Caerás en mi trampa Capítulo 75
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Capítulo 75

Jane

—Sí —responde Jane.

—Y el padre… Ted, ¿no?

—Sí, señor. Theodore Dobias; al parecer, le decían Ted.

El jefe agita una mano.

—Ted gana un juicio enorme por un accidente laboral, recibe mucho dinero y entonces, con todo ese dinero y éxito, se siente el rey del mundo.

Así que decide que una esposa que casi no puede comer por sí misma no encaja con su nueva vida de rico y famoso, y quiere una mujer trofeo a su lado. ¿Hasta ahí voy bien?

—Sí, señor.

—Y básicamente se gasta todo el dinero y no le queda nada para garantizarle a su esposa los cuidados que necesita.

—Bueno, Simon no dijo que “se lo gastó” —explica Jane—. Según él, el dinero fue robado.

—¿Quién lo robó?

Jane mira a Andy antes de responder.

—Lauren Lemoyne —dice.

***

El jefe se la queda mirando.

—Lauren. ¿Lauren, nuestra víctima?

—Lauren Lemoyne, ahora Lauren Betancourt, sí.

—¿Ella le robó el dinero a la familia Dobias? —Golpea el escritorio con la palma—. ¿Ella era el trofeo?

—Sí y sí —responde Jane—. Lauren Lemoyne era el “trofeo” de Ted, como usted dice. Trabajaban juntos en el mismo bufete. Él era socio mayoritario y ella, una asistente joven y hermosa. Es el típico cliché.

—Ni me lo digas.

—Ni me lo digas —repite Jane—. Supuestamente, Simon los encontró una noche teniendo sexo en la oficina de Ted. Y la aventura continuó después de eso. Ted no quería que terminara. Estaba enamorado.

—La denuncia que presentó Simon Dobias fue por robo, fraude, lo que sea que se le hubiera ocurrido —agrega Andy Tate—.

Quería que la policía de Grace Park arrestara a Lauren.

Aseguraba que sedujo a Ted, mantuvo un romance largo con él, lo convenció de que estaba enamorada y, entre otras cosas, de que pusiera la cuenta de ahorros a su nombre.

—¿Y lo hicieron? —pregunta el jefe—. ¿La arrestaron?

Jane se encoge de hombros.

—No había ningún delito. Ted puso la cuenta a su nombre. Ella era titular con acceso total. Legalmente, tenía tantos derechos sobre ese dinero como Ted.

El jefe presiona la lengua contra el interior de la mejilla, pensativo.

—¿Cuánto robó?

—Más de seis millones de dólares —responde Jane—. Vació la cuenta. Todo el dinero de Ted, aunque, técnicamente, era el dinero de toda la familia. Se llevó hasta el último centavo.

—Cielo santo —dice el jefe, meneando la cabeza—. Entonces se va, deja a la familia en la ruina, sin posibilidad de hacer frente a los gastos de la madre.

—Bueno, ya no tenían forma de pagar una cuidadora a tiempo completo —dice Jane—. Así que decidieron internarla en una residencia geriátrica.

—Y después ella se suicida. ¿Por la infidelidad?

—Bueno, quizá por todo —responde Jane—. Casi no podía valerse por sí misma, su esposo la había abandonado, el dinero había desaparecido y la internaron en un geriátrico.

Además, ¿quién sabe en qué estado quedó después del ictus?

Así que sí, la infidelidad pudo haber sido la gota que colmó el vaso.

Lauren los dejó en la miseria. —Abre las manos—.

¿Ahora entiende por qué el departamento de policía de San Luis está tan seguro de que él mató a su padre?

—Sí, abandonó a la madre y trajo una leona a la guarida.

—Y puede ver que también tenía razones de sobra para matar a Lauren Betancourt. No solo se acostó con su padre y le rompió el corazón a su madre, aunque eso ya sería suficiente para muchos.

—Pero ella hizo mucho más que eso —dice el jefe—. Es probable que Simon culpe a Lauren Betancourt de la muerte de su madre y la destrucción de su familia.