Caso 11
Mi hijo se atrevió
Fui una madre joven, cuando apenas había cumplido la mayoría de edad, mi novio me embarazó y así fue como tuve a mi hijo.
Y así fue cómo mi vida me cambió. Quien prometió ayudarme con todo, de repente desapareció.
Fue muy duro, me vi sola y embarazada, con mi madre como único apoyo. La historia se repetía, pues ella también me tuvo a mí bastante joven y a ella también la abandonaron. Así que al menos tuve comprensión por su parte.
Pero hoy puedo decir que no me arrepiento después de ver cómo mi hijito se dispone a cumplir su mayoría de edad. Es un chico muy alto y apuesto, con pelo negro, fuertes pectorales y una sonrisa que enamora.
Al tener que criarlo me olvidé de mí misma y sólo ahora es cuando estoy recuperando el tiempo perdido.
De vez en cuando salgo con algún hombre, que me invita a cenar, pero casi todos los hombres a esta edad sólo buscan una cosa de una madre soltera…
¡sexo, sexo y más sexo! Y aunque una no es de piedra y también tiene sus necesidades en ese aspecto, yo ya sé de la vida y busco otra cosa. Aunque lamentablemente no lo encuentro.
Es sábado de madrugada cuando vuelvo y lo encuentro despierto estudiando en el salón…
—¿Qué tal tu cita? —me pregunta levantando la mirada de los folios garabateados con símbolos que para mí son como jeroglíficos indescifrables.
—Bien, hemos cenado y durante la cena nada me hacía presagiar que este sería un cerdo más —le digo frustrada por el resultado de mi cita.
—¿Y eso? —me pregunta extrañado.
—Pues nada, que tras cenar me ha montado en su auto y me quería llevar a su casa. Pero me he negado y le he dicho que no quería correr tanto. A lo que ha respondido que a mi edad ya estoy para esperar. Entonces me he bajado del coche y le he despedido con un portazo.
—¡Vaya capullo! ¿No? —replica mi hijo indignado.
—Sí, vaya capullo. Voy a ducharme, vengo toda sudada de caminar —así que lo dejo estudiando.
El agua caliente resbalaba por todo mi cuerpo, limpiándolo, refrescándolo.
Ahora tengo treinta y seis y me siento joven, joven y caliente.
He de admitir que el tipo de hoy me gustaba, tenía un carro grande y parecía sincero, pero el muy gilipollas se ha precipitado, no ha sabido esperar y tener paciencia conmigo.
Así que me lamento mientras acaricio mis pechos enjabonados, estrujándolos, pellizcándome los pezones entre el índice y el pulgar, ¡oh, qué sensibles están! Enchufo la alcachofa a mi sexo. ¡Estoy muy caliente! Necesito una polla que me folle, pero en lugar de ello tengo que masturbarme…
Para mi sorpresa, mi hijo toca a la puerta.
—¿Puedo entrar? Me hago pis —es muy educado y me pregunta.
—Claro cariño, pasa, estoy en la ducha —le digo dejándole pasar.
Entra, va al baño y se baja la bragueta, comienza a hacer su pis.
Mientras estoy en la ducha no puedo evitar espiarle y le miro entre las cortinas.
Veo su hermosa herramienta. ¡Qué bonita es!
—me digo sorprendiéndome a mí misma por mi indiscreción—.
Me horroriza lo que estoy haciendo, pero estoy tan caliente en la ducha que he sucumbido a la tentación.
Decido salir con la toalla liada y me hago la remolona mientras miro de soslayo y observo como se sacude las últimas gotitas de pis…
—Por favor, mamá, no mires, que me da mucha vergüenza —me dice cariñosamente.
¡Me ha pillado! Yo estoy secándome las piernas al borde de la bañera y niego la mayor.
—No estaba mirando, hijo, solo estaba secándome —argumento en mi defensa.
Mientras me seco pasa a mi lado y observo que se me queda mirando el culo y las piernas mientras me termino de secar.
—¡Ahora eres tú el indiscreto! —le digo pillándolo in fraganti.
