Caerás en mi trampa Capítulo 90
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Capítulo 90

Jane

—Señora Bilson, esa es la razón por la que convocamos esta reunión de emergencia —dice Alex Galanis, presidente de Grace Village, sentado en el centro de una mesa larga—. Para que podamos ser transparentes con ustedes. Tan transparentes como pueda serlo el jefe con una investigación en curso.

Jane sonríe. Convocaron esta reunión de emergencia a las ocho de la mañana con la esperanza de que asistiera poca gente.

No funcionó. El lugar ni siquiera tiene sillas y hay más de cuatrocientas personas apiñadas allí.

Agradece no estar presente en esa sala y, en cambio, estar sentada en la oficina del jefe, viendo todo a través del circuito cerrado junto a su compañero, Andy Tate.

—Cierto —murmura Jane, siempre atenta a los detalles. Andy la empuja con el codo.

—… publicar nada para no comprometer la investigación —dice el jefe Carlyle—. Podemos asegurar que fue un homicidio. Pero preferiría no agregar más detalles.

—Bueno, ¿tienen alguna pista? ¿Es verdad que el asesino usaba un disfraz?

—De nuevo, señora…

—Cielos, menos mal que no estoy ahí —dice Andy—. Recuérdame no ser jefe de una fuerza policial nunca.

—Mi nombre es Donald Fairweather. Recibimos información de que hay una pandilla involucrada en esto, algo sobre un ritual de iniciación, como sucedió hace algunos años con los robos de coches. ¿Es verdad?

Jane se cubre los ojos con la mano. Tres veranos atrás, Grace Village sufrió una oleada de robos violentos de coches, vinculados a una pandilla del oeste, una especie de ritual de iniciación.

Tuvieron que coordinarse con cuatro distritos diferentes del oeste y con el departamento de policía de Chicago para desmantelarla.

—Bueno, creo que a todos nos gustaría saber si alguna pandilla de Chicago decidió venir a nuestro vecindario ¡a matar gente!

—Señor… señor Fairweather… Estamos bastante seguros, como ya dijimos, de que este asesinato fue por motivos personales. Estuvo enfocado únicamente en la familia Betancourt.

—¿Eso significa que están cerca de resolverlo?

—Eso es lo que temía —dice Jane. Mierda, ¿qué quiere esta gente? ¿Un juicio rápido o una buena investigación?

—Siempre se ponen nerviosos —comenta Andy—. No están acostumbrados como nosotros.

—¿Van a poner más patrullas en el vecindario?

—No creemos que sea necesario —responde el jefe—. No creemos que exista una amenaza latente para la comunidad.

—Pero eso… —El presidente Galanis abre las manos y mira al jefe—. Eso es algo que podríamos hacer, ¿verdad, jefe?

Ah, fantástico. Al jefe le va a encantar eso. Claro, señor presidente, denos los fondos y será un placer patrullar todas las calles que quiera.

Jane mira su reloj. Ella y Andy tienen que ir al centro para reunirse con el sargento Cheronis, del departamento de policía de Chicago.

—Entonces, ¿por qué todavía no arrestaron a nadie si están tan seguros?

—Nos mudamos aquí para escapar de la violencia de Chicago —dice otra mujer, cuyo nombre Jane no recuerda—. ¿Y ahora llegó hasta aquí? ¿Así va a ser nuestra vida de ahora en adelante?

Por cuarta vez, como mínimo, el jefe repite: —No creemos que exista una amenaza latente para la comunidad. Este crimen estuvo enfocado solo en la familia Betancourt.

Y entonces, sin importar el decoro ni el protocolo, varios residentes empiezan a gritar al mismo tiempo variaciones de la misma pregunta.

—Entonces, ¿cuándo lo van a resolver?