Capítulo 56
Christian
Gavin está en silencio, con los ojos cerrados, sentado en un banco del parque Wrightwood, con las manos juntas como si estuviera rezando.
Así que Gavin ya conoce los nombres Vicky Lanier, Simon Dobias y Lauren Betancourt.
Al cabo de un rato, abre los ojos, separa las manos y dice: —No se me ocurre otra opción.
—Joder, ¿en serio? —Pero a mí tampoco se me ocurre otra.
—Lo que tú decidas, Nick —dice—. Tú eres el que está metido en todo esto. Yo no sé casi nada de estas personas.
La verdad es que yo tampoco.
—Conozco a Vicky —digo—. A Vicky la entiendo. No hay problema.
—¿Y qué hay de esta tal Lauren?
Me encojo de hombros.
—No sabía que existía hasta hoy. Vicky había mencionado una o dos veces que Simon había tenido una novia que le rompió el corazón o algo así cuando era joven.
Pero después de leer el diario de Simon, bueno, ya sabes…
Lauren es como yo. Es mi versión femenina.
Tiene los ojos puestos en ese dinero y no va a dejar que nadie se interponga en su camino.
Le está haciendo a Simon lo mismo que yo le estoy haciendo a Vicky.
—Vale. Está bien. ¿Y qué hay de Simon?
—Sí, eso es lo más complicado —digo—. La mayoría de las cosas que sé sobre él las sé por Vicky. Pero ahora que he leído su diario, confirma bastante bien lo que ella decía.
—¿Y eso sería…?
—Un cerebrito académico inútil —digo—. La clase de persona que puede recitarte una maldita ecuación cuadrática o algo así de memoria, pero que no sabe usar un abrelatas.
Le encanta esa imagen, así que asiente.
—Queda claro que se deja manipular muy fácil por las mujeres —digo—. Se enamora enseguida…, esa clase de cosas. Sabe que su matrimonio es un desastre, pero nunca hizo nada hasta que Lauren empezó a coquetear con él.
—Pero también puede ser bastante oscuro —agrega Gavin—. Como lo que pasó en San Luis.
—Ese es el problema. Ese es la maldita cuestión.
Es un tipo bastante resentido, eso está claro.
O sea, se peleó con su padre durante años y aun así planeó todo para matarlo.
Viajó a San Luis durante la semana de los exámenes finales en la universidad, lo apuñaló en el abdomen, lo arrojó a una piscina, volvió aquí e hizo un examen la mañana siguiente.
—Suena bastante frío —coincide Gavin—. Pero ¿sabes algo? Es un arma de doble filo.
—¿A qué te refieres?
—Bueno, por un lado, debes tener cuidado con él. No quieres ponértelo en contra.
—Eso es quedarse corto. —Estiro los brazos, liberando la tensión.
—Pero, por otro lado, dijiste que la policía de San Luis sospecha que él lo hizo. Nunca pudieron probarlo, pero ¿creen que él es el asesino?
—Es lo que me dijo Vicky. Y lo que leí del caso.
Gavin inclina la cabeza con cierto brillo en los ojos.
—Entonces, eso puede servirnos. Puede servirnos mucho.
***
—Repasemos las ideas otra vez —sugiero. Estamos de vuelta en el apartamento de Gavin, un estudio con bonitas vistas hacia el oeste, un típico apartamento de soltero.
—Primera opción —dice Gavin, levantando un pulgar—. Inhabilitas a Simon por un tiempo. No puedes matarlo, porque entonces Vicky no recibe el dinero y tú tampoco, pero podrías herirlo lo suficiente para que termine hospitalizado o inconsciente o lo que sea hasta que pase el 3 de noviembre.
—Sería la mejor opción si pudiéramos llevarla a la práctica —digo—. Pero es demasiado difícil.
—Coincido. Entonces, queda descartada.
Gavin es bueno en este tipo de cosas, todo esto de planificar, conspirar. Organiza sus ideas con una claridad envidiable. Yo solo soy un gran jugador, pero él es un excelente estratega.
—Segunda opción. Haces lo que mejor sabes hacer e intentas interponerte entre Simon y Lauren —dice—.
Usas esa cara bonita que tienes, juegas el papel de inversor superestrella multimillonario y haces que Lauren se enamore de ti para alejarla de Simon.
Ella lo deja, él vuelve arrastrándose a Vicky.
Y podría funcionar, pero no hay tiempo —agrega—. Todo tendría que suceder en una semana.
—Muy posible —digo—. Pero es verdad, no hay tiempo.
—Tercera opción —continúa Gavin—. Amenazas a Lauren. La asustas. Pero es bastante arriesgado. No sé cómo lo harías. ¿Le apuntas con un arma en la cabeza y le dices que se aleje de Simon? ¿Y después qué? No tengo idea de cómo termina algo así.
—Es verdad, no funciona. —Me desplomo a su lado en el sofá—. Él asumiría que me envió Vicky. ¿Quién más lo haría? Y entonces le pediría el divorcio de inmediato.
—Así que solo queda una opción, amigo mío —concluye Gavin, dándome una palmada en la espalda—. Y la pregunta es cuánto quieres esos veintiún millones de dólares.