Caso 9 #3
—Lo que me apetese no me lo vas a querer dar… —me atreví a decirle provocándole una sonora risotada.
—¿Quién sabe? Tú prueba… —dijo ella incitándome.
La suerte estaba echada, o tal ves no…
Me acerqué a ella y agarrando su toalla con ambas manos la abrí para contemplar su glorioso cuerpo, sus gordas tetas y su vientre que terminaba en su concha depilada y gruesa como su culo.
—¿Te gusta lo que ves? —me preguntó muy sensual.
—¡Me vuelve loco tiita querida! —dije dejando caer la toalla al suelo.
Entonces ella se giró y comenzó a caminar de forma muy sensual contoneando su gran culo en dirección al dormitorio marital.
—Si tan loco te vuevle, sígueme…
Aquello no podía ser, estaba incitándome a ir tras su glorioso cuerpo desnudo, había visto su concha, sus preciosas tetas y su gran culo desnudo, así que corrí tras ella como un guepardo y nada más notarlo ella echó a correr.
Nada más llegar, se echó sobre la cama y de forma muy sensual se puso en cuatro y me ofreció su culazo.
—¡Ay, sobrino! ¿Te gustaría lamerme con tu lengua mi culito? —me propuso.
No hizo falta que respondiera, mi lengua paseó todo su culito y cuando fue a su chocha esta la tapó con su mano.
—¡Lame mi culito sobrino! ¡Me encantaría que me lo lamieras! —dijo para mi sorpresa.
La petición era extraña, pues yo quería comerle la concha, pero me vi comiéndole el culito a mi tiita querida. Se lo lamí, se lo penetré con mi lengua y hasta le introduje mi dedo, sintiéndola gosar con todas mis carisias.
Me sorprendió revolviéndose como una leona, bajándome el pijama y tragándose mi estaca sin pestañear, comenzando a chupármela con tantas ganas que tuve que detenerla para no correrme en su boca chupadora. Nunca había experimentado algo así y respirando aceleradamente tuve que advertirla.
—¡Me corro! —dije alarmado.
—¡Tranquilo sobrino, perdona que te haya atacado de esta manera! Aún podemos gosar, tú sólo túmbate y deja hacer a tu tiita querida.
Entonces mi tía se puso en cuclillas sobre la cama y con gran destresa se colocó mi glande en la entrada de su culo.
Esto me sorprendió pero la dejé hacer. Se lo clavó tras lubricarlo bien con su propia saliva y sentí una sensación brutal al notar como su culo se abría y mi polla desaparesía en su zafio agujero. ¡Uf, qué sensación!
Nunca sentí nada igual, ¡su culo era abrasador! Y su ano se contraía con fuerza en torno a mi dura polla. Al subir y bajar me estrujaba con una gran presión. Aquello no podía durar mucho y al poco rato sentí que me venía sin poder haser nada para evitarlo.
—¡Me corro! —dije por segunda vez y tomándola por la cintura comencé a darle con fuerza, acelerando el ritmo y me corrí por todo lo alto, dándole lo más fuerte que pude desde abajo.
Mi ímpetu follándole el culo, despertó su orgasmo temprano, así que mientras ella se frotaba frenéticamente su concha mojada, yo me corría en su culo abrasador.
Seguí follándola con pasión hasta que hubo terminado de correrse.
Lo mejor fue sentir las fuertes contracciones de su ano mientras esta se corría y gritaba como una poseída.
Tan fuerte apretaba su culo que hasta pasé del placer al dolor en apenas unos segundos, ¡pero qué delisioso dolor!
Sacándola despasito de su culo se echó a mi lado y los dos respiramos profundamente y recuperamos el aliento perdido en la follada.
—¡Tiita querida, esto ha sido genial! Pero me gustaría probar tu concha —me lamenté.
—¡Tranquilo sobrino, que esto no ha hecho más que empesar!
Y a fe que tuvo razón, pues no hubo un día que no folláramos. Con su culo, con su concha, con su boca, con sus tetas, terminé de todas las formas posibles sobre su gloriosa figura. ¡A cual más delisioso!
Hasta me dijo que quería tener un hijo, asín que follamos por su raja en los últimos días del verano antes de mi marcha al pueblo.
Y resultó que quedó preñada, preñada de mí.
Cuando me lo dijo mi madre meses más tarde no podía creerlo, así descubrí que sería el padre.
Por lo visto hasta mi tío cornudo se enteró pero consintió el desliz de mi tía, pues él también quería ser padre y le vino de la forma más insospechada, a través de su sobrino, el hijo de su hermana.
Fui delisiosamente utilizado por mi tía aquel verano. Y con gusto lo volvería a haser, pues no hubo cuerpo más voluptuoso que el de mi tía, más glorioso y abundante que me follara con tanta pasión en mi vida.
Por supuesto que de todo esto no tuvo notisias mi madre. Todo quedó en secreto entre mi tía, mi tío y yo. Aunque a ella le extrañó tanto que mi tía después de tantos años intentándolo sin conseguirlo quedase embarasada de repente y hasta me lo preguntó.
—¡Mijo, tú no habrás tenido nada que ver! ¿No? —me soltó un día hablando del asunto.
—¡Claro que no mamá! —dije yo estupefacto ante sus sospechas.
—Bueno mijo, tu tío está muy emosionado. Quien se lo iba a decir, tras tantos años… —sentenció mi santa madre después de todo.
—Un niño siempre es una bendición —dije yo, sabedor del gran secreto mientras rememoraba cada una de las veces que cogí de forma tan caliente aquella concha abrasadora de mi tiita querida.