kip.
Kip decidió dar el paso.
Agarró un trozo de la sudadera de Scott, lo atrajo hacia él y unió los labios con los suyos.
Scott respondió al momento con un gemido ansioso.
Separó los labios y luego colocó las manos en la cara de Kip mientras introducía la lengua en su boca, besándolo como un hombre hambriento.
Como si no hubiera estado con nadie en muchísimo tiempo…
Kip le devolvió el beso y exploró la boca de Scott. Saboreándolo por primera vez. A Kip le daba vueltas la cabeza.
«No me puedo creer que esto esté ocurriendo».
Scott le bajó la cremallera de la parka a Kip y se la quitó de los brazos, dejándola caer al suelo. Sus manos se posaron en la cintura de Kip y se deslizaron bajo su camiseta. Kip se estremeció al notar las grandes manos callosas de Scott rozando su piel.
Se besaron durante lo que pareció una eternidad en el apartamento a oscuras, hasta que Kip finalmente preguntó, sin aliento:
—¿Tienes habitación?
—Sí. —Scott se rio al decirlo. Parecía nervioso, pero le hizo un gesto a Kip para que lo siguiera.
Lo condujo a través de una puerta que daba a una habitación gigante con una vista del puente de Brooklyn aún mejor que la del salón. Había una cama de dos por dos contra la pared del fondo. Aparte de eso, la habitación estaba decorada bastante sobria, pero era masculina y enorme.
Scott mantuvo la iluminación tenue en la habitación. Sonrió con timidez antes de quitarse la sudadera y tirarla sobre una silla. La camiseta blanca que aún llevaba puesta le quedaba muy ajustada al pecho.
—¿Está bien… así? —preguntó Scott—. Lo siento si estoy… No suelo hacer esto muy a menudo.
—Está de puta madre —dijo Kip acercándose a Scott y colocando una mano en su enorme bíceps—. Déjame que te cuide. Esta noche puedes ser simplemente Scott, el de Rochester, ¿vale?
Scott lo miró con tanta gratitud que a Kip se le estremeció el corazón. Entonces, su mirada se centró en la mano de Kip sobre su brazo, y la gratitud se convirtió rápidamente en otra cosa. Scott besó con fuerza a Kip y le sacó la camiseta. Luego se quitó la suya y dios mío…
Kip había visto fotos de Scott. Incluso había visto algunas entrevistas en el vestuario en las que salía sin camiseta. Pero ver a Scott delante de él, con su muro de músculos y su piel suave y pálida…
—Joder —murmuró Kip.
Hipnotizado, observó cómo el pecho de Scott subía y bajaba mientras respiraba. Entonces se dio cuenta de que Scott estaba mirando el pecho de Kip del mismo modo. Como si Kip estuviera en la misma liga.
Kip se mantenía en forma, claro. Iba al gimnasio siempre que tenía tiempo. Pero es que Scott era…
—Eres precioso —dijo Scott.
Al parecer, Scott estaba impresionado.
Kip sonrió y se mordió el labio inferior mientras caminaba hacia atrás hasta la cama. Scott le devolvió la sonrisa y lo siguió, hasta que se detuvo al final de la cama cuando Kip cayó sobre el colchón. Kip se apoyó en los codos y miró a Scott de una manera que esperaba que fuera seductora.
—¿Qué quieres hacer conmigo? —preguntó Kip alargando las palabras.
—No lo sé. He… Hay muchas cosas en las que he pensado, la verdad.
Kip abrió la boca y su polla se endureció de un modo algo incómodo dentro de sus pantalones. «Scott había estado pensando en esto. ¡Conmigo!».
Se obligó a mantener la calma. Era una oportunidad única en la vida y no iba a estropearla por nada del mundo.
—Elige tu favorita —dijo—. O, qué cojones, elige tus diez favoritas. Tengo tiempo de sobra.
