Capítulo 53
Vicky
Me despierto de una pesadilla, con el eco de un grito de angustia que se desvanece mientras abro los ojos. Me levanto de la cama y cojo mi teléfono. Son casi las nueve de la mañana.
Me desperezo, voy al baño y salgo de la habitación.
Al final del pasillo, la luz de la oficina de Simon sigue encendida.
No puedo evitar sonreír. Sabe cuánto detesto desperdiciar energía, lo mucho que cuido cada centavo, un vestigio de cuando el dinero nunca me alcanzaba.
A veces creo que deja las luces encendidas a propósito para molestarme.
Bajo por la escalera y voy a la cocina. Hay café, los restos de lo que preparó Simon cuando se levantó al amanecer. Por lo general, me deja café recién hecho en un termo para cuando me levanto. Y, por lo general, su vaso térmico no está por ningún lado.
Esta mañana, no hay café recién preparado. Y su vaso térmico está sobre la isla de la cocina, destapado y vacío. Debió de haber perdido noción del tiempo y salió corriendo. Me pareció oírlo bajar por la escalera con prisa. Simon odia, odia, odia llegar tarde.
Me preparo mi propio café y vuelvo arriba con la taza. Miro otra vez la luz de su oficina.
Cuando entro, veo que su portátil está abierto en el escritorio, junto a un cuaderno verde.
El salvapantallas es una caricatura del Tío Sam convertido en Pac-Man, Pac-Sam, devorando derechos constitucionales mientras recorre toda la pantalla.
Me siento frente al escritorio y pulso una tecla. Aparece el cuadro para escribir la contraseña.
No hace falta que revise el cajón de sus calcetines para buscar su lista de contraseñas. Ya sé la de su portátil.
Es Amo_A_Vicky.