Café y curvas (Colecciones deliciosamente caóticas de amor instantáneo de L. Moone nº 3) Capítulo tres
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Capítulo tres

Richard

Estaba un poco nervioso al pedirle a Amber que trabajara para mí. Me preocupaba que se lo tomara a mal, que quizá hubiera captado todos esos pequeños pensamientos que había tenido sobre ella durante toda la mañana.

Quizá había visto la intriga en mis ojos. O percibido la oleada de emoción en mi pecho cada vez que miraba en su dirección y me preguntaba cuál sería su historia.

Pero a ella no pareció importarle ni molestarle.

En cuanto acordamos sus tarifas tras aquella primera comida, se puso manos a la obra.

Y desde entonces todo ha ido muy bien. Aunque soy alguien que no tiene ni idea de todo esto del mundo online, me di cuenta de que tenía un don para ello.

En cuestión de días, me había creado perfiles que estaban ganando seguidores en todas las plataformas principales.

Incluso me puso en contacto con alguien para construir una web y configurar un sistema de newsletter.

Eran dos cosas que había descubierto durante su investigación inicial y que resultaban absolutamente esenciales, aunque yo ni siquiera las había considerado antes.

Los costes se acumulaban, claro, pero no ando mal de dinero. Y quiero hacer esto bien.

Además, que ella se encargara de todo esto me hizo sentir mucho más libre creativamente. Mi escritura mejoró. Era capaz de avanzar más cada día y de generar ideas mejores y más abundantes.

A estas alturas tengo anotados suficientes puntos argumentales para toda una serie, y cierta claridad sobre hacia dónde llevo esa primera novela. He alcanzado lo que llaman flujo. Es cuando tus personajes te hablan y solo tienes que seguirles el ritmo y escribirlo todo.

En resumen, es como magia.

Ella lo es.

Incluso hoy, una semana más o menos después de nuestro acuerdo, estoy lleno de emoción por ver adónde me llevará la escritura de esta mañana.

Después de avanzar a trompicones durante muchos meses sin mucho progreso, he conseguido pasar del punto medio de mi novela. Y no hay señales de que vaya a frenar.

Si sigo así, podría tener mi primer borrador terminado en un mes más o menos. Y ya estoy lleno de inspiración para el siguiente proyecto. Lo único que falta es un contrato editorial. Pero eso también llegará con el tiempo. Lo presiento.

Está investigando agentes literarios para mí y aprendiendo a escribir la propuesta perfecta. Otra cosa más que podía delegar en alguien mucho más capacitado para la tarea que yo.

El único inconveniente de nuestra incipiente relación laboral es que es solo eso. Cuanto más tiempo paso con ella, más impresionado estoy. Más deseo que hubiera algo más.

Pero actuar según ese pensamiento me parece demasiado inapropiado. Estaría cruzando una línea que yo mismo tracé.

Aun así, no hay nada de malo en disfrutar de su compañía en silencio, ¿verdad? Es como tener una cómplice, alguien con quien contrastar ideas. Algo que ni siquiera sabía que me faltaba.

No solo en mi escritura, sino en la vida.

Ella no lo sabe, pero está cambiándolo todo para mí.

Amber

Cada mañana nos encontramos en la cafetería, donde él hace lo suyo y yo lo mío. Trabajamos bien juntos, probablemente porque nos llevamos bien como personas. Ni siquiera parece un trabajo, aunque me pagan bastante bien por lo que hago.

Después de aquel primer día en que comimos juntos y me hizo esa oferta, hemos tenido muchas más comidas así.

Nuestras comidas del mediodía se han convertido en parte de la rutina diaria, dedicadas a discutir estrategias y planes que he investigado e ideado.

A cambio, él me cuenta hacia dónde va su historia y sus ideas para el resto.

Es emocionante, inspirador. Y sus charlas sobre la historia me ayudan a idear contenido para sus perfiles en redes sociales. Hemos creado una relación laboral perfectamente simbiótica.

Y con el adelanto que me pagó, pude invitar a Alice a un par de cenas de comida a domicilio como otro agradecimiento más por dejarme quedarme con ella. Era una opción mucho mejor que intentar cocinar yo misma.

A los dos días, empecé a preguntarme: ¿y si hiciera este tipo de cosas para más gente, no solo para Alice y Richard?

Como mi propia pequeña agencia de consultoría de redes sociales y marketing.

Era algo que nunca había soñado, pero aquí está, delante de mí.

Una oportunidad real que no me hará depender de ninguna relación ni de un trabajo tedioso que me haría querer dejarlo a cada segundo del día.

No estoy hecha para trabajar en entornos de oficina tradicionales. Se me da fatal lidiar con la autoridad, y me cuesta encajar en la rutina o la forma de hacer las cosas de otra persona.

Pero esto... Es divertido, es creativo, es gratificante...

