Caerás en mi trampa Capítulo 57
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Capítulo 57

Vicky

—Entonces, solo nos queda una opción —dice Christian, de pie en medio de la sala de su apartamento.

—¿Cuál? —pregunto desde el sofá, después de escucharlo describirme tres opciones que nunca fueron una opción.

Son las seis y media. He venido por segunda vez en el día a su apartamento, después de ir a Grace Park, dejar el ordenador y el cuaderno verde de Simon en el mismo lugar en su escritorio, trabajar un rato en el centro de acogida, o al menos intentarlo, y, sobre todo, preguntarme qué ideas estaría maquinando Christian.

—No digo que lo hagamos —explica—. Pero no se me ocurre ninguna otra manera.

—Dilo de una vez.

—Está bien. —Levanta una mano, como si intentara calmarme—. Estuve toda la tarde repasando todas las posibilidades y esta es la única, en mi opinión, que podría funcionar.

—Habla —repito.

—Bueno, la idea es… ya sabes. —Hace una pistola con los dedos y se apunta a la cabeza—. Ya sabes.

Me lo quedo mirando.

—Nos… deshacemos de ella —susurra.

—¿Te refieres a matar a Lauren?

—Bueno…, sí. Sí —dice.

¿Le ha llevado toda la tarde llegar a eso?

A mí me llevó diez segundos.

—Temía que dijeras eso —señalo.

En realidad, temía que no lo dijera y yo tuviera que mencionarlo. Pero es mucho mejor que salga de su boca.

—Ya sé que es una medida extrema. —Abre las manos—. Pero no veo una manera de asustarla y hacer que se vaya. La única opción viable es borrarla de la ecuación por completo. No digo que tengamos que hacerlo, solo que…

—Sería la única manera de terminar con esto.

—Sí —asegura.

—Está bien. De acuerdo. —Asiento—. Pero… hipotéticamente hablando…

—Sí, solo hipotéticamente hablando.

—¿Cómo lo haríamos? —pregunto—. Si Simon tiene una aventura con ella, debe de haber pruebas por todas partes.

Si Lauren aparece muerta, si le disparan, la apuñalan, la estrangulan o lo que sea, la primera persona de la que van a sospechar va a ser él, el tipo con el que tenía una aventura.

Y la segunda va a ser la esposa de ese hombre.

—Sí, supuse que Simon, Conrad y tú seríais sospechosos —dice Christian—. Tú estarías metida en el medio. Y, si por alguna razón sospechan de ti, o incluso de Simon, no vas a ver ni un centavo. Estarías bajo la lupa todo el tiempo.

—Tienes razón —aseguro—. Tienes mucha razón.

—Y por eso se me ocurrió que… yo tendría que ser quien lo haga —dice.

—¿Tú…? —Lo miro—. Pero…

—Pero ¿qué? —pregunta—. Tú misma lo dijiste: no puedes estar metida en esto. Van a investigarte a fondo.

—Lo sé, pero…, Christian, eres una persona exitosa… Tienes dinero. No tienes que ensuciarte con algo así.

Se acerca, se arrodilla frente a mí y me coge la mano.

—Ese dinero es muy importante para ti. Es tu oportunidad de empezar de nuevo.

—Para mí, sí. Pero ¿qué hay de ti? Eres muy rico.

—No lo haría por mí —dice—. Lo haría por ti.

—No puedo… No puedo pedirte que hagas eso.

—No me has pedido nada. —Me toca la cara—. Todavía no entiendes lo que siento por ti, ¿verdad?

Bajo la mirada y meneo la cabeza.

—Nunca estuve…, nunca…

—Yo tampoco —dice—. Hasta que te conocí. Nunca pensé que fuera posible.

—Yo tampoco pensé que fuera capaz de esto.

Me coge de la camisa y comienza a desabrocharla.

—Lo haré por ti si estás de acuerdo —dice—. Tienes que estar de acuerdo.

¿Si estoy de acuerdo?

Lo estoy en un cien por cien, absoluta, total y completamente de acuerdo.

¿Por qué crees que estoy contigo, Christian? ¿Porque me importas? ¿Porque eres atractivo? ¿Porque soy una “esposa solitaria” que no se cansa de tu enorme y palpitante hombría?

Por favor. Te elegí exactamente para esto. Sé lo de Lauren desde antes de conocerte. Hoy fue simplemente el día en que decidí contártelo. Estuve planeando esto desde la primera vez que entré a tu oficina.

No eres ningún inversor exitoso. Eres Nick Caracci, un estafador mediocre, un embustero, un farsante que se cree que le tocó la lotería conmigo.

Nunca ibas a invertir un centavo. Nunca iba a dejar que te acercaras a ese dinero.

Solo necesitaba tu ayuda para matar a Lauren Betancourt.