Capítulo 58
Christian
Bien. Por ahora, todo va bien con Vicky. La tengo exactamente donde quería. Está dispuesta a seguir adelante.
La dejo macerar un rato. No quiero soltarle todo el plan de golpe y abrumarla. Pero Gavin y yo ya delineamos un esquema inicial.
Pero, como dije, no quiero soltarle todo eso a Vicky de golpe, así que le doy un especial de Nicky: cogerla de pie, levantarla contra la pared, con sus piernas alrededor de mi cintura, y penetrarla hasta que llegue al clímax.
Apuesto a que Simon nunca la levantó de esa manera.
Apuesto a que ni siquiera la puede levantar.
No me lleva mucho tiempo hacerla tener un orgasmo.
Casi siempre es así. Además, todo esto del asesinato quizá sea también una especie de afrodisíaco.
Al menos, lo es para mí. Debería ser suficiente para que no olvide el premio que la espera al final, cuando se haya cansado del idiota de Simon.
***
Está relajada después, vestida con mi camisa y nada más, sentada en el sofá con una botella de agua.
—¿Halloween? Es… brillante —dice, cuando termino de contarle el plan—. Ah…, y Grace Village… Ya sabes, el barrio queda completamente a oscuras a las siete.
No lo sabía, pero ahora sí. Me explica el ritual.
—Todos apagan las luces a las siete —agrega—. Así que quizá podrías ir justo antes de esa hora. Dudo de que no le abra la puerta a una última persona.
Puede ser. Todavía no puedo creer que vaya a hacer esto. Voy a dispararle a alguien. Matar a alguien. Repito esas palabras en mi cabeza.
“Veintiún millones de dólares”.
Vale. Esa parte fue fácil. La siguiente quizá no tanto. Lo hablamos con Gavin, pero, cuanto más lo pienso, más entiendo que tenía razón.
—Escucha, hay otra cosa —digo—. Estoy pensando en la policía. En lo que van a pensar cuando encuentren a Lauren…
—Muerta. Bien muerta.
Un poco más de entusiasmo del que esperaba. Pero me gusta la ira. La ira es buena. Significa que va a darlo todo.
—Sí —digo—. Tienes razón en lo que dijiste, Vicky.
¿Cuánto van a tardar en descubrir que Simon tenía una aventura con ella?
No creo que mucho. Tiene una historia con ella, aunque haya pasado mucho tiempo.
Además, ¿no suele ir por la tarde a su apartamento lujoso en el centro para sus sesiones de amor?
Hay mucha gente que trabaja en ese edificio, el guardia de seguridad, el portero y…
—Estoy segura de que la policía no va a tener problemas para descifrar eso —dice—. Y eso es lo que me preocupa. Si empiezan a sospechar de Simon, también van a sospechar de mí, su esposa.
—Entonces, esto es lo que se me ocurre —digo—. Si de verdad van a sospechar de él y, por lo tanto, de ti… ¿quizá podamos ayudarlos a que mantengan la atención en Simon?
Se incorpora, de inmediato interesada.
—¿A qué te refieres?
—Solo digo… Quizá podríamos darles una ayudita para que se inclinen más hacia Simon…
—¿Quieres tenderle una trampa a Simon?
Levanto las manos.
—Solo intento protegerte, Vicky —digo—. Eso es todo…
—Mmm. —Se levanta y empieza a caminar de un lado a otro.
No es un no rotundo. Lo piensa, mientras deambula con la mirada perdida, imaginándose distintos escenarios.
—Sé que lo quieres, pero…
—Eso era antes de enterarme de que se estaba tirando a Lauren —dice con brusquedad—. Y alejándome a mí de mi dinero.
No tendría que olvidar esa reacción cuando me quede con todo el dinero. Más vale que me vaya bien lejos.
Dejo que lo procese. Me sirvo un café y me bebo una taza, mientras sigue caminando de un lado a otro, balbuceando, meneando en ocasiones la cabeza, sin terminar de creer el giro que ha dado todo esto.
Parece oscilar entre la ira que siente hacia Simon y la ira que siente hacia sí misma por dejar que todo esto ocurriera, mientras decide cómo de lejos está dispuesta a llegar para arreglar las cosas.
A mitad de la sala, por vigésima vez, se detiene, gira sobre los talones, con las manos en su cintura, y asiente.
—Hagámoslo. Asegurémonos de que la policía nunca pase de Simon a mí. Tendámosle una trampa a ese hijo de puta. —Agita un dedo—. Sé exactamente cómo hacerlo.