Con cada «me gusta» que consigo en las cuentas de la cafetería, y cada seguidor que logro para Richard, mi confianza crece.

Y cuanto más aprendo sobre cómo funciona todo esto desde una perspectiva empresarial, más ganas tengo de descubrir más.

Voy por la mitad de un curso online de copywriting y otro de fotografía con iPhone.

Y al final sí tuve esa conversación con Alice. Le pregunté por qué me presionó tanto para que aceptara la invitación a comer de Richard el primer día. Como si supiera que me saldría bien.

No dijo mucho, solo sonrió misteriosamente y me dijo que si quería que me pasaran cosas buenas, necesitaba mantener la mente abierta e invitar nuevas oportunidades a mi vida.

Además, dijo que conoce a Richard desde hace tiempo. Desde que empezó a venir a escribir cada mañana hace meses. Y parecía un tipo genuinamente bueno. No como mi tipo habitual, que solo usan a las mujeres para sus propios fines antes de descartarlas.

Pensó que hacer que me invitara a comer me distraería de Justin.

Me quedé callada cuando dijo eso. ¿Qué otra cosa iba a decir? ¿Que todo es parte del juego, mientras consigas que te pongan un anillo antes de que empiecen a mirar a otras?

Quizá en otra vida lo habría dicho. Es exactamente el tipo de cosas que solía publicar en mi antiguo perfil de TikTok, que desde entonces he eliminado como debería haber hecho hace siglos.

Mi imagen en redes sociales ahora es limpia y profesional.

No una aspirante a influencer, sino una proveedora de servicios de marketing y relaciones públicas que empieza a saber lo que hace.

Incluso he empezado un blog compartiendo todo lo que he aprendido, para probar eso que llaman «marketing de contenidos» en el sector.

Y la verdad es que va bastante bien. Trabajo en ello una hora al día después de volver a casa de Alice.

Aunque Alice tenía razón en una cosa. Apenas he pensado en Justin. No he tenido tiempo.

Es un martes cualquiera, poco más de una semana después de que Richard y yo empezáramos a trabajar juntos. Y tengo un montón de planes emocionantes.

Lo observo sacar sus cosas y pedir el mismo café de siempre, y entonces le suelto mi primera idea.

—¡Hagamos tu primer TikTok hoy! —sugiero.

Richard me mira arqueando una ceja.

—No creo que eso sea...

—Venga. Sé tú mismo, con tu aire sombrío, escribiendo en esa mesa de allí. Yo me encargo del resto.

—¡Yo no tengo aire sombrío!

No puedo evitar sonreír.

—No te has visto mientras escribes. Con ese adorable ceño fruncido cuando piensas cómo formular una frase.

—¡Genial! ¡Ahora voy a estar pendiente de las caras que pongo en vez de lo que escribo!

—¿Ves? Sombrío.

En realidad es bastante sexy, pero no se lo digo. Mi investigación ha revelado que la mayoría de los lectores de misterio son mujeres. Y a las mujeres les encanta el prototipo de artista atormentado.

Estoy bastante segura de que será un éxito en TikTok solo por eso. Y una vez que la gente lo adore por cómo es, estará lista para leer cualquier libro que publique. Es pura psicología. Y será un argumento de venta excelente cuando empecemos a contactar con agentes y editoriales.

Refunfuña entre dientes, pero hace lo que le pido. Y efectivamente, consigo grabar un montón de vídeos que deberían funcionar perfectamente para lo que tengo en mente.

—¿Seguro que no tengo que hablar a la cámara ni nada? —me pregunta Richard cuando dejo de grabar.

Niego con la cabeza.

—No, he pensado que mejor empezamos con algo más fácil.

Me mira con recelo, pero sé que es puro teatro. Desde el principio de nuestro acuerdo, se ha mantenido al margen y me ha dejado hacer lo mío. Ha sido genial.

Y estoy convencida de que mi idea de una serie de TikToks sobre un día cualquiera en la vida de un autor de misterio también va a funcionar de maravilla.

Me acomodo en el sofá del rincón con un capuchino extragrande con azúcar extra, que ahora puedo permitirme gracias a lo que me paga Richard, y reviso mis notas buscando ideas para los pies de foto. Mientras tanto, él se pone los auriculares y empieza a teclear en su portátil.

En ese momento suena la campanilla anunciando la llegada de otro cliente. ¿Será que las publicaciones que he estado haciendo para Alice empiezan a dar resultado?

—Hola, Alice —dice una voz femenina. Me doy la vuelta y veo a Lauren en el mostrador, despeinada por el viento y con las mejillas coloradas.

No la conozco muy bien. Solo lleva unos meses viniendo a nuestras quedadas semanales con las demás chicas, mientras que las demás nos conocemos desde hace años.

—¡Lauren! ¡Hola! —me acerco a ella en el mostrador y la miro de arriba abajo con disimulo.

