Capítulo 82
Vicky
Abre mucho los ojos cuando presiono el gatillo. Su cabeza sale disparada hacia atrás y una lluvia de sangre salpica la pared. Su mano izquierda cae sin vida sobre mi pierna.
Suelto el aire. Me quedo quieta un momento.
Me bajo de él con cuidado, aun con la pistola en la mano derecha. Me pongo de pie, me aparto y me examino el cuerpo. No veo ninguna gota. Quizás algo microscópico, pero nada visible. No parezco alguien que acaba de cometer un asesinato.
Sujeto el cañón de la Glock con una mano enguantada y, con la otra, desenrosco el silenciador. Me habría gustado no usarlo, pero no podía arriesgarme a que los vecinos oyeran el disparo.
Lo guardo en el bolsillo del abrigo. Me lo voy a llevar. Una cosa más.
El arma podría habérsele caído de la mano, pero, según lo que me explicó mi viejo amigo policía Rambo, eso casi nunca pasa. Por lo general, la mano suele quedar aferrada a la pistola y el dedo permanece en el gatillo cuando cae hacia un lado tras un suicidio.
Deslizo la pistola en su mano izquierda. No me voy a arriesgar a ponerle el dedo en el gatillo. Ya disparé una bala más de las que tenía intenciones de disparar. No necesito otra.
Con suerte, las dos veces en que tuvo la mano cerca del arma (la primera, cuando la apartó y la pistola se disparó por accidente, y la segunda, cuando tocó el silenciador), podría haber dejado algún residuo de pólvora en su piel.
Es posible, aunque poco probable. De todas maneras, con un silenciador no queda tanto residuo.
Busco el envase de Valium en el bolsillo. Hago que lo sostenga con su mano derecha para que deje sus huellas y aparto la mano. Tomo el envase y lo vuelco hacia un lado, para que las pastillas queden desparramadas por el suelo.
Bien. Listo. No es perfecto. Cielos, fui tan estúpida. Tendría que haber disparado sin tantas vueltas. Pero no, tenía que hacerle saber que sabía quién era, que sabía cuál era su plan. No podía irme sin complicarlo todo un poco más.
Y ahora hay una bala incrustada en la pared que lo prueba.
Respiro hondo una vez más. Ya está. No puedo recuperar esa bala. No debería tocar nada. Ya lavé, sequé y guardé el vaso de bourbon que me serví para mí.
Y también lavé, sequé y guardé el vaso del que él bebió, para eliminar todo rastro de la droga que le puse.
La botella de bourbon sigue todavía sobre la mesa baja frente a él.
Lo miro una vez más. Tiene los ojos abiertos, fijos en el techo. ¿Pidiendo perdón, Nick?
Bajo por la escalera hacia el garaje. Abro la puerta, salgo al callejón y escribo el código en el teclado numérico. La puerta chirría al cerrarse detrás de mí. Siento el aire fresco en mi cara.
Todo parece estar saliendo bien. Todo lo demás…
—Hola, Vicky.
Una mano fuerte me sujeta del brazo y me arrastra hacia lo profundo del callejón antes de que pueda reaccionar.
—Pon las manos donde pueda verlas —indica—. Y ni se te ocurra gritar.
Siento el cañón de una pistola sobre la mejilla.
—Vamos a dar un paseo —dice Gavin—. Y decidamos qué mierda va a pasar luego.