Caerás en mi trampa Capítulo 95
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Capítulo 95

Simon

—¿Qué? —La palabra se me escapa antes de poder pensarlo. Vicky. Tienen el nombre de Vicky. Una cosa era que lo tuviera Gavin, pero otra completamente distinta es que la policía lo tenga.

¿Cómo es posible?

Jane Burke hace como si fuera a levantarse del sofá, lista para irse, pero obviamente es solo eso, una escena, un poco de teatro, porque se vuelve a sentar.

—Vicky —repite—. Vicky Lanier.

Tienen su nombre completo.

Me encojo de hombros, pero estoy seguro de que me estoy poniendo pálido, si es que no lo estoy ya.

—No la conozco.

—Eso creíamos —dice—. No conoces a Nick Caracci, no conoces a Christian Newsome, así que estoy segura de que tampoco conoces a Vicky Lanier.

¿Cómo? ¿Cómo consiguieron su nombre? ¿Por la “solicitud de nulidad de matrimonio” falsa que escribí para que Vicky le mostrara a Christian? ¿Por una entrada falsa en mi diario? ¿Christian les tomó foto a esas cosas? Vicky estaba segura de que no lo había hecho… pero quizá se le pasó algo por alto…

—¿Ocurre algo, Simon? —pregunta Jane—. Pareces un poco… inquieto. Molesto.

—¿Estás molesto, Simon? —pregunta Andy Tate.

—No, es solo que… tengo curiosidad, supongo. Me lanzáis todos estos nombres sin decirme nada más.

—Es verdad —admite Jane dándose una palmada en las rodillas—. Bueno, no creo que haga daño ponerte al día con algunas cosas.

Me acomodo para parecer relajado, aunque no lo estoy en absoluto.

—Nick es un tipo muy atractivo —dice Jane—.

Y exitoso. Una especie de inversor financiero.

Tiene una relación con Vicky. Sabemos que tenían sexo en la oficina de Nick en el centro.

Una tarde, mandaron a la recepcionista a su casa más temprano y, antes de que se fuera, empezó a oír unos sonidos bastante interesantes dentro de la oficina.

—Vale —digo, asintiendo—. ¿Y qué hay de esta tal Vicky?

—Vicky quiere ver muerta a Lauren Betancourt —dice Jane.

—¿Sí? ¿Por qué?

—Bueno… —dice Jane, levantando los hombros—. Una de dos posibilidades. No sé cuál. Una es que Nick también empezó a salir con Lauren. Engañó a Vicky. Así que ella mató a Lauren, engañó a Nick para que pareciera el culpable y luego lo mató. Hizo que pareciera un suicidio impulsado por remordimiento.

—Bastante extremo —digo.

—Suena bastante extremo, ¿no, Simon? —pregunta con un tono que roza la burla—. Por eso no soy muy fan de esa hipótesis. Me gusta más mi otra hipótesis.

—¿Sí? ¿Cuál es, Jane?

—Que Vicky trabajó con alguien más que quería que Lauren muriera —responde, mirándome directo a los ojos—. Quizá, por ejemplo, con alguien que cree que Lauren destruyó a su familia y provocó la muerte de su madre. Alguien así, Simon.

—Guau. —Meneo la cabeza—. Tienes una imaginación envidiable.

—No tanto. Solo sigo los hechos.

—Ah, tienes hechos. —Mi turno de burlarme.

—Bastante buenos, por cierto. En primer lugar, Nick fue asesinado. No se suicidó. La escena fue alterada para que pareciera un suicidio, pero fue un homicidio.

¿Lo sabe o solo lo sospecha? ¿En qué la cagó Vicky? Yo mismo vi la escena después. Me pareció bastante buena. Pero ¿qué sé yo de escenas del crimen?

Tenía drogas y alcohol en sangre, una nota suicida en el teléfono, un disparo debajo de la barbilla… ¿Nada de eso fue suficiente? ¿Encontraron algo que les indicó que Nick no se mató?

¿O está engañándome? ¿Está intentando provocarme?

—Creo que, de una manera u otra, Vicky y su cómplice usaron a Nick Caracci para matar a Lauren —explica—. No tengo claro cómo lo hicieron. Pero tenían que matarlo después para no dejar ningún cabo suelto.

—A Nick lo engañaron… eso es lo que dices.

—Es lo que digo.

—Parece algo salido de una película.

—Tú pusiste el teléfono rosa en la escena del crimen, Simon.

Guau, qué directa. Se cansó del papel de policía buena.

—Yo… ¿Qué? ¿Ahora qué hice?

—Pusiste ese teléfono.

—¿Qué teléfono, Jane?

Esboza una enorme sonrisa.

—El teléfono rosa. Es obvio que fue puesto allí con mucho cuidado y luego movido más de una vez con precisión para que no lo encontráramos enseguida, pero para que técnicamente pareciera escondido. Las manchas de sangre lo muestran con bastante claridad.

—No te sigo —digo, aunque sí, y estoy maldiciendo por haber sido demasiado cuidadoso con ese maldito teléfono.

Tendría que haberlo empujado con más fuerza desde el principio para asegurarme de que terminara debajo de la mesa o debería haberlo dejado donde estaba, pero no lo hice.

Lo empujé una segunda vez y, básicamente, confesé lo que estaba haciendo.

—Si Nick fue el asesino, jamás habría movido el teléfono con tanto cuidado. Se lo habría llevado. Pero, en cambio, lo encontramos en la escena.

Demasiado. Estoy sobrecargado. No puedo decidir qué es lo que se supone que sé y lo que no. Tengo miedo de hablar. La cagué y terminé poniendo a Vicky en la mira, de eso estoy seguro.

Y creí que yo podía engañarlos a todos con un poco de planificación y meticulosidad.

Andy agita la mano en mi dirección.

—Como sea, obviamente no tienes nada de qué preocuparte, Simon, ya que no conoces a ninguna de estas personas. No tienes ninguna razón para preocuparte por Vicky Lanier. Porque no la conoces. ¿Verdad, Simon?

—¿Estás absolutamente seguro de que no conoces a Vicky Lanier? —pregunta Jane.

—Yo… no reconozco ese nombre.

Esboza una media sonrisa.

—Está bien, Simon —dice—. Estaremos en contacto.