Caso 10
Mi padrastro me descubrió
Todo comensó una noche que me levanté a beber agua y escuché a mi mamá gemir en su cuarto…
Curiosa me acerqué y cuando me asomé por la rendija de la puerta, le vi encularla, con sus espaldas anchas y cuerpo fuerte, ella estaba en cuatro y él se la metía desde atrás.
Estaban ambos de espaldas a mí, así que me sentí segura y seguí mirando con curiosidad morbosa creciente.
El siguió dándole bien duro. Ella gemía y jadeaba, le pedía que se contuviera pues no quería que me despertase.
Pero él no hizo caso y le daba cachetadas fuertes mientras cogía con ella.
Siguió culiándola con muchas ganas hasta que comensó a gruñir como un oso a sus espaldas y ella le siguió en sus gemidos cayendo de bruces sobre la cama.
Yo me quedé ahí parada, obnubilada por aquella zafiedad. Así que cuando él se giró, como si notase mi presencia, por esas casualidades de la vida, ¡me vio!
¡Corrí a mi cuarto muy asustada! ¡Me había visto! Y azorada me metí bajo las sábanas. Él entró al rato y levantando estas se echó encima de mi espalda y me susurró al oído.
—Te gustó como follé a tu mamá, ¿sí? —entonces sus labios chuparon mi cuello, justo bajo la oreja y su peso aplastó mi culito virgen sobre la cama.
Creí desfallecer en aquel momento, sintiendo su excitación pegada a mi espalda.
Luego sentí cómo su mano bajó y sin miramientos se introdujo bajo mis bragas y comenzó a acarisarme mi rajita de arriba abajo, provocándome un gran placer.
Yo era virgen pero sus carisias me hasían estremeser y no me atreví a pararlo.
Me levantó y de improviso, clavó su lengua en mi culito y lamiéndome el chochito y el culito todo en uno. Consiguió sacarme un orgasmo en apenas unos minutos y luego me dejó allí tumbada y se marchó.
—Otro día te follaré a ti —dijo socarronamente antes de desaparecer.
Había sido delicioso, horrible al principio, pero con un delicioso final. Así tuve primer orgasmo con lengua y fue mi padrastro el que me lo proporcionó. Para más inri, ¡deseé que me follara como había hecho con mi mamá!
En los días siguientes yo me debatía entre la culpa y el deseo. Me imaginaba en cuatro como había cogido con mi mamá, me veía como una hembra madura recibiendo las culiadas de aquel oso.
Me masturbaba mi chochito cada noche, preguntándome cuando vendría a coger conmigo. Pero él no venía, así que empecé a pensar que quizás se hubiese arrepentido o que mi madre se enteró de algo aquella noche en que me visitó tras culiarla a ella.
Pero esa noche llegó de la forma más inesperada. Salí de mi cuarto para beber agua y mi padrastro salió de su cuarto detrás de mí. Parese que ninguno podía dormir con aquel calor o que escuchó mis pasos y salió de su guarida de oso.
Se acercó por la espalda, mientras yo bebía de la nevera. Llevaba puesto un top y unas braguitas de kitty, muy monas.
Me di cuenta de que estaba detrás y me giré.
—¿Eres tú? Salí a beber agua, ¡qué calor hace! —le dije simplemente.
—Sí, hase mucho calor, ¿verdad? —dijo acercándose y sin miramientos me levantó el top y me chupó una teta mientras me apretaba con su mano mi culito.
Yo gemí de placer preguntándome si lo haría allí mismo. Y me estremecí ante la posibilidad de que mi madre se levantara y nos pillara.
Se arrodilló y me bajó las bragas, me besó mi vientre y bajó hasta mi conchita, lamiéndome allí mismo donde yo me derretía por dentro.
Sus manos apretaron mi culo y por unos minutos disfruté de un nuevo orgasmo con mi clítoris muy endurecido por sus gruesos labios y su bigote mostacho que me hacía muchas cosquillas.
Me hizo girarme y siguió lamiendo mi culito, me metió la lengua ahí y yo pensé qué querría hacerme ahora. Pronto lo descubriría…
Primero su lengua me folló el culito y luego fue su dedo el que entró allí, ¡yo no sabía qué haser! Pero aquello me daba mucha curiosidad. Gemí en alto y así él supo que consentía su osadía.
Se levantó y agarró su miembro para follarme el culito, yo protesté pues me dolía mucho, pero él me regañó y me dijo que me callara.
—¡Cállate, vas a despertar a tu madre! —me dijo.
Así que me folló el culo y se corrió allí dentro. Luego se marchó y yo me fui a mi cuarto. Me dolía mucho, pero supongo que es natural la primera ves.
Otras noches seguimos culiando, se metía en mi cuarto de madrugada y yo me subía a su panzota y lo culiaba. Mi culito se fue acostumbrando a su vergota y cada ves disfrutaba más.
Yo seguía siendo virgen y él lo sabía.
—Es por tu bien, para que conserves tu virginidad y no quedarte embarasada —me desía.
Y yo le complacía, y gosaba del oso cuando no culiaba a mi madre.
Hasta que un día se hartó y el muy bribón, no apuntó a mi culito sino a mi chochito. Yo me asusté pero él me dijo que ya era hora.
—Ya estás preparada, ahora que eres toda una putita y yo te voy a desvirgar, ¿entiendes? —dijo con una voz pausada y profunda que me heló la sangre.
Y lo hizo, me folló mi conchita, llenándome toda, tan excitada como estaba, me folló con tremendas ganas y allí mismo se corrió y me embarasó.
Cuando mi madre se enteró que estaba embarasada, no me atreví a decirle quién era el padre. Por más que insistió, me resistí y mi padrastro me ayudó.
—No ves lo asustada que está mujer, ¡es tu hija! Nosotros nos haremos cargo del bebé —dijo para consolarla.
—¡Pero la gente hablará! —protestó ella.
—La gente habla de todo mujer, déjalos que hablen. Yo cuidaré de ti, de ella y de su bebé —prometió mi padrastro.
Y ahí quedó el asunto. Durante el embaraso continuaron nuestros encuentros nocturnos, él venía, yo tenía una panzota importante y me culiaba en cuatro, hasiéndome gemir de placer hasta que una noche mi mamá nos descubrió.
Ya se supo todo y aquello fue otro drama. Pero, ¿qué iba a haser? Mi padrastro tenía buena plata y ella no trabajaba, asín que se tragó su orgullo e hiso como si no nos hubiera visto.
Él la follaba a ella y también a mí, nasió mi hijito y él era el orgulloso padre y mi madre la orgullosa abuela. A veces la vida te da lecciones, no hay más que rendirse y dejarse llevar pues en el fondo es lo mejor para todos…