Capítulo Dos
Richard
Las horas pasan rápido, pero las palabras no terminan de fluir. Aun así, intento no desanimarme, porque tengo la cabeza a mil con todo lo que he descubierto en las últimas horas.
Después de nuestra breve conversación al llegar, intenté mantenerme al margen. Incluso me puse los auriculares cuando Amber empezó a charlar con Alice, que resulta ser amiga suya.
Aun así, mi concentración no dejaba de desviarse de la escena del asesinato en el capítulo en el que debía trabajar, para volver a ella... Incluso acabé apagando la música para poder escuchar sus conversaciones y llamadas.
Descubrí que se está quedando temporalmente con Alice porque...
bueno, supongo que porque está sin trabajo.
Y parece que se le da bien el marketing online y las redes sociales.
Se la veía entusiasmada haciéndose cargo de las cuentas del café.
Pasó un buen rato haciendo fotos y vídeos, tomando notas y grabándose con el móvil.
Intenté no escuchar a escondidas, pero a veces no pude evitarlo, porque era un placer observarla.
Hiciera lo que hiciera, lo hacía parecer fácil, incluso divertido. Tiene una soltura al hablar, una confianza que rara vez he visto en alguien de su edad.
Pero todo eso se disipaba con cada llamada que hacía después para intentar conseguir trabajo. Al final, parecía tan desanimada. No pude evitar compadecerme de ella.
Me pregunto...
¿No podríamos ayudarnos mutuamente? He estado leyendo mucho sobre la necesidad de crear una estrategia de marketing y ganar seguidores antes incluso de presentar mi libro a una editorial. Por lo visto, hoy en día todo gira en torno a tener presencia en internet.
Y yo soy un desastre en ese tipo de cosas. Todavía ni siquiera domino la parte de escribir.
Amber, mientras tanto, necesita trabajo remunerado. Aunque no sepa nada de marketing editorial, ¿quizás estaría dispuesta a aprender? En cualquier caso, es una oportunidad de hacer algo bueno. De echarle una mano en un mal momento y también sacar algo de provecho en el proceso.
Porque no sé qué es, pero me siento impulsado a acercarme a ella.
Impulsado a conocerla mejor y averiguar cómo alguien tan inteligente y capaz como ella ha acabado en esta situación.
Todo esto está despertando algo en mí que no había sentido antes.
Una urgencia de dar un paso al frente y volver a significar algo para alguien. No sé si eso tiene sentido siquiera.
Pero es un sentimiento poderoso.
En mi antigua carrera, siempre se me dio bien reconocer oportunidades que nadie más veía.
Por lo general, era capaz de identificar una empresa que era un diamante en bruto, a punto de despegar.
Así fue como me fue tan bien y gané un montón de dinero para mis clientes, además de en mis inversiones personales.
Me pregunto si ese talento sirve en este caso...
Cuando inviertes en empresas, básicamente inviertes en las personas que hay detrás.
Esto es lo mismo, salvo que Amber es solo... Amber.
Me incorporo en la silla cuando me asalta una revelación.
Mi novela necesita una subtrama romántica.
¡Eso es lo que falta! Por eso he sentido que el personaje principal es plano; está atascado en el pasado.
Anoto apresuradamente algunos pensamientos al respecto en mi cuaderno, que no para de crecer.
Me recuesto y lo medito. ¿Es eso realmente lo que necesita mi héroe? ¿O es lo que yo deseo? ¿Una subtrama romántica para mi propia vida?
Qué va, es demasiado joven. O yo soy demasiado viejo.
En cualquier caso, soy una compañía bastante aburrida.
Desde que dejé atrás el mundo corporativo, he estado a gusto en mi soledad.
Mañanas en el café escribiendo, tardes trabajando en el jardín o paseando por Bushy Park, y noches con una copa de vino y un buen libro.
Eso difícilmente le va a interesar a una joven dinámica como Amber.
Mi vida ahora es la antítesis de lo que era antes. Estoy seguro de que el Richard de antes le habría parecido mucho más interesante.
Incluso he cambiado mis trajes de diseñador por vaqueros y rebecas de lana, por el amor de Dios.
Aunque... Con la compañía adecuada, quizás me animaría a volver a disfrutar de todo lo que Londres tiene que ofrecer. Teatro. Alta cocina. Galerías de arte. Esas actividades son mucho mejores cuando se comparten.
¿Le interesaría algo de eso a Amber? Parece que le gusta leer y da la impresión de ser culta, así que eso es prometedor.
Pero todo eso es fantasía. Centrémonos primero en la realidad. Me pregunto cómo abordar el tema de pedirle que trabaje para mí sin que suene raro o inapropiado.
