Capítulo Seis
* Alexis *
Me miro en el espejo con las dos manos sobre el vientre. ¿Ya está más grande de lo normal? ¿Se dará cuenta todo el mundo de lo que ha pasado con solo mirarme? Sería imposible, teniendo en cuenta que apenas llevo unas semanas, y sin embargo…
Intento respirar hondo, pero la garganta se me cierra en un sollozo desesperado. Dios, soy una jodida idiota. ¿Cómo he podido dejar que esto pasara? No hay ninguna duda de cómo ha ocurrido, porque el único tío con el que me he acostado después de meses de celibato autoimpuesto ha sido Bob.
Embarazada de mi jefe. Qué jodidamente patético. Hago una mueca y niego con la cabeza mirando mi reflejo con desaprobación.
Debería haber comprobado el condón después. Debería haberme tomado una de esas pastillas del día después para asegurarme. Debería haber…
El condón tuvo que romperse, si no, ¿cómo coño ha pasado esto? ¿Por qué no me di cuenta? ¡Joder! Y no puedo hacerme cargo de un bebé. No ahora mismo. Solo pensar en todas las alternativas me parte el alma.
Hundida, me siento en el borde de la cama y me cojo la cabeza con las manos. ¿Qué demonios hago ahora? Podría hacerme otra prueba; total, venían dos en el paquete. Pero se supone que los falsos positivos son raros, así que ¿de qué serviría?
¿Sigo guardando el secreto como había planeado? De todos modos va a salir a la luz tarde o temprano… Literalmente.
He quedado con Alice y las demás en la cafetería dentro de media hora.
Van a saber que algo pasa con solo mirarme a la cara.
Ni el delineador más grueso disimulará la hinchazón de los ojos.
Quizás debería quedarme en casa para no tener que enfrentarme a nadie.
Quedarme en casa y no ir a nuestra quedada semanal del club del café, y simplemente no volver nunca al White Hart, porque no tengo ni idea de cómo voy a lidiar con Bob ahora.
Las cosas ya eran muy raras, pero con el tiempo lo habríamos superado.
Ahora, sin embargo… Este lío es jodidamente permanente.
Pero entonces me quedaré aquí encerrada en mi propia cabeza todo el fin de semana, regodeándome en la autocompasión. Y seguiré sin tener ni idea de qué hacer.
Sorbeo ruidosamente y me limpio los ojos con el dorso de la mano, emborronando aún más el rímel. No, voy a tener que asumir la responsabilidad de lo que he hecho. Necesito enfrentarme a este error de frente.
Dios, si mi madre pudiera verme ahora, me cortaría la cabeza. Y con razón.
Esto era lo único que me repitió hasta la saciedad.
¡No te quedes embarazada antes de sentar cabeza! No tires tu vida por la borda como hice yo.
Si ignoras la fuerte implicación de que mi propia existencia fue un error no planeado, sus palabras tenían todo el sentido del mundo.
Y por supuesto, siguiendo nuestra tradición familiar, me las arreglé para cagarla exactamente de la misma manera.
La única diferencia es que yo tengo veintipocos, mientras que ella tenía dieciocho o diecinueve.
Pero aun así. Chica soltera de clase trabajadora con embarazo no planeado. Menudo jodido cliché.
Una parte de mí se alegra de que ya no esté aquí.
Aunque una parte aún mayor solo desea un abrazo, y quizás un poco de esa sabiduría que solo ella podría haberme dado.
Lo cual es raro. No soy de abrazos. Tampoco dependo de otros para que me dirijan la vida.
Quizás sea un efecto secundario de esas hormonas del embarazo de las que tanto se habla.
Sea lo que sea, no me gusta. Ya ni siquiera me siento yo misma.
Eso es porque ya no eres solo tú. Eres tú, más uno.
Esa idea me paraliza de nuevo. Yo, más uno. Me dejo caer en la cama y me cojo la cabeza con las manos. Y respiro, o lo intento. Inhalo profundamente, aguanto, exhalo despacio. Y repito.
Con los ojos cerrados y los brazos caídos a los lados, sigo respirando hondo hasta que encuentro un atisbo de claridad.
Estoy acostumbrada a tener el control. De mí misma y de mis circunstancias.
Siempre puedo predecir cuándo algo está a punto de salir mal, y normalmente sé cómo evitarlo.
Pero esto… Me ha pillado completamente desprevenida.
Por supuesto que voy a necesitar tiempo para aclararme.
No estaba preparada para esto en absoluto.
Mientras sigo respirando, despacio y con calma, empiezo a sentir que vuelvo a ser un poco yo misma.