—¿Yo? No estaba mirando —dice él negando también su desliz.
—No pasa nada hijo —contesto sonriendo para que no se ponga colorado.
Tras el incidente me voy a mi cuarto y él vuelve a estudiar al salón. Allí me entrego al placer solitario y quedo profundamente turbada rememorando su preciosa polla en el baño.
Tengo el clítoris tan gordo mientras lo froto y me mojo mis yemas en mi encharcado surco… ¡Me corro! Me corro con ese incómodo pensamiento, ¡qué preciosa polla tiene!
Me muevo entre la culpabilidad y el deseo, abriendo y cerrando con fuerza mis piernas mientras el squirt escapa de mi sexo. ¡Menos mal que he sido una chica previsora y he puesto una toalla doblada bajo mi trasero! ¡Oh, qué rico…!
Los días pasan lentamente y la semana queda un suspiro. Llega el fin de semana y esta vez no tengo cita a la vista. Ya quedé escarmentada la semana anterior, cada vez me interesan menos los hombres.
—Ya he terminado los exámenes finales, mamá. ¿Por qué no salimos a tomar algo esta noche? —me propone mi hijo por sorpresa.
—¡Claro, hijo! Qué orgullosa estoy de ti —le digo dándole un beso.
Acepto encantada. Fuimos a un buen restaurante, vestidos como la ocasión lo merece…
—¡Qué guapa estás, mamá! —me dice nada más sentarnos.
Llevo un vestido de noche con un generoso escote que dejaba entrever mis grandes pechos. Algo que llama su atención cuando me siento, pues una mujer sabe cuándo la miran y dos tetas llaman poderosamente la atención de un hombre, aunque sea mi hijo.
—¡Gracias! ¡Tú también estás muy guapo! —le digo admirando su porte.
Pedimos una botella de vino, él decide mezclarlo con su refresco de cola para rebajarlo. A mí me parece un desperdicio, pero no me puedo negar pues yo misma fui joven y lo mezclé para tomarlo.
Creo que bebo demasiado. Un DJ sube al escenario y comienza la música.
—¡Bailemos! —le digo tirando de su mano.
Él no quiere, pero le fuerzo y mientras la gente nos mira consigo llegar a la pista y comenzamos a bailar agarrados. Realmente estoy muy mareada, menos mal que él me sujeta.
Todo el mundo nos mira, la mayoría son parejas mayores, cuando no ancianos. Creo que notan la diferencia de edad, deben pensar que soy una asaltacunas o algo peor…
Decido ignorarles y me pego más a mi hijo provocándole. De repente noto algo en el vientre, ¡es su erección!
—¿Tienes una erección? —le pregunto entre sorprendida y divertida.
—¡Yo, no! —dice él muy azorado separándose.
—No te separes hijo, ¡que lo van a notar! —le digo, ahora la avergonzada soy yo.
Pego de nuevo mi pelvis a la suya mientras me pregunto: ¿Cómo ha tenido una erección? ¿Acaso yo le he provocado de tal forma? No entiendo nada, solo estoy muy mareada.
—Es que no llevas sujetador, ¿mamá? —me pregunta él ahora, alarmado.
Me da por soltar una carcajada, ante su confesión. Parece que ha estado mirando ahí más de lo que yo suponía.
—Sí que lo llevo, tonto. Pero va pegado debajo del pecho, hijo. Aún hay muchas cosas que desconoces de las mujeres —le digo sin darle mayor importancia.
—Prácticamente todo, mamá —me confiesa mientras seguimos nuestro baile lento.
Decidimos parar y tomar una copa en la barra. Allí me siento en un taburete y cruzo las piernas sensualmente, pues mi vestido es corto, tal vez demasiado, y al sentarme se me sube casi hasta los cachetes de mi trasero. De nuevo noto su mirada de asombro y se sonríe.
—¿De qué te ríes? —le pregunto curiosa.
—Nada, no estoy acostumbrado a verte así —dice él sin ser más explicativo.
—¿Así cómo? —me intereso.
—No sé mamá, tan sexi… Creo que todos te miran —me dice.