Scott se movió rápido y cubrió el cuerpo de Kip con el suyo mientras volvía a besarlo. Kip le devolvió el beso con ganas. No se cansaba de la boca de Scott y quería que él supiera lo mucho que deseaba eso. Quería que se sintiera seguro para hacer todo con lo que había estado fantaseando.
Cuando Scott colocó una mano firme sobre la entrepierna de Kip, agarrando la erección a través del vaquero, Kip gimió en su boca. Levantó las caderas y se presionó contra la palma de Scott. «Sí. Por favor. Tócame por todas partes».
Scott paró de besarlo de golpe y lo miró con ojos salvajes.
—Hazlo —susurró Kip—. Lo que sea que estés pensando. Por favor.
Kip se inclinó para besarlo de nuevo, pero Scott ya estaba bajando por su cuerpo. Sus grandes manos desabrocharon con rapidez los vaqueros de Kip y se los bajó hasta los muslos. Kip apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que Scott empezara a besarlo a través de la ropa interior.
—¡Dios! ¡Joder! —gritó Kip, en parte por la sorpresa y en parte por lo bien que le hacía sentir la preciosa boca de Scott Hunter. Se apoyó en los codos para poder mirar, porque, hostia puta.
Quizá animado por el entusiasmo de Kip, Scott le bajó los calzoncillos, liberando la erección de Kip. Bajó los labios hasta la punta y luego miró a Kip como si le estuviera pidiendo permiso. Kip asintió y murmuró:
—Sí, por favor.
Cuando Scott envolvió la polla con esos labios carnosos, cubriéndola en un exquisito calor húmedo, Kip tuvo que hacer un gran esfuerzo para no empujar hacia arriba dentro de su boca.
Lo único que lo detuvo fue su suposición de que Scott probablemente no tuviera mucha experiencia chupando pollas.
No es que lo hiciera mal. Es solo que era un poco frenético y usaba su boca en la polla de Kip como si estuvieran en un callejón en lugar de en su propia casa, como si le preocupara que alguien pudiera entrar en cualquier momento y hacerlos parar.
—Oye —dijo Kip un poco ahogado—, no pasa nada. No tienes que ir rápido… Joder, seguramente quieras ir más despacio si quieres que aguante.
La tensión pareció abandonar los hombros de Scott cuando ralentizó su lengua. Estaba haciendo unos ruidos increíbles, como si fuera a él al que se la estuvieran chupando en lugar de al revés, pero tendría que parar pronto o Kip acabaría por correrse. Toda la escena estaba siendo intensa de narices.
Kip colocó una mano en la mejilla de Scott, y Scott levantó la vista, con los labios aún bien abiertos alrededor de él.
—¿Qué quieres? —preguntó Kip.
La boca de Scott se deslizó por la polla de Kip con un movimiento largo y obsceno de la lengua, y Kip echó la cabeza hacia atrás. «Dios». Scott podía decir literalmente cualquier cosa en ese momento y Kip le diría que sí.
—Quiero que me folles —le dijo Scott.
—¿Sí? —Kip estaba dispuesto a todo, pero había dado por supuesto que el capitán del equipo de la NHL sería más bien… de los que hacen de activos.
—Sí —respondió Scott con una sonrisa tímida—. ¿Te parece bien? Es… es en lo que más he pensado.
Kip tomó nota sobre dejar de hacer suposiciones sobre los roles sexuales preferidos de los gigantes y musculosos deportistas profesionales.
—Joder, sí, claro que está bien.
Scott sonrió.
—Quítate los pantalones.
Kip no podía esperar a ver todo el cuerpo de Scott.
Scott se puso de pie y parecía que lo observaba con detenimiento. Tumbado en la cama, con los pantalones bajados hasta la mitad del muslo y la polla empalmada y mojada con la saliva de Scott, Kip imaginó que debía de ser digno de ver.
—Tú también —dijo finalmente Scott, con la voz tensa—. Quítate la ropa.
Kip se sacó rápido las zapatillas, los pantalones, los calzoncillos y los calcetines, y se tumbó en la cama mientras observaba a Scott.