Así que estos son los hechos: estoy embarazada. Bob es el padre. No tengo a nadie a quien culpar salvo a mí misma, así que voy a tener que afrontar las consecuencias y asumir la responsabilidad.
Voy a tener un bebé.
Al menos sigo siendo yo. Ingeniosa, capaz y trabajadora. La realidad es que voy a ser la única responsable de la salud y el bienestar de un pequeño ser humano.
Sin contar a Lily, que es como una hermana pequeña para mí y a veces depende demasiado de mí, nunca he tenido que cuidar de otra persona de forma permanente.
Se acabaron las tonterías. Voy a necesitar mi sueldo, aunque no tengo ni idea de cómo voy a compaginar el trabajo en el bar con un bebé.
Así que no puedo, en buena conciencia, dejar el trabajo simplemente por unas emociones incómodas.
Si tengo ocho meses hasta que llegue el bebé, necesito agachar la cabeza y ahorrar.
Menos mal que ya había abierto una cuenta destinada a mi futuro cambio de carrera hacia un negocio propio.
Aprieto los labios y lucho contra otra oleada de lágrimas. Supongo que mis planes profesionales van a tener que esperar. Los niños son caros. Debería alegrarme de no estar arruinada como tantos de mi edad.
Pero Bob no puede enterarse, porque este no es su problema. Es mío. Mi error. Y lo último que necesito es que se involucre por algún sentimiento de culpa fuera de lugar, o lo que sea.
Pero aunque él no vaya a formar parte de esto, no estoy completamente sola, ¿verdad? Quizás pueda contar con Alice, Megan y las demás para que me echen una mano si lo necesito. Puede que no me quede otra.
Unas cuantas respiraciones profundas después, por fin me levanto de la cama y voy directa al baño a limpiarme la cara. A este ritmo voy a llegar tarde a nuestra quedada semanal, y eso llamará la atención. Yo nunca llego tarde.
Ni mi regla. Hasta ahora.
***
Llego a la cafetería donde trabaja Alice con un par de minutos de sobra.
Algunas de las demás ya están allí, aunque todavía no veo a Megan, lo cual es un alivio, porque no puedo evitar culparla de lo que ha pasado.
Para mí, es al menos parcialmente responsable por hacer esos estúpidos comentarios sobre Bob que me hicieron meterme en este lío.
Todas están haciendo sus pedidos, y Alice va de un lado a otro detrás del mostrador, preparando cafés con leche, tazas de té y quién sabe qué más. Me quito el abrigo rápidamente y me uno a ella para ayudar mientras saludo a Kayla, Amber, Violet y la chica nueva, Lauren.
Todas parecen terriblemente alegres. Puaj.
—¿Qué te pasa? Tienes una cara de funeral... —pregunta Alice mientras prepara el capuchino de Lauren y lo coloca en el mostrador para que lo recoja.
—Oh... ya sabes... —murmuro mientras vierto agua caliente en una taza y meto una bolsita de té al azar. Solo cuando el agua cambia de color me doy cuenta de que era una porquería de hierbas. Bueno. Quizá me ayude a calmar las náuseas que tengo en la boca del estómago.
Alice niega con la cabeza. Por supuesto que no sabe de qué estoy hablando. Ya odio esto, y ni siquiera se lo he contado todavía.
—¡Hola, chicas! ¡Perdón por llegar tarde! Tenía un plazo de entrega y se me fue el santo al cielo —grita Megan desde la puerta mientras se quita el abrigo.
Pongo los ojos en blanco. Típico. Siempre tiene alguna excusa.
Alice ni siquiera pregunta qué quiere Meg, porque siempre pide lo mismo.
Así que simplemente le prepara el café como le gusta y lo coloca delante de ella.
Ahora que todas están atendidas, Alice y yo cogemos nuestras bebidas y nos dirigimos hacia los cómodos sillones cerca de la chimenea, donde las demás ya se han reunido.
Todas están ya absortas en una conversación animada. Como si no tuvieran ninguna preocupación en el mundo.
Justo cuando estoy a punto de sentarme, me tenso al sentir la mano de Alice en mi espalda.
Es otra señal de que sabe que algo pasa, y la he captado alto y claro.
Siempre ha sido la más perceptiva del grupo.
Probablemente porque trabajamos en algo parecido.
Trabajar en una cafetería significa que es básicamente una barman de día, pero sin el alcohol.
—Se lo contaré a todas. Solo dame un minuto —le susurro.
Asiente.
Doy un primer sorbo cuidadoso al té de hierbas y cierro los ojos. No está nada mal, y noto que los nervios se me calman un poco.
—Chicas, tengo algo que deciros —empiezo, antes de que me vuelva a fallar el valor.
Todas se callan, excepto Violet y Amber, que parecen estar discutiendo sobre algo.