—¡Ignóralos, son unos viejos verdes! Nosotros somos jóvenes, la noche es nuestra —le digo con picardía.
Tomamos sorbos de nuestra bebida y noto que cada vez estoy más mareada, pero él, que apenas está acostumbrado a beber, parece más mareado que yo.
—Creo que será mejor que nos sentemos —dice él mientras permanece de pie a mi lado.
—¡Tranquilo! —le digo sujetándolo mientras vamos a un reservado alejado de la pista.
Allí somos partícipes del lote que se está dando una pareja de descarados. Se comen la boca y se meten mano por todos lados. Observo que mi hijo mira y se muerde el labio inferior con deseo.
—¿Qué descarados, no? —le digo por sacar un nuevo tema de conversación.
—¡Ya lo creo! —dice él—. ¡Se están poniendo las botas! —afirma y se ríe conmigo.
Ahora vemos atónitos, cómo ella introduce su mano en su bragueta y le masturba con disimulo, sin sacársela del pantalón.
—¡Oh, qué descarada! ¿Has visto lo que hace? —ahora quien se muerde el labio inferior soy yo.
—¡Claro que lo veo! ¿Cómo se atreve a hacer algo aquí en público? —se pregunta él sin poder comprender el atrevimiento de ella.
—Porque nada les importa hijo, sólo tienen ojos para el otro —afirmo con cierta envidia.
—¡Oh, pues qué caliente me están poniendo! —me confiesa él con sinceridad.
—¡Uf, hijo, ya somos dos los que nos ponemos calientes mirándolos! —me atreví a confesarle también.
Entonces la mujer se nos queda mirando, nosotros apartamos la vista avergonzados mientras ella cuchichea algo a su pareja. ¡Horror, él se levanta y se acerca a mi hijo y a mí!
—Lamento las molestias, pero mi pareja dice que le encantaría que os uniérais a nosotros aquí al lado —nos suelta entre susurros, a modo de confidencia secreta.
—¿Unirnos? —me pregunto en voz alta como si no hubiera entendido la pregunta.
Miro a mi hijo a mi lado y él me devuelve una mirada curiosa. Está tan asombrado como yo, realmente la propuesta es atrevida y estoy tan caliente que creo que incluso a él le tienta que diga que sí.
—¡Claro! —digo para su asombro.
No puedo creer lo que acabo de hacer, nos cambiamos a su reservado y el hombre corre unas cortinas para tener más intimidad. No sabía que se pudiera hacer algo así, pero al parecer sí que se puede.
Nos sentamos juntos, entonces la chica se acerca a mi y por sorpresa me besa en los labios. Un beso caliente que chupa dulcemente los míos con una puntita de lengua. No sé que decir, estoy avergonzada y miro a mi hijo, quien no dice nada.
La chica es más joven que el hombre y que yo misma, se arrodilla ante mí y me separa las piernas sin reparo.
Sonrío, más que nada es un síntoma del nerviosismo que recorre mi piel.
Mi hijo mira mis bragas negras y yo no sé qué hacer, pero ella no duda, se zambulle entre mis piernas y comienza a besar mis muslos y mis ingles. ¡Qué atrevida!
Suspiro mientras el hombre me acaricia un pecho por encima del vestido, luego me baja la tirante de ese lado y me saca mi teta, mi pezón está duro y yo de nuevo miro a mi hijo, él se toca su dureza en su entrepierna.
Entonces siento como la chica aparta mis bragas a un lado y lame mi raja, provocándome un escalofrío de placer y un hondo gemido.
Me reclino en el sofá del reservado y a continuación la chica sigue lamiéndome allí debajo de una forma que nadie hizo antes, ¡qué bien me come el coño la jodida!
Miro al hombre y veo como este se ha sacado su gruesa polla y se masturba a mi lado, giro la cabeza y, ¡oh, sorpresa! La polla de mi hijo también está fuera, es más larga y delgada, pero tan bonita como la recordaba del descuido del baño.
Estoy enloquecida agarro ambas pollas con las manos y sorprendo a los dos, las meneo mientras la chica me sigue comiendo el coño, turbándome hasta el infinito.
