Caso 9 #2
Creo que le molestaba que mirase a otras en lugar de a ella.
Agarró unos cuantos vestidos y nos fuimos al probador, allí se los probó y me pidió mi opinión.
Los modelitos eran del todo provocadores, con generosos escotes, rajas por la espalda o en los muslos.
¡Uf, definitivamente llamaron de nuevo mi atención sobre mi tiita querida!
Tras comprarse un par de vestidos, unos zapatos y un bolso, decidimos sentarnos en una terraza a tomar algo fresquito, pues al medio día ya hacía calor.
De vuelta a casa, compramos unas ricas hamburguesas y patatas, pues ella no quería cosinar ese día. Nos pusimos un poco guarretes comiendo, pues ella tenía buen apetito para rellenar ese culo y esas tetas y yo no me quedaba atrás.
Por la tarde volvimos a la playa, pero ese día sí que nos acompañó mi tío. Mi gozo en un pozo, así que tuve que enterrar mis ganas en la caliente arena.
Aunque por suerte no quiso ir a bañarse cuando mi tía lo dijo, de modo que en el agua pude nadar un rato junto a ella. No hubo juegos ni ahogadillas, aunque ella lo intentó como si tal cosa, pero yo rehuía el contacto
—¿Qué te pasa sobrinito? Hoy no juegas con tu tiita querida —dijo provocadora.
—Cómo tía y que se me ponga dura delante de mi tío —dije casi ofendido.
—No ves que está leyendo y no se entera, sobrinito. ¿Te gusta el bañador de hoy?
—No es tan atrevido como el de ayer. ¿Ves, tú también te cortas con él?
—¡Eres malo! Pues no, tengo varios para tu información —dijo ofendida.
Y se lanzó a nadar más hacia lo profundo, tal ves huyendo de mí. Pero yo la seguí, y allí me acerqué a ella.
—No te enfades tiita querida, sigues estando tan guapa como ayer. Ese bañador te sienta muy bien —le dije por si le había molestado mi comentario.
—¡Me gusta que me lo digas sobrino! ¿A que soy tu tiita preferida? —dijo poniéndose melosa mientras sus piernas se enroscaron en mi cintura por un momento y sentí su sexo pegado a mi pelvis.
—¡Sí, sin duda! —le aseguré con asertividad aferrándome a sus caderas en un movimiento instintivo.
Ambos gosamos en ese fugaz momento de debilidad, mientras mirábamos de reojo a mi tío bajo la sombrilla. Finalmente nos separamos y volvimos a la playa.
En la noche, solo en mi habitasión, de nuevo me hice una gran paja. Dedicándosela a mi tía en el agua, imaginándome que cogíamos sin que mi tío se enterase. ¡Y uf, qué buena paja me hise esa noche!
Tuve sed, me levanté y fui al refrigerador. Allí hallé a mi tiita querida. Esta bebía leche y del susto se le cayó entre sus tetas manchándole el camisón.
—¡Ay, me asustaste! —dijo ella viendo como se había puesto.
—¡Lo siento tía! ¡Tenía sed y me levanté a beber!
—¡No importa sobrino! Ahora me cambiaré al acostarme —dijo ella mientras se secaba con un paño de cosina.
—Creo que cambié de opinión, quiero leche —dije y tomando el brik donde ella bebió antes—. Tomé un trago como ella hacía cuando llegué y me excitó poner la boca donde antes estuvieron sus labios. ¡Qué fresquita!
—¡Oh si, está muy fresquita! Sígueme —dijo melosa.
Fuimos al balcón a disfrutar del fresco de la noche y la brisa marina hiso ondular su pelo lacio mientras yo la miraba de perfil.
—¡Qué silencio! —dije sonriéndole.
—Sí, a veces me vengo aquí cuando hace demasiado calor para estar en el cuarto —me confesó ella muy sensual.
Entonses me acerqué a ella y la besé en la mejilla, pasando la mano por su cintura con toda intención mientras algo se me ponía duro allí abajo, el corazón me iba a mil y el pulso me temblaba.
—Hoy me gustó mucho nadar junto a ti en el agua —le confesé.
—A mí también sobrinito, a mí también —dijo ella melosa.
Sin poder resistirme a la tentación la abrasé, la agarré por la cintura y pegué mi dura estaca a su pélvis. Ella puso sus brazos en mi pecho y por unos momentos sentí que su cintura se contoneaba y se rozaba sensualmente con mi dureza allí abajo.
—Ahora sí que se te ha puesto durito, ¿eh, sobrino? —dijo ella melosa.
Intenté besarla en la boca, pero ella me esquivó haciéndome una cobra.
—Será mejor que nos vayamos a acostar sobrino, esto no está bien —susurró saliendo despavorida como una cervatilla asustada.
Nos volvimos a acostar y me volvía a pajear.
Pues la dura erección no se me bajaba, pensé en ella bebiendo leche, en sus pechos mojados con el frescor de la leche derramada.Todo muy sensual, todo muy caliente, en sueños la follé aquella noche y el deseo corrió por mis venas y estalló en mi polla dura en forma de segunda corrida.
Por la mañana me levanté bien tarde y no la hallé en la casa así que desayuné en solitario. Pensé que tal vez ella se hubiese enojado por mi atrevimiento anoche y me arrepentí de haber sido tan osado.
En ese momento llegó de hacer deporte, muy sudada, con un top mojado y unos shorts pegados a su gran culo. ¡Uf, cómo me ponía mi tiita querida!
—¿Me doy una ducha y vemos qué hacemos? —me preguntó tras saludarme sin aparentar enojo alguno.
—¡Claro tiita querida! —dije yo sonriente y aliviado.
Me quedé esperándola sentado en la mesa, pensando en cómo se estaría duchando. En su cuerpo desnudo, con su piel enjabonada, con mucha espuma resbalando por sus hermosuras, sus pechos, su gran culo, su sexo. ¡Uf, esto me lo puso de nuevo muy duro!
Salió envuelta en la toalla, se acercó a la mesa del desayuno, se sirvió un gran vaso de zumo y lo bebió con gran ansia de un sólo trago. Cuando terminó, lo dejó sobre la mesa y secó sus labios con el dorso de la mano.
—¡Qué sed tenía! —dijo y me sonrió.
—¿Hoy no te apetece lechecita? —dije yo picarón.
—¿Tal ves un poco más tarde? —dijo con ironía.
—¿Qué hasemos hoy? —le pregunté recordándoselo.
—¿Qué te apetese? —preguntó devolviéndome la pregunta.