Amber
Ya sé lo que Alice va a comer. Otro de esos sándwiches gratis para empleados. Además, nadie ha venido a relevarla todavía, así que está completamente sola atendiendo el café, hasta que empiece la famosa avalancha de la tarde.
¿Qué puede hacer una chica sin blanca? ¿Me gasto las pocas monedas que me quedan en uno de esos sándwiches? ¿O mejor aún, en uno de los rollitos de canela que me llevan tentando con su aroma toda la mañana?
¿O quizás esta sea una buena oportunidad para probar eso del ayuno intermitente que está tan de moda? Será mejor para mi cartera y para mi cintura.
Pero es que tengo un hambre...
A mi lado, Richard está empezando a recoger sus cosas.
Fue agradable charlar con él antes, aunque solo fuera de cosas sin importancia. Fue fácil. Extrañamente relajante, sin ser aburrido.
Con Justin, siempre estaba intentando controlar la situación. Vigilaba lo que decía, cómo lo decía. Prestaba mucha atención a mi lenguaje corporal para proyectar cierta imagen ante él. Ahora caigo en que no he sido yo misma con un hombre desde... Bueno, nunca.
—Ya he terminado mi sesión de escritura matutina —comenta Richard detrás de mí.
Sesión de escritura, sí, claro. Se pasó la mayor parte de la mañana mirando la página en blanco de su pantalla o garabateando cosas en su cuaderno. No pude evitar observarlo con el rabillo del ojo de vez en cuando, y eso fue básicamente lo que vi.
Aunque quizás ese sea el proceso. ¿Qué sabré yo de ser escritora?
—Espero que haya sido buena —digo.
—Ha sido reveladora —responde.
Cada vez que sonríe y se le forman esas arruguitas en las comisuras de los ojos, siento una sacudida en el pecho. Qué raro. Ni siquiera es mi tipo.
Y si lo fuera, lo tomaría como una señal de peligro y me prometería mantenerme alejada de él. Parece el tipo de hombre que podría romper corazones sin siquiera proponérselo.
Mira su reloj, que a simple vista parece bastante elegante. Seguro que es una imitación.
—Es hora de salir a comer. Aunque puede que vuelva más tarde a por más café.
—El café de Alice es increíble, y no lo digo solo porque seamos amigas.
—¿Quizás te vea entonces? —pregunta él.
Me quedo atrapada en su mirada más de la cuenta. Es desconcertante.
Por supuesto, estoy acostumbrada a que cierto tipo de hombre me mire, pero no estoy acostumbrada a querer devolverle la mirada solo por el gusto de hacerlo.
—Claro —murmuro.
Esto es raro. Esta extraña sensación en el pecho. Una mezcla de nervios y emoción.
—Y tú, ¿qué vas a hacer para comer? —pregunta él.
—Uhh. —Frunzo el ceño. Morirme de hambre y lamentar las decisiones que he tomado en mi vida. Eso es lo que voy a hacer para comer.
—¿Te gustaría acompañarme? Invito yo.
Niego con la cabeza. —Oh, no. Voy a quedarme aquí con Alice.
—¡Estaré bien, de verdad! —exclama Alice—. Deberíais ir a comer juntos.
Me doy la vuelta y la fulmino con la mirada, pero ella solo me sonríe dulcemente. ¿Qué estará tramando?
—Vale, entonces —murmuro, sin dejar de mirarla.
—Que os divirtáis —nos dice.
Puede ser muy rara. E imposible de descifrar.
Aun así, la perspectiva de una buena comida caliente me anima a levantarme y ponerme el abrigo.
Puede que Richard no sea mi tipo habitual, pero eso no significa que no podamos comer juntos. Solo por esta vez.
Dejo que tome la iniciativa mientras salimos de la calidez reconfortante de la cafetería y nos recibe el viento cortante del exterior. Hace un frío inusual para mediados de abril. Menos mal que tuve la precaución de ponerme este abrigo de lana cuando me fui de casa de Justin ayer.
—¿Adónde sueles ir? —le pregunto—. No soy de esta zona, así que no conozco muy bien los buenos sitios.
—Hay un gastro pub cerca del parque que abrió este año. Sus menús del día aún no me han decepcionado.
—Oh, ese sitio sí que lo conozco. Tienes razón. La comida es estupenda. —Y está muy por encima de mi presupuesto actual de cero.
Qué creída estaba la última vez que comí allí. Alice había organizado una comida para todo nuestro grupo de amigos hace unos meses. Acababa de mudarme con Justin y estaba convencida de que este año iba a ser coser y cantar.
Supongo que es apropiado que vuelva al mismo lugar después de esta caída en desgracia.
Para recordarme que nada en la vida es permanente.
Para hacerlo mejor la próxima vez. Para estar preparada para cualquier imprevisto.