Las pollas en mis manos mientras ellos acarician mis tetas, incluido mi hijo que ya no se corta un pelo y se agacha y me chupa el pezón de su lado. Me está mamando.
Entonces me encuentro con la polla del hombre muy cerca de mi boca, antes de que pueda decir o hacer nada ya la tengo insertada dentro. Me obliga a chupársela pero estoy tan cachonda que me gusta sentir su poderosa verga en mi boca.
Mi hijo lo imita, y pide atenciones, con su largo pene blanco tan cerca de mi cara, cambio del hombre a mi hijo y se la chupo con pasión. La chica está haciendo muy buen trabajo, tanto que consigue que me corra en su boca, mientras en la mía sigo gozando del sabor y la suavidad de la polla de él.
Qué buen orgasmo, estoy desatada, la chica se levanta y la beso con pasión en los labios. Mi coño en su boca, saboreo mis propios fluidos mientras la chica me lame toda la cara, ¡qué rico!
Ahora el hombre tira de mi, me pone en cuatro de rodillas en el sofá y me agarra por las caderas para follarme allí mismo.
Gimo de placer, miro a mi lado y la chica se pone en cuatro para que mi hijo la folle también.
No me lo puedo creer, ambos estamos follando con dos desconocidos.
El hombre se sienta y me indica que lo folle yo.
Lo hago sin dudarlo y mientras le cabalgo noto una mano que me acaricia el culo, ¡es mi hijo!
¡Qué pícaro! No creí que se atreviese a hacerlo.
Extiendo la mano y le pellizco el suyo mientras siento como se contrae para follar a la chica.
Veo que gruñe, no aguanta más, la saca y se corre sobre la espalda de ella mientras miro cómo la riega con su esperma.
¡Qué caliente! Mientras tanto el hombre me agarra con más fuerza y me azota el culo, me zarandea y gruñe bajo el peso de mis caderas.
Se está corriendo dentro de mi coño, ¡qué zafio espectáculo!
Madre e hijo follando juntos con dos extraños.
Nos recomponemos sentados en el reservado, estoy sudada. Busco mis bragas por el suelo, tarea imposible, no sé dónde han ido.
—Nos encantó conocerlos, aquí tiene mi tarjeta, si quieren que volvamos a vernos, no duden en avisarnos —me dice el hombre entregándomela.
—¡Oh, no somos de esos! Esto ha sido solo… ¡no importa! Ha estado bien, tal vez les llamemos —les digo mientras me pongo los zapatos.
Mi hijo recupera su pantalón y nos marchamos.
—¡Qué vergüenza hijo! —digo mientras nos alejamos del reservado.
Fuera la noche estrellada nos saluda con una brisa fresca que se agradece tras el calor que hacía en el reservado.
—Me ha gustado mamá, ¡mucho! —me confiesa él mientras caminamos en busca de un taxi.
Nos montamos y abro las ventanillas para poder respirar. Estoy tan avergonzada, ¡cómo he podido atreverme a tanto! —me pregunto en silencio.
Llegamos a casa y voy directa a la cocina, agarro un vaso de agua lo lleno y me lo bebo de un trago cuando…
Mi hijo me abraza por la espalda, siento su aliento en mi oreja. Sus manos bajan por mi vientre y se meten por la raja de mi vestido, llegan hasta mi coño y surfean mis labios vaginales… ¡hum, aún estoy excitada!
—Mamá, hagámoslo otra vez… —me susurra al oído provocándome un cosquilleo eléctrico.
—¡Oh! Esto es una locura… no podemos, no debemos continuar, hijo… —musito mientras sus manos exploran mis dos moles carnosas y me crispan los pezones.
Pero él no se detiene y yo dudo… no puedo, ¡no quiero que se detenga! El placer prohibido fluye por mis venas, agarra con fuerza mis caderas y tira de ellas hacia atrás.
Creo que voy a desfallecer en cualquier momento, el vértigo me embriaga, me nubla la mente, me inclino más para sentirla mejor, él me folla, me folla…