—¡Shh! —Alice les hace un gesto para que se callen.
—Yo... —Con los ojos de todas clavados en mí, me resulta imposible no apartar la mirada y fijarla en el suelo. ¿Quién demonios soy ya?—. Chicas. La he cagado.
—¿Qué pasa? —pregunta Lauren.
—Sea lo que sea, aquí estamos —dice Alice.
Miro a Meg, que está ahí sentada en silencio, con las manos rodeando su taza. Parece tan tranquila. Tan satisfecha. Me frustra.
—Estoy embarazada.
Así, sin más, incluso Violet y Amber dejan de hablar, y se hace un silencio sepulcral.
—Vaya, me dejas de piedra —murmura alguien.
—¿Enhorabuena? —dice otra.
—No sabía que estuvieras saliendo con alguien —comenta Amber.
Puaj. Niego con la cabeza.
—No estoy saliendo con nadie.
—¡Oh!
Algunas de las chicas intercambian miradas cómplices. Ya me están juzgando por quedarme embarazada de un rollo de una noche. Lo noto.
Clavo la mirada en Megan, que había empezado a llevarse la bebida a los labios, pero se quedó paralizada a medio gesto con mi anuncio.
—No fue exactamente planeado.
De nuevo, silencio sepulcral. Todas están procesando la noticia.
—¿Quién es el padre? —pregunta Alice.
Frunzo el ceño mirando a Megan, cuyos ojos como platos empiezan a cabrearme de verdad. ¡Como si ella no fuera al menos parcialmente responsable de esta mierda! Aunque, por otra parte, yo soy la idiota que le hizo caso.
—Eso no importa —refunfuño.
—Bob —susurra Megan. Su voz es tan baja que no la habría oído si no supiera lo que estaba diciendo. Pero algunas de las otras sí la oyen, porque varias caras se giran para mirarla. Y entonces todas caen en la cuenta. Y estoy furiosa.
—Tu jefe —comenta Amber—. Vaya.
—Vale, eso no es lo importante ahora —intenta intervenir Alice.
—Que te jodan, Megan —siseo.
—¿Qué demonios? —exclama Megan—. ¡Yo no te dejé embarazada!
—¡Como si lo hubieras hecho! ¡Con lo que me presionaste aquella noche!
—Solo estaba señalando lo que ya era evidente. Llevas colada por él desde hace tiempo.
—¡Sí, bueno, mira de qué me ha servido! —me quejo.
—¡No puedes echarme la culpa a mí!
Estoy temblando. Jadeando. Rabiando en silencio. Tiene razón, por supuesto. No debería haberle hecho caso. Como mínimo, debería haber tenido mucho más cuidado.
Y de todos modos, no es su vida la que estoy arruinando. Es la mía.
—Chicas, tomémonos un momento —dice Alice.
La miro, todavía hirviendo por dentro. Supongo que estoy más enfadada conmigo misma que con nada.
—Alexis. Si necesitas algo, estoy segura de que hablo por todas cuando digo que te apoyamos hasta el final. No estás sola en esto.
—Yo podría hacer de canguro. Me encantan los niños —sonríe Amber.
Aprieto los labios. No le confiaría ni un pez de colores, no digamos ya un bebé. Mi bebé.
Algunas de las otras asienten, pero se nota que todavía están procesando la información y seguramente imaginando cómo se sentirían en la misma situación. Qué humillante. Nunca pensé que yo acabaría en esta situación.
—¿Has pensado en cambiar de trabajo, quizás? —me pregunta Lauren—. Será difícil trabajar hasta tarde con un pequeño en casa.
Suspiro y niego con la cabeza.
—Lo sé, pero…
—¿Él va a ayudar? —pregunta Amber.
—No se lo he dicho. —Ni pensaba hacerlo.
—Joder —murmura Viola.
Alice me clava la mirada.
—No puedes ocultárselo —dice.
Odio que tenga razón. En lugar de responder de inmediato, doy un sorbo a mi taza humeante. Sabe a hierba y a nada, pero resulta relajante. Bueno, ya me he arrancado la tirita y se lo he contado a todas. ¿Qué más puedo hacer?
—Chicas, es muy pronto todavía —gruño—. Hablemos de otra cosa.
Las demás intercambian miradas incómodas, dándome un momento para recomponerme.
Por mucho que me fastidie, Alice tiene razón.
Voy a tener que decírselo a Bob. El ambiente entre nosotros ya es bastante raro de por sí.
¿Cómo de incómoda va a ser esa conversación?
Y la gravedad de la noticia garantiza que se lo cuente a Sean la próxima vez que venga.
Y entonces todo el mundo lo sabrá. Maldita sea.