Y para no dejar tus documentos importantes y toda tu ropa en casa de tu ex, como una completa novata.
Caminamos en silencio el resto del trayecto, bastante corto, hasta el parque. Extrañamente, no resulta incómodo. Por una vez no me siento obligada a buscar algo que decir, alguna forma de mantener la conversación.
Porque por una vez no tengo un plan. Solo voy a comer algo con un tipo agradable. Por primera vez en mucho tiempo, me dejo llevar.
Llegamos en cinco minutos justos y nos sentamos en un acogedor reservado en una esquina. Es un alivio estar a cubierto otra vez.
—Espero que no pienses que estoy siendo demasiado atrevido —dice Richard—. Noté tu reticencia en la cafetería.
Me encojo de hombros y sonrío. —No, qué va. En absoluto.
—Siempre creo que es mejor ser honesto, ¿sabes? No pude evitar oír parte de lo que Alice y tú comentabais.
Honestidad o no, su confesión me hace dudar. Tenía los auriculares puestos todo el tiempo, ¿pero nos estaba escuchando de todos modos? Eso es bastante astuto. No sé si preocuparme o sentirme impresionada.
—Pareces saber algo de marketing online y esas cosas, ¿no?
Asiento lentamente. —Más o menos. Quiero decir, hice prácticas como ejecutiva de marketing hace unos años.
—Un puesto que dejé a los tres meses, después de que mi jefe empezara a mostrar un interés inapropiado en mí y me diera cuenta de que no iba a conseguir un contrato fijo a menos que hiciera ciertas cosas por él que realmente no quería hacer...
—Da la casualidad de que estoy buscando a alguien con tu talento en este campo.
Levanto una ceja. —¿Ah, sí?
—Bueno, me han dicho que si quiero conseguir un buen contrato editorial para mi próxima novela, necesito crear una plataforma online antes. Pero no tengo ni idea de cómo hacerlo.
Eso tiene sentido, la verdad. Aunque resulte extraño. ¿Por qué iba una editorial a pagar buen dinero para fichar a un autor nuevo antes de que haya demostrado su potencial?
—Interesante.
—Esperaba que dijeras eso.
—¿Y quieres contratarme a mí para esto?
—Si te apetece.
Richard tenía razón en una cosa: no estaba segura de cuál era su propósito al invitarme a comer. Pero desde luego no esperaba una oferta de trabajo.
Estoy gratamente sorprendida... ¿Creo?
¿No estábamos coqueteando un poco antes también? ¿Es su propuesta solo una excusa?
Da igual, me estoy llevando una comida caliente ahora mismo, ¿no? Y un posible pago más adelante.
Le sonrío, y él me devuelve la sonrisa. Estar aquí con él me produce una sensación cálida y reconfortante.
No está mal para mi primer día buscando trabajo. Quizá pueda conseguir que me pague un adelanto.
—No estoy muy seguro de cómo funciona normalmente este tipo de arreglo. ¿Quizá un pago por horas? —pregunta él.
Justo lo que iba a sugerir. Me echo hacia atrás y pienso un momento.
¿Qué cifra sería razonable? Dado que él conoce mi situación, no puedo apuntar demasiado alto.
Seguramente lo necesito mucho más de lo que él me necesita a mí.
Algo cercano al salario mínimo sería justo, teniendo en cuenta que ni siquiera tengo experiencia directa…
—¿Están listos para pedir? —pregunta una chica vivaracha de entre dieciocho y veintitantos años.
—Oh, un momento —dice Richard, mientras me pasa la carta—. Yo tomaré el especial del día.
—¿La trucha a la plancha? Excelente elección —dice ella.
Repaso la carta, pero no consigo concentrarme en nada.
—Lo mismo para mí, gracias —le digo.
—Estupendo. Tardaremos unos veinte minutos, espero que no les importe. Cocinamos todo en el momento.
—Bien, sí —le dice Richard.
—¿Algo de beber?
Me encojo de hombros y niego con la cabeza. No he hecho otra cosa en toda la mañana que beber té, como mi vejiga se empeña en recordarme ahora mismo.
—Solo una botella de agua para la mesa, entonces —añade Richard.
La chica asiente y apunta nuestro pedido en su tableta antes de dejarnos solos de nuevo.
—Por horas sería perfecto —le digo a Richard—. Pero antes me gustaría investigar un poco y elaborar un plan.
—Me parece bien —sonríe de nuevo, y el corazón me da un pequeño vuelco—. Basta de hablar de negocios, ¿qué te parece? Cambiemos de tema.
Sean cuales sean sus verdaderas motivaciones, lo único que sé es que es agradable estar aquí. Con él. Me hace sentir tranquila. Y por primera vez desde ayer por la mañana, siento que quizá voy a salir adelante más pronto que tarde.