Siempre va tan bien vestida. Aunque no es de extrañar, teniendo su propia boutique de ropa femenina de alta gama.

Tenía pensado conseguir que Justin me comprara algunos conjuntos de allí, pero el plan nunca llegó a nada. Al verla ahora, todavía me escuece un poco. Ella sí que está fabulosa.

—¡Ah, Amber! No te había visto. ¿Qué tal?

—Sí, todo bien. ¿Qué tal el negocio? —pregunto. Aunque lo que realmente quiero saber es si va a tener rebajas pronto. A lo mejor así yo también podría permitirme un vestido como ese...

—Va bien, supongo. Mi padre siempre decía que si consigues dar beneficios en algún momento del primer año, ya vas mejor que la mayoría de los negocios.

Quiero preguntarle si ya está dando beneficios, pero me muerdo la lengua. No la conozco lo suficiente como para hacerle las mismas preguntas indiscretas con las que llevo machacando a Alice.

—Lauren, ¿sabes?, resulta que Amber es toda una emprendedora en ciernes —interviene Alice.

La miro fijamente.

—¡Venga ya, para!

—¿En serio? ¿A qué te dedicas, si se puede saber? —Lauren se gira hacia mí.

—No es nada, en realidad. Solo un tema de redes sociales.

—Es increíble con Instagram, TikTok y todo eso. Ha montado su propia agencia y todo.

—¡Oh, qué emocionante! ¡Enhorabuena! —Lauren me dedica una amplia sonrisa.

Aprieto los labios y me pregunto por qué me siento tan incómoda con toda esta conversación. No suelo ser tan tímida ni modesta.

—¿Necesitas a alguien? Ella podría contactar con influencers de moda por ti... —dice Alice mientras prepara el café de Lauren.

La fulmino con la mirada otra vez, lo cual no me sirve de nada mientras me da la espalda. ¿Por qué demonios se pone tan pesada?

—Emily suele encargarse de ese tipo de cosas. Le preguntaré. La verdad es que nos vendría bien un poco más de publicidad. Tuvimos un enero estupendo, pero la cosa se enfrió un poco en febrero y marzo.

—Sin presión —le digo.

—Es brillante, de verdad. Tenemos a un vlogger de comida importante que viene esta semana a grabar para su canal de YouTube sobre este sitio. Y todo gracias a Amber —presume Alice.

Bueno... No le falta razón...

—¿Sabes qué? Seguro que Emily estará encantada de tener ayuda. ¿Por qué no te pasas por la tienda más tarde y hablamos de algunas ideas? —me dice Lauren.

Le sonrío.

—Eso sería genial, ¡gracias! No te arrepentirás.

Alice se da la vuelta con dos vasos para llevar en la mano y los deja en el mostrador delante de Lauren.

—Te lo apunto en la cuenta, ¿vale?

—Perfecto. Gracias, Alice. ¿Nos vemos luego, Amber? ¿Sobre las tres?

—A las tres me viene bien. Nos vemos entonces —le digo.

—Dale recuerdos a Emily de mi parte —interviene Alice.

Lauren nos sonríe y asiente antes de salir con su café.

En cuanto la puerta se cierra tras ella, Alice empieza a chillar y a dar palmadas.

—¡Qué emocionante! ¡Tu tercera clienta en una semana!

No sé muy bien qué decir. Es emocionante. Pero no estoy segura de habérmelo ganado.

—¿Qué me he perdido? —pregunta Richard desde su asiento habitual, al otro lado de la cafetería.

—¡Nuestra amiga Lauren va a contratar a Amber para promocionar su boutique de ropa! —proclama Alice.

—Solo vamos a hablar de ello esta tarde. Todavía no hay nada seguro —la corrijo.

Richard se levanta para unirse a nosotras en el mostrador, sonriendo de oreja a oreja.

—¡Qué buena noticia! Enhorabuena, Amber.

Su mano se posa suavemente sobre mi hombro y un cosquilleo me recorre la espalda. Todavía no sé por qué me produce este efecto. No es para nada mi tipo, y técnicamente es mi jefe...

—Gracias —murmuro.

—De hecho, deberíamos salir a celebrarlo esta noche —dice Richard.

—¡Al menos esperemos a ver cómo va mi reunión con Lauren y Emily antes de hacer planes así! —protesto.

Alice pone los ojos en blanco y niega con la cabeza.

—Conseguir que Amber se emocione por algo es más difícil que bañar a un gato, te lo digo yo.

Richard se ríe, pero cuando me mira, todavía sonriendo, me doy cuenta de que no se está riendo de mí. Parece sinceramente satisfecho, incluso un poco orgulloso. No sé por qué, pero siento una calidez reconfortante en el pecho que rara vez he experimentado. Y no puedo evitar devolverle la sonrisa.